jueves, 23 de agosto de 2012

V.S.: "Niños de la tumba" // "Children of the grave" (11)

¡Y por fin un nuevo capítulo!
Disculpad la tardanza, estos últimos días he estado muy ocupado con cosas de la universidad y la traducción se ha demorado un poco.
Os fijaréis que este capítulo es mucho más corto de lo normal. Es porque la escena siguiente es muy extensa, y si las hubiera presentado juntas hubiera sido mucha más información, una entrada mucho más larga, y sobre todo hubiera tardado más en traducirlo. De modo que aquí tenéis una escena más, mientras traduzco la siguiente (que es MUY larga).
Dicho esto, ¡disfrutad!

A new chapter, finally!
Excuse the delay, these last days I've been really busy with university stuff, and translation had been a little "late".
You'll see that this chapter is way shorter than usual. This is because the next scene is very extense, and in case I had put this scene and the next together in one chapter, there would have been a lot more of information, a really long blog entry and, last but not least, it would've taken more time to translate. So here's one scene, while I translate the next one (which is VERY long).
That being said, enjoy!

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            Lucille abrió la puerta de la mansión Versailles y dejó que Abby entrara. La muchacha tenía en el rostro una expresión de auténtico pánico. Estaba taciturna, afligida y ausente.
            Había matado por primera vez.
            -Manchas… Manchas rojas – murmuraba.
            Lucille se puso frente a ella, intentando hacer que la mirara a los ojos. Pero los ojos de Abby seguían puestos en el infinito, y su mente en alguna otra parte.
            -Cielo, mírame – dijo Lucille, sin éxito.
            -Mi pelo y mis manos se han manchado – murmuró Abby.
            No le faltaba razón. La mitad de su otrora inmaculado cabello rubio estaba cubierto de sangre, pegajoso y bermejo. Sus manos, por otro lado, estaban impolutas. Pero la mancha de sangre de sus manos no era física.
            -Abby, cariño, por favor, reacciona – dijo Lucille –. Si Louis te ve así va…
            -Louis va a pensar que la niña ha hecho bien sus deberes – tronó la voz de Versailles a su espalda.
            Lucille se incorporó poco a poco, sin darse la vuelta por puro miedo.
            -Vamos, Lucille, este tipo de comportamiento es normal en una neófita como Abigail – dijo Versailles, en un tono que intentaba ser comprensivo pero que no dejaba de dar miedo –. Tú te sentiste igual cuando mataste al proxeneta que antes era tu dueño. Lo recuerdo como si hubiera acontecido ayer.
            Lucille notó crecer un nudo en su garganta.
            -Ma petite chéri, ¿has matado a alguien esta noche?
            Abby seguía sin reaccionar.
            -C’est bon – dijo el Rey, sonriendo de oreja a oreja –. Con el tiempo aprenderás a matar con frialdad. Ahora ve a la cama y descansa, debes estar agotada.
            -Descansar – murmuró Abby –. Limpiar las manchas y descansar.
            Abby se retiró hacia el lavabo. En cuanto Versailles la perdió de vista, y sin perder ni un solo segundo, golpeó a Lucille con su bastón en la cara, tan fuerte que ésta cayó al suelo.
            -¡Puta! – gritó Versailles –. ¡Te dije que la llevaras a cazar!
            Versailles continuó golpeando a Lucille, con su bastón y con las piernas.
            -¡Eres una puta! No vales ni la mitad de lo que un cliente te pagaba por usar tu estúpido cuerpo. ¡No vales nada!
            Lucille se quejaba por los golpes, pero los insultos del Rey no le hacían menos daño.
            -¡Te dije que llevaras a la niña a cazar, no que la llevaras a un local para cobardes!
            -¡La he llevado a cazar!
            -La llevaste a cazar después de arrastrarla a ese antro lleno de vampiros de segunda que no tienen valor para matar por sí mismos. ¡Y eso no está bien!
            Versailles continuó golpeándola sin piedad.
             -¡Para! – dijo Abby, que acababa de ver la escena.
            Versailles se detuvo y miró hacia atrás. Abby, que aún no se había lavado, estaba en la escalera principal, alarmada.
            -Abby, pequeña – dijo Versailles –. Aún no te has lavado…
            -Ella no tiene la culpa – interrumpió Abby –. Yo insistí en que me llevara.
            Versailles se quedó unos segundos mirando a su nueva aprendiz fijamente, con una sonrisa de mentira en los labios y furia en los ojos.
            -¿Es eso así? – dijo Versailles.
            Abby asintió con la cabeza.
            -Oh, bueno… En ese caso debería castigar a Lucille por no cumplir con su obligación, ¿verdad? – dijo Versailles, golpeando otra vez a Lucille con su bastón.
            -¡No! – dijo Abby –. Por favor…
            Esto detuvo a Versailles unos segundos.
            -Tú no te muevas de ahí, puta; no he terminado contigo – le dijo Versailles a Lucille, antes de volverse de nuevo a Abby –. ¿Qué te sucede, querida?
            -Ella no tiene la culpa – dijo Abby –. Yo le dije que no quería que me enseñara a matar…
            -Bueno, pequeña… Un desliz lo puede tener cualquiera – dijo Versailles, fingiendo comprensión –. Pero esto tiene que servirte para no volver a hacer algo así, ¿de acuerdo? O si no, tendré que hacer algo que no quiero hacer.
            -De acuerdo.
            Versailles le dio un beso en la frente.
            -Anda, ve a descansar – dijo Versailles –. Te lo has ganado.
            Abby obedeció y se retiró. Versailles se volvió hacia Lucille, sus ojos fríos como el hielo otra vez, mientras desenvainaba su cuchillo de plata.
            -No… – dijo Lucille, aterrada.
            -¡Cállate, zorra! – gritó Versailles –. Te voy a dar tu merecido de una vez.
            Sin inmutarse, Versailles agarró a Lucille del brazo. Lucille trató de luchar, pero el Rey era más fuerte que ella. Poniendo un pie sobre la espalda de Lucille, y apretando el torso de la mujer contra el suelo, Versailles le dislocó el brazo derecho, y con el puñal le grabó una cruz en la piel. No le importaba lo desgarradores que pudieran ser los gritos de su mujer. La cicatriz de la plata en la piel de un vampiro se queda de por vida y nunca deja de doler.
            -La próxima vez que desobedezcas una orden, la siguiente cruz será a tamaño real, cortada en punta y metida por tu coño de zorra hasta que te salga por la boca – dijo Versailles –. ¿Ha quedado claro?
            Lucille no respondió. Sólo lloraba desconsolada.
            -Lo tomaré como un “sí” – dijo el Rey.
            Versailles le sacudió una última patada en la espalda y la dejó tirada en el suelo mientras se marchaba.
            -Por cierto… Mañana yo me llevaré a Abigail a cazar – dijo Versailles, sin volverse para mirarla –. Y tú no puedes salir.

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            Lucille opened the front door to Versailles’ mansion and let Abby in. The little girl had a pure panic look on her face. She was taciturn, distressed, absent.
            She had killed for the very first time.
            “Stains… Red stains…” she muttered.
            Lucille squatted in front of her, trying to make the girl look at her. But Abby’s eyes were still focused on infinity, and her mind lost somewhere.
            “Sweetheart, look at me”, Lucille said, to no avail.
            “My hair and my hands are dirty”, Abby muttered absentmindedly.
            She wasn’t wrong. The lower half of her otherwise immaculate hair was drenched in blood, sticky and crimson. Her hands, however, were clean, but the dirt she meant wasn’t physical.
            “Abby, honey, please react”, Lucille said. “If Louis sees you this way…”
            “Louis will think that the little girl has done well at school”, Versailles’ voice thundered behind her.
            Lucille got up slowly, not turning around to face him due to pure horror.
            “Lucille, come on, this kind of behavior is quite normal in a neophyte like Abigail”, Versailles said, in a voice that intended to be understanding but was instead scary. “You felt the same way when you murdered that procurer that used to be your owner. I remember it crystal clear, like it happened yesterday”
            Lucille felt a lump on her throat growing.
            Ma petite chéri, have you killed somebody tonight?”
            Abby was still not reacting.
            C’est bon”, the King said, smiling broadly. “Some time from now you will learn to kill mercilessly. Now go to your bedroom and rest, you must be exhausted”
            “Rest”, Abby muttered. “Clean the stains and rest”
            Abby went to the bathroom. As soon as Versailles lost sight of her, without a split second of doubt, he hit Lucille in the face with his cane, so hard that she fell down to the floor.
            “You bitch!” Versailles yelled. “I told you to take her hunting!”
            Versailles continued to beat Lucille up, with his cane and his legs.
            “You are a filthy whore! You are not worth half of what a client paid to use your stupid body. You are worth nothing!”
            Lucille whimpered for the hits, but the insults of the King weren’t less painful.
            “I told you to take her hunting, not to take her to a club for cowards!”
            “I took her hunting!”
            “After dragging her to that filthy hole full of second-class vampires who don’t have the guts to kill for themselves, and that is not good!”
            Versailles kept beating her, mercilessly.
            “Stop!” Abby, who had just seen the scene, said.
            Versailles stopped and looked back. Abby, who hadn’t washed herself yet, was in the main stairway, alarmed.
            “Abby, kid”, Versailles said. “You haven’t washed…”
            “It’s not her fault”, Abby cut him off. “I insisted her to take me”
            Versailles just stood there for a couple of seconds, staring at his apprentice, with a fake smile on his face and wrath in his eyes.
            “Is it that way?” Versailles asked.
            Abby nodded yes.
            “Oh well, then in such a case I should punish Lucille for not fulfilling her duty, shouldn’t I?” Versailles said, hitting Lucille again with his cane.
            “No!” Abby said. “Please…”
            This stopped Versailles for several seconds.
            “Do not move from there, bitch, I am not done with you yet”, Versailles told Lucille, before turning back to Abby. “What bothers you, dear?”
            “It’s not her fault”, Abby said. “I didn’t want to learn to kill”
            “Oh well, darling… Everybody makes mistakes”, Versailles said, faking mercy. “But this shall teach you not to do this again, all right? Otherwise, I will have to do something that I do not want to do”
            “OK”
            Versailles kissed her forehead.
            “Go rest some”, Versailles said. “You earned it”
            Abby obliged and withdrew again. Versailles turned to Lucille, hi eyes ice cold again, while picking up his silver knife.
            “No…” Lucille said, horrified.
            “Shut up, whore!” Versailles yelled. “I am going to teach you a lesson you will never forget”
            Without hesitation, Versailles took Lucille’s arm. Lucille tried to fight it, but the King was stronger than her. Putting a foot on her back, pressing the woman’s torso against the floor, Versailles dislocated her right arm, and with the knife he carved a cross in her skin. He didn’t mind how bloodcurdling his wife’s cries were. A silver scar stays for life in a vampire’s skin and it always hurts.
            “Next time you disobey an order of mine, the cross will be king-size, sharpened and pushed into your filthy cunt until it comes out of your mouth”, Versailles said. “Am I clear?”
            Lucille didn’t answer. She just cried, heartbroken.
            “I take that as a ‘yes’”, the King said.
            Versailles kicked her back one last time and left her on the ground while leaving.
            “Before I forget… I will take Abigail hunting tomorrow” Versailles said, not even turning to look at her. “And you cannot go out”

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