viernes, 17 de enero de 2014

V.S.: Niños de la tumba // Children of the grave (22)

Bueno, otra entrada más. ¡Y ya con el clímax del tercer acto! :)
Después de esta, hay otro capítulo más... ¡Os lo prometo! ¡Y terminaré con esta historia! Espero que sea pronto, no me gusta haceros esperar.
Disfrutadlo.

Another more entry. And the climax of the third act!
After this one, there's one more chapter... I promise! And I'll finish off this story! I hope it's soon, I don't wanna make you wait.
Enjoy it.

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            -¿Qué demonios está haciendo? – preguntó Monique por enésima vez.
            -Se está ensañando con él – se limitó a responder Jackie.
            Los hombres-lobo inteligentes eran inteligentes en la medida en que conservaban la capacidad para razonar y hablar durante la transformación, y de reprimir sus instintos asesinos contra los humanos. Pero los instintos asesinos que les empujaban a matar vampiros eran demasiado fuertes para reprimirlos, y su mente racional transformaba este instinto asesino en odio visceral.
            Por ello, Wolff se había ganado una reputación. “El perro de Van Helsing” era el nombre con el que se le conocía en el mundillo del Inframundo. Era conocido por sus crueles métodos de caza de vampiros, que incluían a veces torturas durante horas.
            Huelga decir que el caso del Rey Vampiro no era una excepción.

            -¿Por qué no me matas ya y terminas de una vez con esto? – preguntó Versailles, con un hilillo de voz, y no sin esfuerzo.
            -No dudes que lo haré – dijo Wolff –. Pero primero quiero divertirme un poco. Como hacías tú.
            Wolff levantó la cruz en posición vertical. El extremo inferior, por donde Wolff había roto la cruz al arrancarla, presentaba una rotura irregular, sin llegar a estar cortada en punta.
            -Tú eras fan de Drácula, ¿verdad? – dijo Wolff –. ¿Sabes con qué nombre le conocían antes de volverse un vampiro?
            Versailles lo sabía.
            Vlad, el Empalador.
            -¡¡No!! – gritó Versailles.
            Ya era tarde. Wolff descargó la cruz con todas sus fuerzas sobre el abdomen del Rey Vampiro. El extremo inferior de la cruz atravesó su torso limpiamente, clavándose profundamente en el tejado.
            El grito de dolor fue desgarrador. Wolff hundió la cruz hasta los brazos en el estómago de Versailles, clavándole como quien clava un cuadro en una pared, mientras el grito de dolor perforaba el silencio de la noche y lo partía en dos.

            -¡Joder! – dijo Monique.
            Jackie no se lo pensó dos veces, y se echó a la pared de la iglesia para comenzar a trepar por donde su amigo lo había hecho antes. No iba a quedarse parado ante tanta brutalidad.

            Todos sabían a ciencia cierta que aquello no lo mataría. Un vampiro Tipo 1 no sucumbe con tanta facilidad. Pero eso no significa que no doliera. La sangre negra comenzaba a extenderse por el tejado, empapando sus ropas.
            -Ahora mismo son... Las cuatro menos cuarto. Quedan más de cuatro horas para el amanecer, según mis cálculos – dijo Wolff.
            Versailles había dejado de retorcerse. Estaba demasiado cansado y dolorido.
            -Me encantaría destrozarte, destriparte y ver cómo mueres, pero... ¿sabes qué? Hoy me siento generoso y voy a darte otra oportunidad. Si consigues sacarte eso antes de que salga el sol, puedes irte. Si no... bueno, saldrá el sol. ¿Vale?
            Versailles jadeó, boqueando algo ininteligible.
            Entonces, se oyó un arma amartillarse a las espaldas de Wolff.

            Tyler salió de una boca de alcantarilla justo delante del templo, donde encontró a Monique. Ella estaba absorta mirando el espectáculo que tenía lugar en el tejado de la iglesia.
            -¿Qué demonios...?

            Jackie tenía encañonado a Wolff.
            -Inspector... Acabe con esto de una vez – dijo Jackie –. Por favor.
            Wolff se volvió hacia él, conservando su sonrisa sádica.
            -Jackie, muchacho... – dijo, en un tono aterrador.
            -No se mueva o tendré que disparar – advirtió Jackie, con un matiz de terror en la voz.
            Wolff se echó a reír a carcajadas.
            -¿Quieres dispararme? – dijo Wolff –. Adelante, ¡dispara si tienes cojones! ¡Lléname de plomo! Te arrancaré la cabeza antes de que ese dedo tuyo roce el gatillo, nene.
            Jackie vaciló.
            -Por favor, no me haga esto más difícil de lo que ya es...
            -¡Si no quieres estar aquí, lárgate!
            Wolff avanzó un paso hacia él. Jackie gesticuló con el arma para indicarle que retrocediera.
            -No quiero hacerle daño, Winston... Baje del tejado, vuelva a la base, y deje que yo me encargue de Versailles.
            -¿Dejar a un vampiro en manos de otro? ¿Acaso me estás llamando estúpido?
            Jackie pareció coger determinación.
            -Hágalo – dijo –. Ya. Es una orden.

            -Tyler, esto es un asunto policial, haga el favor de mantenerse al margen.
            -La apuesta sigue en pie, inspectora. Si piensa que con esa birria de excusa va a impedir que...
            -Mis hombres están ahí arriba – cortó Monique –. No pienso dejar que empeore las cosas.
            La voz de la inspectora revelaba su preocupación, incluso un leve tinte de miedo.
            -Oiga...
            -Tyler, o abandona este lugar, o le arresto por desobediencia a la autoridad – dijo Monique –. Le repito que mis compañeros están ahí arriba, jugándose el cuello, y no pienso correr ningún riesgo.

            Versailles tosió ruidosamente.
            Jackie miró hacia él. Medio segundo de distracción.
            Wolff logró acercarse a él en ese medio segundo y desarmarle de un zarpazo. Acto seguido, le agarró del cuello y de la entrepierna, le levantó por encima de su cabeza y, dejándose llevar por su instinto, lo arrojó al vacío.

            Un golpe.
            Cristales rotos.
            Un disparo.
            Una alarma antirrobo.
            Eso fue todo lo que se oyó al cabo de los siguientes segundos.
            Jackie había aterrizado sobre el coche de Monique, y había atravesado la luna delantera. Su cuerpo inconsciente había caído entre los asientos delanteros, con las piernas descansando sobre el salpicadero y sus pies asomando por el enorme agujero del parabrisas.
            Monique había disparado y había alcanzado a Wolff en el hombro. El enorme hombre-lobo pareció recobrar su lucidez, y miraba con sorpresa hacia su compañera.
            -Monique...
            -Baja despacio y camina hacia aquí con las manos en alto – dijo Monique.
            Sólo entonces su mente racional tomó el control de su cuerpo otra vez.
            -Dios mío – dijo Wolff –. ¿Qué he hecho?
            Wolff bajó del tejado, obedeciendo la orden de Monique. Ésta le colocó sobre el capó del Land Rover para inmovilizarlo mediante unos grilletes de acero reforzado que guardaba en la guantera. El enorme licántropo no opuso resistencia.
            -Winston Wolff, quedas detenido por agredir a un agente de la Ley – dijo Monique –. Y como los derechos Miranda ya los conoces de sobra, haz el favor de meter el culo en el coche ahora mismo.
            El tono de Monique era frío, cortante y distante. Sin oponer resistencia, Wolff entró voluntariamente en el coche, taciturno y cabizbajo, y ahí se quedó esperando mientras Monique iba a su propio vehículo, hablando por el móvil.
            Una vez colgó, Monique se volvió hacia Tyler.
            -Señor, está usted en el escenario de un crimen, así que si no quiere terminar de cabrearme, lárguese.
            Tyler hizo una seña para que esperara un momento, y se rebuscó en los bolsillos de la gabardina. Segundos más tarde, le tendió un sobre doblado y arrugado.
            -Ahí van diez de los grandes – dijo –. Cuéntelos si quiere. Enhorabuena. Han ganado.
            Monique cogió el sobre y miró en el interior. Efectivamente, diez billetes nuevecitos de mil dólares cada uno. Lo acordado en la apuesta. Inmediatamente, Monique cerró el sobre y subió la mirada.
            -No quiero su dine... – dijo, pero Tyler ya había desaparecido.
            Monique estaba confusa. Por un momento, estuvo tentada de tirar el dinero a una alcantarilla o a la basura, pero lo pensó mejor. Dobló el sobre y lo guardó en el bolsillo de su abrigo.
            Tenía un mejor uso para él.

            Versailles pasó la mayor parte de la noche inconsciente, pero de vez en cuando despertaba, y volvía a intentar sacarse la cruz del estómago. Tiraba hacia arriba de los brazos de la cruz, tratando de levantarla, pero pesaba demasiado y sus fuerzas eran demasiado escasas, por lo que acababa muy fatigado y volvía a desmayarse.
            Entonces miró al este y observó el horizonte. La línea del cielo sobre la tierra comenzaba a volverse de un tono grisáceo azulado.
            Sólo entonces se permitió llorar.
            Porque nadie más iba a hacerlo por él.
            El miedo. La culpa. La pena. La soledad. La rabia. El dolor. El vacío. Todo ello volvió ahora a por él.
            -Lo siento – boqueó.
            Fue en vano. Nadie le había oído, y en cualquier caso nadie iba a concederle un perdón que no merecía. El mismo Lucifer le arrastraría al Infierno y le torturaría por sus pecados durante toda la eternidad.
            El Rey Vampiro lloró como un bebé durante los últimos minutos de su vida.

            Y cuando finalmente el Sol salió por el horizonte, y sus rayos golpearon su piel, envolviendo su cuerpo en llamas, Versailles, Louis-Armand de l’Êtat, IV Rey Vampiro, pudo finalmente descansar en paz en la última planta del Infierno.

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            “What the hell is he doing with him?” Monique asked for the zillionth time.
            “He’s being sadistic”, Jackie replied.
            Intelligent werewolves were intelligent because they could still think rationally and speak while transformed, and hold back their murderous instincts towards humans. But the instincts that made them kill vampires were too strong to suppress them, and their rational mind transformed those instincts in a vicious hate.
            Because of this, Wolff had gained a reputation. “The Hound of Van Helsing”, that was the name he was known for among the creatures of the underworld. He was known for his cruel methods in vampire hunting, which sometimes implied hours of torture.
            Needless to say, the Vampire King was no exception.

            “Why don’t you kill me already and finish this once and for all?” Versailles asked, not effortlessly, his voice no higher than a whisper.
            “Oh, don’t worry, I’ll do it”, Wolff said. “But first I want to have a little fun. You know, just like you did”
            Wolff took the cross vertically. The lower end, which Wolff broke to take the cross off, had an irregular form, so it wasn’t exactly pointy.
            “You’re a Dracula fan, right?” Wolff said. “Do you know what name he was known for before becoming a vampire?”
            Versailles did know.
            Vlad the Impaler.
            “NO!!” Versailles screamed.
            It was too late. Wolff tossed the cross with all his strength towards the Vampire King’s torso. The lower end of the cross went clean through his torso, remaining nailed onto the roof.
            The scream of pain was terrifying. Wolff pushed the cross into Versailles’ belly, nailing him onto the roof like a picture on the wall, as the loud scream broke in half the silence of the night.

            “Holy shit!” Monique said.
            Jackie didn´t hesitate: he threw himself onto the wall and started climbing, following the steps of his friend. He wasn’t going to just watch that sadistic show.

            Everyone knew for sure, that wasn’t going to kill him. A Type 1 vampire wasn’t that easy to kill. But that does not imply it didn’t hurt. The blackened blood started to form a pool on the roof, staining his clothes.
            “It’s… Quarter to four right now. Four hours or so until the break of dawn, if I’m not mistaken”, Wolff said.
            Versailles had stopped shaking. He was too tired, too much pain to bear.
            You know, I would love to rip your limbs off, pull your guts out and watch you die. But, you know what? I’m feelin’ generous tonight, so I’m gonna give you a chance. If you manage to pull that out before dawn, you can go. If not… well, the sun will come out. Okay?”
            Versailles whined, mumbling something unintelligible.
            All of the sudden, a gun cocked behind Wolff.

            Tyler came out of the sewer, just in front of the temple, where he found Monique. She was shocked, staring at the show that was unfolding in the roof of the church.
            “What the hell…?”

            Jackie was aiming at Wolff.
            “Detective… finish this right now”, Jackie said. “Please”
            Wolff turned to him, a wicked grin in his face.
            “Jackie boy…” he said with an eerie voice.
            “Don’t move or I’ll have to shoot”, Jackie warned, his voice tainted with fear.
            Wolff started laughing manically.
            “You wanna shoot me?” Wolff said. “Go on! Shoot me if you have balls! Fill me with bullets! I’ll rip your fucking head off before that finger o’ yours touches the trigger, boy”
            Jackie hesitated.
            “Please don’t make this any harder than it is…”
            “Well, if you don’t wanna do this, fuck off!”
            Wolff took one step towards him. Jackie made a gesture with the gun to tell him to back off.
            “I don’t want to hurt you, Winston… Get down, go back to the base, let me handle Versailles”
            “Leaving a vampire with another? What, you think I’m fucking stupid?”
            Jackie seemed to brave up.
            “Do it”, he said. “Now. It’s an order”

            “Tyler, this is a police issue, please don’t interfere”
            “The bet’s still valid, detective. If you think that lousy excuse is going to…”
            “My men are up there”, she cut him off. “I ain’t gonna let you mess things up”
            The detective’s voice revealed her worry, and also a slight trace of fear.
            “Listen…”
            “Tyler, if you leave this place immediately, I’ll arrest you for disobedience to the authority”, Monique said. “I told you my partners are up there, risking their lives, and I’m not gonna risk anything else”

            Versailles coughed loudly.
            Jackie looked at him. Distracted for a split second.
            Wolff managed to get close to him in that split second and toss his gun away with a single blow. Then he grabbed his neck and his groin, he lifted him over his head and, led by his instincts, he threw him away.

            A crash.
            Broken glass.
            A gunshot.
            An alarm.
            That was everything that was heard in those few seconds.
            Jackie had landed on Monique’s car, breaking the front windshield. His unconscious body had landed between the front seats, his legs resting upon the dashboard and his feet still showing through the huge hole in the windshield.
            Monique had shot, hitting Wolff in the shoulder. The big werewolf seemed to recover some lucidity, and he was staring in shock at his partner.
            “Monique…”
            “Get down slowly and walk this way with your hands up”, Monique said.
            Only then his rational mind took over his body again.
            “My God”, Wolff said. “What have I done?”
            Wolff got down from the roof, obliging. Monique put him against the Land Rover’s hood to immobilize him with reinforced steel cuffs that he kept in the glove compartment. The huge werewolf didn’t resist.
            “Winston Wolff, you’re under arrest for attacking a police officer”, Monique said. “And, given that you already know your Miranda rights well, you’d better get your ass in the car right now”
            Monique’s voice was cold, harsh and distant. Without posing any resistance, Wolff got into the car voluntarily, looking down, taciturn, and sat there waiting while Monique walked towards her car, talking through her phone.
            She hung up and turned to Tyler.
            “Sir, you’re now in a crime scene, so if you don’t want to piss me off more, you’d better go”
            Tyler made a gesture for her to wait a moment. He searched in the pockets of his coat. Seconds later he handed her a crumpled envelope.
            “There you go, ten grand”, he said. “Count them if you want. Congratulations. You won”
            Monique took the envelope and looked inside. True, ten brand new bills of a thousand dollars each, what had been arranged in the bet. Monique immediately closed the envelope again and looked up.
            “I don’t want your mo…” she said. But Tyler was gone.
            Monique was confused. For a second, she was tempted to throw the money in the sewer or in the trash, but she thought twice. She folded the envelope and kept it in the pocket of her coat.
            She had a better use for it.

            Versailles spent most of the night unconscious, but he woke every now and then and tried to pull the cross out of him. He pulled the arms of the cross up, trying to lift it, but it was too heavy and he was too weak, so he was often too tired and passed out again.
            He looked to the east and stared at the horizon. The skyline started to turn a grayish shade of blue.
            Only then he let himself cry.
            Because nobody else was going to do it for him.
            Fear. Guilt. Sorrow. Solitude. Wrath. Pain. Emptiness. Everything went back to him all of a sudden.
            “I am sorry”, he mumbled.
            It was no use. Nobody heard him, and in any case, nobody was going to grant him a forgiveness he didn’t deserve. Lucifer himself would drag him to Hell and torture him for his sins for all eternity.
            The Vampire King cried like a baby the last minutes of his life.
            And, when the sun finally came out on the horizon and the light hit his skin, covering his body in flames, Versailles, Louis-Armand de l’Êtat, Fourth Vampire King, could finally rest in peace in the last level of Hell.

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