sábado, 25 de agosto de 2012

V.S.: "Niños de la tumba" // "Children of the grave" (12)

Increíble pero cierto: he logrado traducir el capítulo nuevo en muy poco tiempo.
He de advertiros que este capítulo puede resultar confuso para algunos. Así que si sois de "leer por encima" y saltaros lineas, os recomiendo no hacerlo si queréis entender totalmente este capítulo. Si aún así seguís con dudas, comentad en esta entrada y os las resolveré, libre de "spoilers".
En este capítulo (como el anterior, es una sola escena, pero esta es más extensa) nos centramos en Tyler. Recordemos: Monique le dejó en el puente, y antes de eso interrogó a un vampiro por los planos de la mansión Versailles.
Que lo disfrutéis.

I still can't believe it: I've managed to translate this entire new chapter in a very little time.
I have to warn you, this chapter might be somewhat confusing for some of you. So if you're the "skip some lines in the text-heavy paragraphs" kind of reader, I would tell you not to do that if you want this chapter to make sense. However, if you still find this chapter confusing, post a comment below and I'll explain it to you spoiler-free.
This chapter (which, like the previous one, is just one scene, albeit longer) is focused on Tyler. So, if you remember, Monique left him at the bridge, and before that he asked a vampire about the Versailles mansion blueprints.
Enjoy it!

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             Tyler abrió la ventana de la casa del anticuario sin esfuerzo, ya que el postigo no estaba cerrado. Sin duda algo raro para alguien que colecciona objetos con un valor total varias veces superior al de su propia casa, aunque a Tyler eso le daba igual; gracias al descuido del anciano podía entrar en su casa sin problemas.
            La ventana daba a la cocina. El sitio estaba desorganizado, aunque no mucho. Tyler pisó con cuidado, procurando no hacer ruido para no alarmar al anticuario. Inspeccionó la cocina y no encontró nada.
            Salió al salón principal. Allí no había nada que pudiera interesarle en ese momento, sólo valiosas antigüedades: muebles de caoba, xilografías, grabados, candiles de aceite, algunas obras de arte, libros de encuadernación rústica, un viejo violín, un laúd, un pequeño clavicordio, un telégrafo, un gramófono…
            Tyler dejó de inspeccionar las antigüedades, y comenzó a subir la escalera al segundo piso lentamente. La madera de los escalones se quejó bajo su peso, lo que obligó a Tyler a detenerse varias veces. El silencio era intenso.
            Demasiado para un hombre dormido.
            Eso significaba que, o el anciano señor Saul Wallace tenía un sueño pesado, o que la casa estaba vacía. Y en una ciudad en la que una casa vacía podía deberse a unas vacaciones o una mudanza con la misma probabilidad que la muerte de los ocupantes, uno nunca sabe qué esperar.
            Tyler llegó al final de la escalera. El silencio era tan denso que se podía cortar. Con un cuidado extremo, Tyler se dirigió a la primera puerta que encontró. Puso la mano en el pomo de la puerta y abrió de golpe.
            Dentro, una cama deshecha, un armario abierto y un pijama arrugado en el suelo. Pero ni rastro del anciano.
            Tyler pensó que todo aquello olía a chamusquina de lejos, pero aún así siguió investigando. Se dirigió hacia la segunda habitación y abrió descuidadamente.
            Un disparo de escopeta atravesó la madera de la puerta, a pocos centímetros de su cabeza.
            -¡Joder! – dijo Tyler.
            Agachado, abrió del todo la puerta. Una escopeta de perdigones colocada sobre unos estantes apuntaba directamente a la puerta, con los cañones humeantes y una cuerda de piano atada al gatillo y conectada a la puerta. La trampa mortal más vieja del mundo, y Tyler había estado a punto de ser una víctima más.
            Tyler se asomó para ver qué quería proteger el anciano con tanto ahínco. Se quedó de piedra.
            Armas.
            Espadas del ejército confederado, un revolver Colt de los primeros que se fabricaron, mosquetes de chispa, pistolas de pólvora, trabucos, rifles, katanas japonesas, mazas, hachas de guerra, un arco, dos subfusiles alemanes, cuatro Smith & Wesson, nunchakus, machetes Bowie…
            Y una ballesta que brillaba por su ausencia.
            Tyler salió de allí con cuidado y siguió probando por todo el segundo piso. Dedujo que definitivamente la casa estaba vacía, ya que nadie se alarmó por el sonoro disparo de la escopeta. Minutos después, Tyler decidió que subir al segundo piso había sido una pérdida de tiempo.
            Bajó de nuevo al primer piso y continuó probando puertas hasta dar con la que conducía al sótano. La escalera estaba a oscuras y el ambiente era muy húmedo, con lo que la madera de la escalera, si no se rompía, al menos se quejaría mucho al pisarla. La bombilla estaba rota, así que Tyler decidió volver a la cocina, coger cerillas, ir al salón, coger un candil de aceite encenderlo y llevárselo al sótano.
            Tyler bajó las escaleras con un cuidado extremo, atento a sus pies para no dar el más mínimo paso en falso. La frágil y humedecida madera de los escalones crujía mucho bajo su peso, amenazando con romperse al menor movimiento brusco, hacerle caer, tirar el candil y prenderle fuego a todo.
            Pero no ocurrió, y Tyler suspiró aliviado al llegar al final de la escalera sin problemas mayores.
            -Hola, Tyler – dijo una voz.
            Saul Wallace estaba muerto.
            El sótano estaba repleto de instrumentos de tortura antiguos, la mayoría de la Inquisición Española. El anciano estaba sujeto a un garrote vil, vestido con un hábito de monje de color marrón. Tenía el rostro desencajado, producto de la asfixia.
            Y a su lado, el desconocido de la alcantarilla, con un maletín en una mano y un tubo de cartón para planos en la otra.
            -Otra vez usted – dijo Tyler –. ¿No le bastaba con incordiarme con sus jueguecitos, que ha tenido que matar a un inocente?
            -Oh, Tyler, se equivoca completamente – dijo el desconocido, sonriendo con tranquilidad –. Este hombre no es en absoluto inocente.
            -Vaya, ¿qué ha hecho?
            -Bueno, vale, me ha pillado. Sí, era inocente, pero se encontraba entre los planos y yo. Por fortuna he llegado antes que usted.
            -Yo no mato gente.
            -Mentiroso.
            -Eso fue hace mucho tiempo – dijo Tyler, con un matiz de rabia en la voz.
            -Sin embargo mató usted a esa persona – dijo el desconocido, su voz suave como la seda –. Un inocente. Un médico excelente que hizo todo lo que pudo para salvar la vida de su hermanastra. Usted le estranguló con sus propias manos, motivado por la rabia y el dolor. A un buen hombre cuyo único pecado fue no poder salvar la vida de una drogadicta.
            -No se atreva a insultar la memoria de Juliet de esa manera – dijo Tyler, con furia contenida en la voz.
            -Yo me atengo a los hechos, Tyler, nunca miento – dijo el desconocido, sonriendo ampliamente –. Bueno, en realidad sí, miento, lo hago con frecuencia, y muy bien, por cierto, pero en este caso no lo hago.
            -Esto no tiene nada que ver con mi hermana.
            -Hermanastra – corrigió el extraño.
            -No tiente a la suerte…
            -Relájese, Tyler. Juliet era un semiángel, subió al paraíso al morir, está en un lugar mejor que es lo que usted siempre deseó para ella. En cambio, usted es un iluso que cree poder cambiar su destino. Tiene en su sangre el código del Mal, su destino es ir al Infierno para servir a Lucifer.
            -Yo sirvo a Lucifer, cazando vampiros. Ese era el trato – dijo Tyler.
            -Vale, sí… El jefe no quiere que la cosa se salga de madre, y por eso estamos los dos aquí.
            Tyler le miró sin comprender, a través de la tenue luz que proyectaba la llama del candil.
            -Usted sabe tan bien como yo que el Señor de las Tinieblas, por muy maligno que sea, tiene un inquebrantable sentido de la justicia – explicó el extraño.
            -Sí, ya sé… Si deja que los vampiros proliferen no quedarán almas puras y por eso existimos los cazadores, ya me han contado esa historia.
            -Sí, pero los Reyes Vampiros son la excepción, amigo – dijo el desconocido.
            -¿Qué?
            -Siempre debe haber un Rey. Y el castigo por matar a un Rey es la condenación plenaria e inmediata.
            -Arrastrado al Infierno en cuerpo y alma – dijo Tyler –. ¡Van Helsing!
            -Correcto.
            -Entonces Lucifer…
            -No ha cambiado de opinión con respecto a los Reyes. Quiere controlar a la población menor, pero los Reyes son sagrados.
            -¿Por qué no se me informó? ¿Por qué Cuervo no me dijo nada?
            -Lo que el Guardián de las Puertas sabe es muy limitado, Tyler. Cuervo desconocía ese detalle. Yo intento protegerle; a fin de cuentas usted es humano, y si mata a Versailles no nos quedará otra que arrastrarle irrevocablemente al Averno, en cuerpo y alma.
            -Usted… ¿Quién demonios es usted?
            El extraño sonrió de nuevo.
            -Todo a su debido tiempo, Tyler – respondió.
            El tipo abrió su maletín. Dentro se encontraba la ballesta que faltaba de la habitación, en perfectas condiciones.
            -Es un arma muy poco común, ¿no le parece? – dijo el extraño, sonriendo como una hiena –. Creo que me la quedaré como fianza… Para complicarle la vida un poco más si intenta salirse otra vez del guión. No creo que al señor Wallace le importe mucho, ¿verdad?
            El hombre puso la mano sobre la cabeza del difunto anticuario y la movió hacia los lados, haciéndole negar. Las vértebras rotas de su cuello sonaron con cada movimiento.
            -Eso creía yo – dijo el extraño.
            Entonces, de improviso, el tipo lanzó con virulencia el tubo con los planos hacia Tyler, golpeándole en la mano. Por acto reflejo, Tyler soltó el candil, que se rompió al caer, iniciando un fuego rápidamente. Lo primero en consumirse fue el tubo. Tyler saltó para evitar quemarse las piernas, cayéndose de espaldas sobre las escaleras y rompiendo cinco o seis escalones, destruyendo así la única vía de salida.
            -Ups – dijo el desconocido, con una risita –. Culpa mía. Parece que no hay salida, ¿verdad?
            Tyler agarró un martillo que había por cerca y lo lanzó con todas sus fuerzas hacia una tubería de agua que pasaba justo por encima del fuego. La cañería se rompió y el agua salió con fuerza, extinguiendo el fuego antes de que se extendiera.
            El desconocido se echó a reír.
            -Maldita sea, Tyler, he de reconocer que es usted un tipo endiabladamente listo.
            -No sé si seré listo o no, pero sí lo suficiente como para darme cuenta de que se lo ha estado inventando todo sobre la marcha.
            El extraño se echó a reír con fuertes carcajadas.
            -¡Madre mía! Es usted un lince… Pero admita que se lo ha creído por un momento.
            -Tenía razón, es un mentiroso de talento excepcional. A ver si puede convencerme de que no le envíe de vuelta al Infierno. Y no dude que lo haré si no me dice cómo se llama. Ahora.
            El tipo volvió a sonreír, esta vez con cordialidad.
            -Es lo justo – dijo el extraño –. Mi nombre es Wordsmith. Soy el abogado del Diablo.
            Y desapareció entre el humo.

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            Tyler easily opened the window to the antiquarian’s house, since it wasn’t locked. It was weird, coming from a man who collects stuff several times worth the price of his own house, though Tyler didn’t care about that – thanks to the old man’s mistake, he could break into the house with no problem.
            The window led to the kitchen. The place was messy, but not too much. Tyler walked carefully, trying not to make a noise in order not to alarm the antiquarian. He inspected the kitchen and found nothing.
            He went to the main hall. There was nothing there that could catch his eye, only expensive antiques: Mahogany wood furniture, woodcuts, engravings, oil lamps, several art pieces, handmade books, an old fiddle, a lute, a small harpsichord, a telegraph, a gramophone…
            Tyler stopped inspecting the antiques and started going upstairs slowly. The wood steps squeaked under his weight, which made Tyler stop several times. The silence was intense.
            Maybe too much for a sleeping man.
            This meant that, either old Saul Wallace was a heavy sleeper, or there was nobody at home. And in a city where an empty house could mean vacation or moving out with the same chance of meaning the death of the owner, you don’t know what to expect.
            Tyler reached the end of the stairway. The silence was so heavy you could cut it with a knife. Extremely careful, Tyler headed to the first door he found. He put his hand on the knob and opened abruptly.
            In the room were an untidy bed and a used pajama on the floor, but no sign of the old man.
            Tyler thought something was rotten in Denmark, yet continued investigating. He headed to the second door and opened carelessly.
            A gunshot went through the door, few inches away from his face.
            “Holy shit!” Tyler said.
            Ducking, he opened the door. A double barrel shotgun was on a shelf, aimed for the door, the barrels smoking and a piano string tied to the trigger, connected to the door knob. The oldest lethal booby trap in the world and Tyler had almost been added to the casualty list.
            Tyler peeped in order to see what the old man was protecting so fiercely. He froze on the spot.
            Weapons.
            Confederate Army swords, a first-model Colt revolver, muskets, pistols, rifles, Japanese katanas, morning stars, a bow, two Nazi machine guns, four Smith & Wesson, nunchakus, Bowie knives…
            And a crossbow that just wasn’t there.
            Tyler went out of there carefully and continued looking on the second floor. He figured that the house was definitely empty, since nobody reacted to the loud gunshot. Minutes later, Tyler decided that looking in the second floor was a waste of time.
            He went downstairs to the ground floor again, and tried to open different doors until he found the one that got him to the basement. The stairway was dark and the atmosphere was very humid, so, if the wood steps didn’t break, at least they would squeak soundly when stepping on them. The light bulb was smashed, so Tyler went back to the kitchen, took a pack of matches, went to the living room, took an oil lamp, lit it and started to go downstairs.
            Tyler walked very carefully, watching his feet in order not to step on the wrong place. The humid, fragile wood squeaked loudly under his feet, threatening to break if he wasn’t careful, make him fall and drop the lamp and set everything on fire.
            Luckily it didn’t happen. Tyler sighed in relief when he finally reached the bottom of the stairway with no big trouble.
            “Hello, Tyler”, a voice said.
            Saul Wallace was dead.
            The basement was full of ancient torture instruments, many of them from the Spanish Inquisition. The old man was tied to a garrote, dressed in a brown monk habit. His face was that of a ghost, due to asphyxiation.
            Beside him, the mysterious man he encountered on the sewer, with a briefcase in his hand and a cardboard blueprint tube in the other.
            “You again”, Tyler said. “You didn’t have enough with your tricks; you had to kill an innocent, right?”
            “Oh, Tyler, you’re completely wrong”, the man said, smiling in a calm demeanor. “This man was in no way innocent”
            “Alright, what did he do?”
            “OK, you got me there. Yes, he was innocent, but he was between me and the blueprints. Luckily I arrived before you did!”
            “I don’t kill people”
            “Liar, liar…”
            “That was a long time ago…” Tyler said, with a slight bit of anger in his voice.
            “Nevertheless, you killed that man”, the mysterious man said, his voice soft as silk. “An innocent. A brilliant doctor who did all he could to save your stepsister’s life. You strangled him with your bare hands, driven by your pain and sorrow. A good man whose only sin was being unable to save the life of a junkie”
            “Don’t you dare to insult Juliet’s memory in such a manner”, Tyler said, his voice filled with anger.
            “I only say it the way it was, Tyler, I am no liar”, the man said, smiling broadly. “Well, yes I am, I lie very often, and I’m really good at that, by the way, but in this case I’m not lying”
            “This has nothing to do with my sister”
            “Stepsister”, the stranger said.
            “Don’t tempt me…”
            “Relax, Tyler. Juliet was a semi-angel; she went to Heaven when she died. She’s in a better place now, which is what you always wanted for her. However, you’re a poor man who thinks he can change his destiny. You have the Evil code running through your veins, your fate is to go to Hell when you die and serve Lucifer”
            “I serve Lucifer hunting vampires. That was the deal”, Tyler said.
            “Yeah, well, the boss doesn’t want the shit to hit the fan, and that’s why we both are here”
            Tyler gave him an unknowing look through the light from the oil lamp.
            “You know as well as I do that the Prince of Darkness, as evil as he might be, has an unbreakable sense of what’s fair”, the stranger said.
            “Yeah, I know… If he lets vampires expand, soon there won’t be a pure soul in the world, and that’s why hunters exist, I’ve been told that story before”
            “Yes, but Vampire Kings are the only exception, my friend”, the stranger said.
            “What?”
            “There always has to be a King. And the punishment for killing a King is plenary, absolute condemnation”
            “Dragged to Hell in body and soul”, Tyler said. “Van Helsing!”
            “That’s right”
            “In that case Lucifer…”
            “He hasn’t changed his mind about the Kings. He wants to control the minor population, but Kings are sacred”
            “Why wasn’t I told? Why didn’t Crowe tell me about this?”
            “What a doorkeeper knows is limited, Tyler. Crowe was unaware of that detail. I’m trying to protect you. You’re human, and if you kill Versailles we won’t have other choice but to drag your body and soul to Hell for ever and ever”
            “You… Who the hell are you?”
            The stranger smiled again.
            “Easy, Tyler, everything has a time…” he replied.
            The man opened his briefcase. In it was the crossbow that was missing from the room upstairs, in a perfect condition.
            “It’s a very uncommon weapon, don’t you think?” the stranger said, smiling like a hyena. “I think I’m keeping it as a bond… Just to make it hard for you in case you go rogue again. I don’t think Mr. Wallace here will mind, do you?”
            The man placed his hand on the head of the dead antiquarian and shook the old man’s head no. The broken vertebrae on his neck sounded with each movement.
            “So I thought!” the stranger said.
            Then, suddenly, the man threw the blueprint tube to Tyler, hitting his hand. In a reflex, Tyler’s hand released his grip on the oil lamp. The lamp fell and broke, quickly setting the floor on fire. The first thing to burn was the blueprint tube. Tyler jumped backwards to avoid burning himself, falling down onto the stairs and breaking five or six steps, thus destroying the only way out.
            “Oops”, the stranger said, giggling. “My bad. Looks like we’re trapped now, aren’t we?”
            Tyler took a hammer from nearby and threw it with all his might to a water pipe just above the fire. The pipe broke, and pressured water shot out onto the fire, extinguishing it before it expanded.
            The stranger burst out in laughter.
            “Dammit, I have to admit you’re a pretty smart cat, Tyler”
            “I don’t know if I’m a smart cat or not, but I’m wise enough to realize that you’ve been ad-libbing a fucking lie”
            The stranger laughed even louder.
            “Heavens to Betsy! You’re brilliant… You have to admit you bought it even if it was just for a minute”
            “You were right. You’re an incredibly talented liar. Now try and convince me not to throw your ass back to Hell. And rest assured I’ll do it if you don’t tell me your name, right now”
            The man smiled again, this time cordially.
            “Fair enough”, the stranger said. “My name is Wordsmith. I’m the Devil’s advocate”
            And he vanished in the smoke.

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