lunes, 18 de febrero de 2013

V.S.: Niños de la tumba // Children of the grave (16)



Lo sé… Habéis esperado mucho. Quiero empezar pidiendo disculpas por ello; he estado muy liado últimamente con los estudios, preparando exámenes y un par de proyectos personales, y no he tenido tiempo de escribir.
Así pues, para compensar, aquí tenéis un nuevo capítulo de “Niños de la tumba”. Espero que lo disfrutéis, es un capítulo del que me siento especialmente orgulloso, sobre todo de las dos últimas escenas.

I know… you waited for so long. I wanted to start off apologizing: I’ve been very busy lately with my studies, preparing exams and a couple of personal projects, and I haven’t had the time to write.
So, in compensation, here’s a new chapter of “Children of the Grave”. I hope you like it, this is a chapter I’m very proud of, especially the last two scenes.

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            La mañana siguiente transcurrió sin mayores incidencias para los inspectores Wolff y Auxile, del departamento de Homicidios de la policía. Monique seguía planeando su estrategia de ataque, haciendo conjeturas sobre datos que no tenía y empleando toda su imaginación para idear el plan perfecto. Wolff y Jackie, aunque colaboraban con ella, habían dado el proyecto por imposible.
            Concretamente Wolff se notaba cansado. La última noche había sido la primera de tres noches de luna llena, y Monique había tenido que esposarle con los grilletes de acero templado que habían instalado en su habitación por seguridad. Jackie seguía en el apartamento, y por mucho que Wolff fuera un licántropo inteligente, sus instintos de odio visceral hacia los vampiros se mantenían intactos, incluso hacia su viejo amigo y compañero.
            Como consecuencia, Jackie había dormido en la comisaría esa noche, mientras que Monique se había quedado al lado de Wolff por seguridad. Cuando llegó la mañana siguiente, Wolff se disculpó efusivamente con Jackie, a lo que él le respondió un simple “No tiene importancia”.
            Cuando sonó el teléfono del escritorio de Monique, a eso de las cuatro de la tarde, aún no había ni siquiera un plan.
            -Auxile al habla – dijo Monique.
            -Inspectora, soy el forense Matthews – dijo su interlocutor, con una voz algo alterada.
            -¿Qué ocurre, Matthews?
            -Eh… No se lo va a creer – dijo éste.
            “Mal asunto”, pensó Monique.
            -Inténtelo.
            Mientras el forense hablaba, Wolff y Jackie observaron a Monique en silencio, y comprobaron con horror que la expresión de Monique abandonaba gradualmente la calma y se transformaba en impaciencia, y después en furia contenida.
            -¿Cómo ha dicho? – dijo Monique, remarcando cada palabra.
            -Ay, madre – murmuró Wolff, previendo la tormenta que le esperaba al pobre forense por vía telefónica.
            Y entonces Monique Auxile agotó su incansable paciencia.
            -¡¿PERO QUÉ CLASE DE INÚTIL DEJA QUE LE ROBEN UN CADÁVER DEL DEPÓSITO DURANTE SU TURNO, JUSTO ANTES DE LA AUTOPSIA?! ¡¡ANORMAL!!
            Esa última palabra, “Anormal”, resonó en toda la comisaría, y todo el personal del departamento de Homicidios se quedó mirando en silencio absoluto a Monique Auxile convertirse en un basilisco.
            El resto de la conversación fue más bien un monólogo de la inspectora gritando insultos incansablemente al pobre forense, que intentaba explicar entre balbuceos que le golpearon en la cabeza y cayó inconsciente, y que cuando despertó el cadáver de David Peck había desaparecido del depósito.
            En un momento dado, Wolff pulsó el botón de cortar la línea y terminó la llamada. Monique lanzó el auricular hacia la base, aplastándole el dedo a su compañero sin querer.
            -¡AY! – exclamó Wolff.
            -¡Oh! Lo siento – dijo Monique, volviendo a poner los pies en la tierra –. ¿Estás bien?
            -Sobreviviré – gruñó Wolff.
            Monique se dio la vuelta y descubrió que todos sus compañeros la estaban mirando fijamente, boquiabiertos. Jackie, concretamente, estaba aterrorizado en su asiento, incapaz de desviar sus ojos de la inspectora.
            -Tenemos que ir al depósito – dijo Monique –. Creo que le debo una disculpa a Matthews.

            Serían las cinco de la tarde cuando Versailles se levantó para revisar cómo iban los preparativos de la fiesta. Aún faltaban tres horas y media, pero el perfeccionista Rey Vampiro no quería que fallara ni el más mínimo detalle.
            Ataviado ya en sus mejores galas, Versailles recorrió cada sala de su mansión por la que estuviera previsto que fueran a vagar sus invitados. El amplio vestíbulo principal en el que se bailaría al son de música de violines. El comedor principal, con la enorme mesa llena de viandas y frutas de la más exquisita calidad. La sala de música, también dedicada al baile. Los servicios, donde los invitados solían esconderse para consumir estupefacientes o fornicar entre ellos con presteza y sin delicadeza. Y, ¿por qué demonios se habría dejado la puerta de la biblioteca sin cerrar?
            La biblioteca de la mansión Versailles estaba situada en el piso bajo del edificio. Era una enorme sala cuyas paredes estaban cubiertas por estanterías llenas de libros. Ya que el piso bajo de la mansión tenía los techos muy altos, y la biblioteca no era excepción, ésta sala estaba provista de una suerte de segunda planta bastante especial, ya que el suelo de esta planta era una suerte de pasarela elevada que bordeaba las cuatro paredes por dentro, y un enorme hueco en el medio desde el que se podía ver la planta baja. Ambas plantas estaban conectadas por una escalera que, en comparación con la decoración del resto de la casa, era modesta, aunque objetivamente era bastante suntuosa. En los bordes de esta suerte de plataforma elevada y a ambos lados de la escalera que la conectaba con el piso bajo había unas barandillas de madera sólida, y cubriendo las paredes de ambas plantas, estanterías de maderas nobles repletas de valiosos libros. Una de las estanterías de la planta baja era falsa y daba a un pasadizo que conducía a las mazmorras de tortura.
            Sonrió. “Qué descuidado soy”, pensó mientras cerraba las puertas con llave. No quería que ninguno de sus invitados entrara allí. Principalmente, porque la biblioteca era el acceso a sus mazmorras de tortura, pero además porque no quería que nadie entrara en el sitio donde había una gran colección de libros valorada en varios miles de millones de dólares. Podrían dañarse, o peor, robarse. Así que quedaba prohibido el paso a la biblioteca.
            Versailles se dirigió a la sala de juego, una vasta habitación destinada a que los invitados pudieran recrearse con juegos de cartas, billares y ajedrez. Todo preparado. Al mirar a la mesa de billar, sonrió, recordando cómo había violado a una de sus mujeres, atándola a esa misma mesa y dándole por el culo sin piedad. Y a la puta asiática a la que había hecho ponerse desnuda a cuatro patas sobre la mesa, que acabó meándose de terror al descubrir su inminente destino. Huelga decir que al Rey no le agradó lo más mínimo la mancha de orina que quedó después en el tejido que recubría la mesa de billar.
            La sonrisa se borró paulatinamente de su rostro. Buenos recuerdos. La diversión, el aumento súbito de adrenalina que experimentaba al segar una vida. La embriaguez que le provocaba saberse dueño y señor de los seres inferiores. Pasado. Insuficiente. Incluso él mismo tenía que admitir que, si aquella sensación fuera duradera, con la primera vez hubiera bastado.
            La primera vez. Chloe.
            El recuerdo golpeó al Rey Vampiro con la fuerza de un estacazo en el estómago. Intentó sacar de su mente las imágenes de la que fue su primera amante, pero el recuerdo se resistía a abandonarle…

            Nueva Orleans, 1869.
            Louis-Armand de L’Êtat tenía 21 años cuando fue convertido en vampiro. Por entonces era un simple Tipo Tres, cuasihumano, ya que le había mordido una vampiresa de Tipo Dos: Chloe Saint-Croix, aventajada aprendiz de Madame Margot.
            Margot era la madama del burdel número uno de Nueva Orleans, además de ser la III Reina Vampira. Su despampanante atractivo físico era más que suficiente para atraer tanto a clientes para sus chicas, como a víctimas para sus vampiros. Pero el talento más reseñable de Margot era su indiscutible maestría en el arte del disfraz como artefacto para cazar humanos.
            Por ello, Louis la odiaba. A él le gustaba ser noble y que se le reconociera como tal. Por nacimiento era superior a los demás. Su familia, a la que él mismo había arrebatado la vida cuando se negaron a compartir con él el don vampírico, era noble, y por tanto superior a los plebeyos. ¿Qué sentido tiene ser superior si no se te reconoce a primera vista como tal?
            La pequeña Chloe aparentaba los doce años que tenía cuando fue convertida por Margot, pero en realidad tenía veinte, casi veintiuno. Margot la prostituía para conseguir más clientes, ya que Chloe estaba dotada de una belleza cándida poco común en la época. Pero todos los que vivían bajo el techo de Margot, incluida ésta, conocían su secreto a voces. Era difícil no darse cuenta ni reconocer el brillo que surgía en los ojos de la muchacha cada vez que aparecía el apuesto joven al que ella misma convirtió.
            Por ello, Margot la había castigado duramente, dándole latigazos en la espalda. “Tú no puedes enamorarte, niña, y mucho menos de alguien como él”, había dicho. Y Louis lo había oído.
            De modo que, esa misma noche, esperó a que su maestra acabara con su cliente (o con su sangre, lo que menos durara). Mientras esperaba, pensó en cómo la madama le había menospreciado. A él, nada menos. Y tampoco se había olvidado de las horribles marcas en la espalda de Chloe.
            En cuanto oyó el grito final del hombre, Louis agarró su abrecartas de plata. Abrió la puerta, y pudo ver a la madama, exhausta tras el orgasmo, al lado del cadáver todavía caliente del último putero que había yacido con ella. Antes de entrar, besó con suavidad los labios de Chloe, y acto seguido entró en la habitación.
            Todo sucedió demasiado rápido como para que Margot pudiera asimilarlo. Louis actuó sin un ápice de duda. Sin detenerse, clavó el filo del abrecartas en la yugular de Margot al tiempo que se arrodillaba a su lado. Sacó el metal de su cuello, haciendo que un chorro de sangre negra saliera despedido, y acercó rápidamente los labios a la herida, bebiendo el oscuro néctar.
            Al instante, Louis sintió una nauseabunda repulsión ante el sabor de la sangre de otro vampiro, y sintió unas violentas ganas de apartarse de allí y dejar de tragar. Pero su ansia de poder era mucho mayor que su instinto, e hincó sus colmillos en la piel de la mujer, obligándose a sí mismo a permanecer pegado a la fuente de sangre.
            Los gritos de dolor y terror de la madama atrajeron a todo el mundo a la habitación, y la escena era tan dantesca que todos se quedaron helados de terror en el marco de la puerta, sin poder articular palabra, mientras contemplaban en silencioso pasmo cómo Louis bebía la sangre de Madame Margot, apagando poco a poco la llama de su vida.
            Finalmente, debilitado por la asquerosa sensación que había dejado en su boca la sangre negra (dulce como la miel para los humanos, amarga como la hiel para los vampiros), acabó por hundir su afilado puñal entre los pechos de Margot, atravesando su corazón y acabando con su vida de una vez por todas.
            Acto seguido, sintió sus vísceras quemándole por dentro, y entre convulsiones cayó al suelo. Su segunda transformación, la que le convertiría en el vampiro más poderoso que hubiera existido desde Drácula, estaba comenzando. Durante las siguientes horas sufrió tanto dolor como jamás había sufrido en toda su vida, pasada y futura.
            Cuando despertó ya era de día, y Chloe estaba a su lado. Todo el resto de gente había huido despavorida. Pero el amor hace que la gente cometa este tipo de insensateces.
            -Louis, qu’est-ce que tu as fait? – preguntó Chloe.
            -He hecho lo que debía – contestó él.
            Ese día Louis y Chloe hicieron el amor por vez primera. O al menos así fue como empezó la cosa. Louis se volvió más violento con ella al cabo de un rato, y Chloe comenzó a asustarse. Cuanto más asustada estaba ella, más se excitaba él, completando un círculo vicioso en el que Louis perdió el control.
            Louis hacía daño a Chloe, y ésta le pedía que parase, llorando sangre del daño que él le hacía.
            -¿Qué ha pasado con el Louis del que yo me enamoré? – preguntó Chloe, desesperada y asustada.
            -Louis ha muerto – dijo –. Yo soy Versailles.
            Y dicho esto, la arrojó por la ventana, dejándola morir bajo la luz del mediodía.

            -Abby… Bonita, despierta… – dijo Lucille.
            Abby abrió los ojos lentamente, somnolienta, y se incorporó en la cama hasta quedar sentada. Durante el día se había quitado el camisón, que le parecía incómodo, y lo único que tenía puesto eran unas braguitas. A pesar de estar casi desnuda, no parecía pudorosa frente a Lucille.
            -¿La fiesta es hoy? – preguntó, aún adormilada.
            -Sí, es dentro de unas horas – dijo Lucille –. Tienes que prepararte, cielo.
            -Hmn… No quiero – dijo Abby, como si fuera una niña que no quiere ir a la escuela.
            -Ya lo sé, cielo, pero hay que hacerlo… Anda, ve a la ducha y vístete.
            Abby se quitó la sábana de encima y se levantó. Con movimientos resignados, se dirigió hacia el armario, y cogió el vestido gótico que Versailles había preparado para ella, junto con medias, zapatos y braguitas limpias. Lucille no pudo evitar observar la resignación en sus movimientos.
            -Abby…
            -Por favor, Lucille, deja de intentar hacer que me sienta mejor conmigo misma, ¿vale? – espetó la niña.
            Lucille no supo cómo reaccionar. Abby se volvió hacia ella, y de un movimiento decidido, se bajó las braguitas hasta los tobillos. Dio un paso al frente, dejando su ropa interior en el suelo, y mostró su cuerpo desnudo a Lucille.
            -Mírame – dijo Abby, dejando atrás cualquier rastro de pudor –. Así es como voy a estar el resto de mi vida, hasta que me muera.
            Hizo un gesto con ambas manos, como señalando su cuerpo entero de arriba abajo.
            -Llegaré a los cincuenta años, y no me habrá crecido el pecho – dijo Abby –. A los sesenta, y no me habrá bajado la primera regla. Setenta, y mis caderas seguirán siendo estrechas. Ochenta, y no habrá ni un solo pelo en las partes donde debería haberlo. Noventa, y ni siquiera habré cambiado la voz. Porque seguiré siendo una condenada niña.
            Lucille no sabía cómo responder. La voz de Abby iba quebrándose cada vez más a medida que hablaba.
            -Nunca me convertiré en una mujer – continuó Abby, con el brillo de lágrimas asomando por sus ojos –. El chico que me dio mi primer beso el día del accidente se hará viejo y morirá sin saber lo mucho que me gustaba, y yo seguiré siendo así por los siglos de los siglos. ¡Y aunque pudiera crecer, mis padres no estarían aquí para verlo porque están muertos! ¡Así que no me digas otra vez que me entiendes!
            Aunque llevaba ya un rato sin ropa, Abby tenía la sensación de que acababa de terminar de desnudarse con la última frase. Se sintió desprotegida y finalmente rompió a llorar. Lucille, confusa y conmovida, abrazó a la niña con fuerza.
            -Ahora sí que te entiendo, cariño – susurró Lucille a través del nudo de su garganta, mientras Abby lloraba sobre su hombro.
            Pasados unos minutos, Abby logró calmarse un poco.
            -¿Te sientes mejor? – preguntó Lucille.
            Abby asintió con la cabeza, secándose las lágrimas de la cara con el dorso de la mano.
            -Gracias – dijo Abby, abrazándola con fuerza.
            -No hay de qué – dijo Lucille –. Anda, ponte algo encima y ve al baño; si Louis te viera caminando por la mansión así le daría algo.
            Abby sonrió, divertida por la imagen mental de semejante escena. Al menos había sonreído un poco.
            -Ni que nunca hubiera visto a una chica desnuda – comentó Abby.
            -Es que… A Louis le repele bastante cualquier cosa que relacione a los niños con el sexo, por mínima que sea – explicó Lucille.
            -Vaya, al menos no es un pederasta; algo bueno tenía que tener – murmuró Abby, con una nota de odio reprimido en la voz, mientras se ponía unas braguitas limpias.
            Sin que ellas lo supieran, Versailles había oído toda la conversación, espiando por la puerta entornada. En el muro de piedra que había rodeado su corazón durante los últimos doscientos años se había abierto una grieta cuando, por un instante, reconoció en los ojos de su aprendiz una reminiscencia del que había en los ojos de la pequeña Chloe. Un brillo que jamás había vuelto a ver en nadie más. Una seña de afecto.
            Él, que sólo conocía la sombra del miedo.
            Y sólo por un instante, Versailles se planteó si estaba haciendo lo correcto. La magnitud de tal duda hizo que el Rey se sintiera confuso, retirándose a sus aposentos. Aún faltaban tres horas.

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            The following morning went along with no big news for Police homicide detectives Wolff and Auxile. Monique kept on planning her attack strategy, scheming about details she didn’t know and using all of her imagination to plot the perfect plan. Wolff and Jackie had given up, even though they were still helping her.
            Wolff was especially tired. The previous night had been the first one of three full moon nights, and Monique had to cuff him with the reinforced steel chains and cuffs they had installed in his room for safety. Jackie was still at the apartment that night, and even though Wolff was an intelligent werewolf, his irrational instincts of hate towards vampires remained intact, even towards his longtime friend and partner.
            As a result, Jackie had slept in the precinct that night, while Monique remained beside Wolff for safety. The following morning, Wolff apologized to Jackie, to which he just replied “Never mind”.
            When the phone on Monique’s desk rang, at 4 PM, there wasn’t even a plan to speak of.
            “Auxile here”, Monique said.
            “Detective, I’m coroner Matthews”, the person on the other side of the line said, his voice sounding a bit shaky.
            “What’s on, Matthews?”
            “Uh… You ain’t gonna believe this”, he said.
            Bad news, Monique thought.
            “Just try”
            While the coroner spoke, Wolff and Jackie looked at Monique quietly, and they stared in horror as Monique’s face gradually changed from calm to impatient, then to contained anger.
            “What you just said?” Monique said, stressing every single word.
            “Uh-oh…” Wolff murmured, foreseeing the thunderstorm that was about to unwind via telephone.
            Then Monique lost her endless temper.
            “WHAT KIND OF FUCKIN’ JACKASS LETS ANYONE STEAL A DEAD BODY FROM THE MORGUE, ON HIS SHIFT, JUST BEFORE EXAMINATION?! YOU CUNT!!”
            That last word, “cunt”, echoed all through the precinct, and everybody in the Homicide department stared in dead silence as Monique went berserker.
            The rest of the conversation was more of a monologue of Monique constantly yelling insults to the poor coroner, who was trying to explain that he was hit on the head and fell unconscious, and when he woke up, David Peck’s body was gone from the morgue.
            Suddenly, Wolff pressed the button to cut the line and ended the call. Monique threw the phone toward the base, involuntarily crushing his partner’s finger with it.
            “OUCH!” Wolff complained.
            “Oh! I’m sorry”, Monique said, regaining her temper again. “Are you OK?”
            “I’ll survive this one”, Wolff grunted.
            Monique turned around to see all of her work partners staring at her, their Jaw dropped; especially Jackie, who was cowering on his seat, unable to look away from her.
            “We have to go to the morgue”, Monique said. “I think I owe Matthews an apology”

            It was about five o’clock in the afternoon when Versailles got up to check on the preparations for his party. There were still three and a half hours left, but the perfectionist Vampire King didn’t want any tiny detail to go wrong.
            Dressed already in his finest garments, Versailles went through every single room in his mansion in which his guests were meant to roam. The huge main hall, where people would dance to violin music. The main dining room, with an enormous table full of fruits and meat of the finest quality. The music room also dedicated to dancing. The restrooms, where guests used to hide and consume drugs or have a quick, messy fuck. And, why the hell would he leave the library door unlocked?
            The library was in the ground floor of Versailles’ mansion. It was an enormous room which walls were fully covered by bookshelves. Since the ground floor of the mansion had high ceilings, and the library was no exception, this room had a special kind of second floor: a sort of elevated platform, like a square-shaped corridor on the four walls of the library, and space in the middle so the ground floor could be seen. Both floors were connected by a stairway, which was quite modest compared to the decoration of the rest of the mansion, but still it was quite sumptuous. On the edge of this sort of elevated corridor, and on both sides of the stairway that connected it to the ground floor, was a solid wood handrail, and covering the walls of both floors, bookshelves made of expensive wood, full of very valuable books. One of the bookshelves in the ground floor was fake, leading to a secret passage, which lead to the torture dungeons.
            He smiled. “How clueless I am”, he said to himself while locking the doors. He didn’t want any of his guests to enter there; mostly because it was the access to his torture chambers, but also because he didn’t want anyone to step into a place that stored a great collection of books, worth several billion dollars. They could get damaged, or worse, stolen. So, access to the library was forbidden by all means.
            Versailles then headed to the games room, a big room meant for guests to spend some time playing cards, billiards and chess. Everything ready. When he looked to the pool table, he smiled, remembering how he had raped one of his past wives, tying her to that very table and fucking her ass mercilessly. And the Asian whore that he forced to get down in all fours on the table, naked, and pissed herself in fear when she realized her imminent fate. Needless to say, the King wasn’t pleased at all with the urine stain on the pool table.
            The smile slowly wiped away from his face. Good memories. The fun, the sudden adrenaline rush he felt when cutting off a life. The thrill he felt knowing he ruled over the life of inferior beings. Past. Not enough. Even he had to admit that, were that sensation everlasting, the first time would have sufficed.
            The first time. Chloe.
            Memories hit the Vampire King like a baseball bat in the stomach. He tried to pull out of his mind the image of his first lover, but the memories refused to abandon him…

            New Orleans, 1869.
            Louis-Armand de L’Êtat was 21 years old when he was turned into a vampire. Back then he was a Type Three, “almost human”, since he had been bitten by a Type Two vampire: Chloe Saint-Croix, gifted apprentice of Madame Margot.
            Margot was the madame of the number one brothel in New Orleans, besides being the III Vampire Queen. Her breathtaking physical appeal was more than enough to lure both clients for her girls and victims for her vampires. But Margot’s most incredible talent was her unquestionable mastery in the art of disguise as a way to hunt humans.
            Because of that, Louis hated her. He liked being noble and being recognized as such. He was better than the rest by birth. His family, which he himself had slain when they refused to share with him the vampire gift, were nobles, and thus superior to other people. What’s the point of being superior to the rest of the world if nobody can recognize it at first sight?
            Little Chloe appeared to be twelve years old, the age she had when she was turned, but she was actually twenty, almost twenty-one. Margot made her walk the streets to get more clients, since Chloe had a candid beauty, rare at that time. But everybody living under Margot’s domains knew her secret. It was hard not to notice (and know the meaning of) the glow in her eyes every time she saw the handsome young man she once turned into a vampire.
            For this, Margot had punished her hard, whipping her back. “You can’t fall in love, child, and even less with a man like that”, she said. And Louis had heard her.
            So, that very night, he waited until the master finished with her client (or with his blood, whatever lasted longer). While waiting, he thought how much the madame had underestimated him. And also, he couldn’t forget the marks on Chloe’s back.
            When he heard the climax scream of the man, Louis grabbed a silver letter opener. He opened the door, and he could see the madame, exhausted after her orgasm, beside the still warm body of the last client that had slept with her. Before entering, he kissed Chloe’s lips softly, and then he entered the room.
            Everything happened too quickly for Margot to comprehend it. Louis acted without a split second of doubt. Without stopping, he stabbed the veins in Margot’s neck with the letter opener, as he knelt on the floor beside her. He pulled the metal out of her neck, a fountain of black blood spraying out of the wound, and he put his lips on the wound quickly, drinking the dark nectar.
            Louis quickly felt a repulsive nausea at the taste of another vampire’s blood, and his body urged him to move out of there and stop drinking. But his lust for power was greater than his instinct, and he bit the woman’s skin, forcing himself to remain close to the blood fountain.
            The horror and pain screams of the madame attracted everybody to the room, and the scene was so grotesque that everybody froze in fear at the door, uttering not a single word while they stared in silent shock how Louis was drinking Madame Margot’s blood, slowly extinguishing the flame of her life.
            Finally, weakened by the disgusting taste that the black blood left in his mouth (sweet as honey for humans, but sour like hell for other vampires), he finished her off by sinking his sharp knife between Madame Margot’s breasts, stabbing her heart and finishing her life once and for all.
            Then he felt his innards burning inside him, and he fell on the floor between spasms. His second transformation, the one which would turn him into the most powerful vampire of all time after Dracula, was starting. During the following hours he suffered more pain than he would ever suffer again in his life, past and future.
            When he awakened it was daylight, and Chloe was beside him. Everyone else had run away in fear. But love makes people do this kind of stupid things.
            Louis, qu’est-ce que tu as fait?” Chloe asked.
            “I did what I had to do”, he replied.
            That day Louis and Chloe made love. Or at least that’s how it started. Louis turned more and more violent after a while, and Chloe started getting scared. The more scared she grew, the more excited he was, completing a cycle in which Louis lost all control.
            Louis hurt Chloe, and she begged him to stop, crying blood due to the pain he inflicted on her.
            “What happened to the Louis that I fell in love with?” Chloe asked, scared and desperate.
            “Louis is dead”, he said. “I am Versailles”
            That being said, he threw her through the window, letting her die in the sunlight.

            “Abby… Honey, wake up”, Lucille said.
            Abby opened her eyes slowly, still dizzy, and sat up on the bed. During the day she had taken off her nightdress, which she found uncomfortable, and the only thing she was wearing were her panties. Despite being almost naked, she didn’t seem to be embarrassed in front of Lucille.
            “Party’s tonight?” she asked, still sleepy.
            “Yeah, in a few hours”, Lucille said. “You have to get ready, honey”
            “Hmn… I don’t wanna”, Abby said, as if she was a child who doesn’t want to go to school.
            “I know, honey, but you have to do it… So c’mon, go take a shower and get dressed”
            Abby tossed the blanket aside and got up. With resignation in her movements, she walked toward the closet, and grabbed the gothic dress Versailles had prepared for her, together with socks, shoes and clean panties. Lucille couldn’t help but notice the resignation in her acting.
            “Abby…”
            “Lucille, please stop trying to make me feel better about myself, okay?” the child snapped.
            Lucille didn’t know how to react. Abby turned to face her, and with a smooth movement, she pulled her panties down to her ankles. She stepped forward, leaving her undergarments on the floor, and showed her naked body to Lucille.
            “Look at me”, Abby said, leaving behind all sign of modesty. “This is how I’ll spend the rest of my life until the day I die”
            She made a gesture with both hands, like pointing at her entire body from head to toe.
            “I’ll be fifty years old, and my breasts won’t grow”, Abby said. “Sixty years old, and I won’t have my first period. Seventy years old, and my hips will still be small. Eighty years old, and there will be no hair where it’s supposed to be. Ninety years old, and my voice won’t have changed. Because I’ll still be a goddamned kid”
            Lucille didn’t know what to say. Abby’s voice started cracking as she spoke.
            “I’ll never become a woman”, Abby said, tears coming to her eyes. “The boy who first kissed me the day of the accident will age and die without knowing how much I liked him, and I’ll be like this forever and ever. And even if I could grow up, my parents couldn’t see that because they are dead! So don’t say that you understand me ever fucking again!”
            Even though she had been bare for a while, Abby felt that she had just finished stripping naked with that last sentence. She felt unprotected and finally broke into tears. Lucille, confused and moved, embraced the child tightly.
            “Now I do understand you, sweetie”, Lucille whispered through the lump in her throat, while Abby cried on her shoulder.
            After a few minutes, Abby managed to calm down a bit.
            “Feel better now?” Lucille asked.
            Abby nodded yes, wiping her tears with the back of her hand.
            “Thank you”, Abby said, hugging her tight.
            “No worries”, Lucille said. “C’mon, put something on and go to the bathroom; if Louis sees you walking around like that, he’ll freak out”
            Abby smiled when she pictured such a scene, finding it funny. At least she smiled a bit.
            “Not that he had never seen a nude girl”, Abby said.
            “It’s just that… Louis gets really upset with things related to sex and children, even if it’s minimal”, Lucille explained.
            “Well, he’s not a pedophile, he had to have something good”, Abby said, with a tone of repressed hate in her voice, while putting on clean panties.
            Unbeknownst to them, Versailles had heard the whole conversation, spying behind a half-open door. In the stone wall that had surrounded his heart for the last 200 years a crack had opened when, for just a split second, he recognized in his pupil’s eyes a reminiscence of the same glow he had seen in little Chloe’s eyes. A glow he hadn’t seen again in anyone else’s eyes. A sign of affection.
            He, who only knew the shadow of fear.
            And, just for a moment, Versailles wondered if he was doing the right thing. The magnitude of this wonder made the King feel confused, and he withdrew to his quarters. Three hours left for the party.

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1 comentario:

  1. Bueno tio, hasta ahora es flipanteeee... Pero mucho xD solo un comentario(antes de que se me olvide xD) revisa la parte en la que describes la bilbioteca, tiene un par de errores minimos. Por lo demas ES GENIAAAAAAL! ME ESTA ENCANTANDO! Es muy original y esta muy elaborada. Flipo contigogo jaja. Felicidades.

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