jueves, 12 de julio de 2012

V.S.: "Niños de la tumba" // "Children of the grave" (8)

Por fin tengo listo el nuevo capítulo. Puede parecer un poco lento, quizá, pero cada escena es necesaria para la historia.
He intentado hacer que Tyler no parezca un superhombre que nunca falla. Es un tipo con una inteligencia increíble, pero es humano, y tambien falla.
Disfrutad.

Finally I have a new chapter. It may seem a little slow, maybe, but every scene is necessary for the story.
I tried to make Tyler a little less of a superhuman, never failing entity. He's an incredibly intelligent guy, yes, but he's human too, so he also does things wrong.
Enjoy it!

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            Comenzaba a atardecer.
            Lucille King salió de la mansión Versailles en cuanto el sol se ocultó. El frío nocturno no hacía mella en su gélida piel, no más mella que la humillación que había sufrido a manos del Rey Vampiro había hecho en su alma condenada.
            Versailles despreciaba todo aquello que tuviera vida (o no-vida, en cualquier caso), y sus “esposas” no eran una excepción. Disfrutaba humillándolas hasta límites que sobrepasaban por mucho el simple juego sexual sadomasoquista. Tenía que hundir lo más hondo de su dignidad.
            Lucille King, ex-prostituta recuperada de su antigua adicción a la heroína, era la última de una larga lista de mujeres que se sometieron, voluntariamente o no, al Rey. Todas las anteriores murieron de manera espantosa a manos del noble.
            Todavía sentía escalofríos al pensar en cómo terminó su predecesora. Versailles empaló a la pobre mujer en un crucifijo no consagrado, de forma que no muriera en contacto con él. Literalmente, le introdujo por el ano el extremo largo de la cruz y empujó hasta que medio metro de poste le asomara por la boca. Según él, esto era en homenaje a Vlad Draculea “El Empalador” (aunque todos los que conocen la historia saben que Vlad Tepes Draculea jamás hubiera empalado a otro vampiro). No contento con ello, el Rey violó a la mujer mientras que le quitaba toda la piel y la carne de la cabeza con un cuchillo de plata, como quien pela una naranja, hasta que se cansó de ello y le introdujo una rata viva en la vagina que empezó a roer sus entrañas desde el interior. Después eyaculó sobre sus heridas, y finalmente acabó con su sufrimiento, cortándole lo que quedaba de su cabeza con su espada.
            Todo ello ante los aterrados ojos de Lucille, aún en forma humana.
            Al recordar tan abyecta escena, Lucille sintió una descarga de miedo recorriendo su espina dorsal. Miedo por su supervivencia. Decidió que no iba a dejar que ese fuera su destino final.
            -¿Lucille? – dijo una voz detrás de ella.
            Lucille se volvió. La pequeña Abby estaba en la puerta de la mansión. En sus pálidas mejillas se notaban todavía las marcas de sus lágrimas.
            -Sí, cariño, ven – dijo Lucille, amablemente –. ¿Cómo estás?
            Abby se quedó callada. Su expresión taciturna era la viva imagen de la tristeza y el dolor, debida sin duda a la muerte de sus padres.
            -Ya, vale, lo siento, ha sido una pregunta estúpida – dijo Lucille.
            -¿Adonde vamos?
            -La verdad es que Louis no me ha dado ninguna indicación, salvo que te enseñe.
            -Yo no quiero aprender esto – dijo Abby, con un hilillo de voz.
            -Lo siento, peque, pero no hay marcha atrás – dijo Lucille, comprensiva –. Así que mejor que al menos aprendas a vivir con ello, ¿entiendes?
            -Yo no quiero matar a nadie – dijo Abby, a punto de echarse a llorar otra vez.
            -Shh… Ya lo sé, peque, ya lo sé – dijo Lucille, intentando consolarla –. Mira, hagamos una cosa. Escucha.
            Abby intentó controlarse, y miró a Lucille a la cara.
            -Verás, lo que Louis quiere que te enseñe es a cazar para conseguir sangre. Y eso es difícil al principio, lo sé perfectamente. Así que vamos a cambiar un poco las cosas, ¿de acuerdo?
            Abby la miró sin comprender del todo.
            -Vamos a dejar el tema de cazar para más adelante. Ya sé que no quieres hacerlo, pero hay que hacerlo. Es necesario para vivir. Y tú quieres vivir, ¿no es así?
            Abby asintió, dudosa.
            -Por suerte, hoy en día hay algunas alternativas. Así que, si te parece mejor, estos días voy a enseñarte otras cosas útiles para vivir, y dejamos lo de cazar para más adelante.
            -Pero… ¿él no se enfadará?
            Lucille le dirigió a Abby una mirada traviesa y cómplice.
            -Por eso le vamos a decir algo distinto, peque – dijo Lucille –. Luego te diré lo que le vamos a decir. ¿Trato hecho?
            Abby sopesó las opciones que tenía, y desde luego lo que Lucille le proponía le pareció mucho mejor que el plan original.
            -Trato hecho – dijo Abby –. Pero, ¿adónde vamos?
            -¿Sabes qué es el Hell’s Kitchen?
            Abby negó con la cabeza.
            -Es un club para gente como nosotros – explicó Lucille –. No tengas miedo, no te harán nada. Ahora eres vampira.
            -Tengo que acostumbrarme a eso – murmuró Abby.

            En el piso de Winston Wolff, mientras el susodicho dormía a pierna suelta, Monique y Jackie se preparaban para salir a recabar información, hablando en susurros para no romper el merecido descanso de su compañero.
            -Así que el plan es, básicamente… Entrar en el Hell’s Kitchen y agudizar el oído, ¿no? – preguntó Jackie.
            -Por el amor de Dios, ¿quieres dejar de repetirlo? – susurró Monique –. Mira que tu plan es el más sencillo, tú eres un vampiro; a mí no me dejarán entrar en la Bala de Plata.
            -Es que estoy nervioso…
            -Estás cagado, eso es lo que estás – dijo Monique.
            -Llámelo como quiera, inspectora, pero me juego el cuello.
            -Yo más que tú, Jackie, yo más que tú.
            -Entonces, ¿cómo es que está tan calmada?
            Monique se subió la cremallera de su cazadora de cuero y miró fijamente a Jackie.
            -¿Acaso te parezco calmada?
            No lo parecía. Monique Auxile, estando de servicio, nunca parecía calmada.
            -Pero tampoco parece nerviosa.
            -Algo que aprendes con los años y con mucho sufrimiento es a endurecerte y transformar tus nervios en eficacia.
            Jackie iba a responderle que, aunque pareciera más joven, en realidad le sacaba casi diez años, pero se contuvo. Sabía que Monique había pasado por cosas que, aunque él no supiera exactamente qué eran, sabía que no habían sido fáciles.
            -Hora de irse – anunció Monique –. Mucha suerte.
            -Igualmente, inspectora – dijo Jackie, mientras Monique salía por la puerta –. La necesitaré.

            Tyler actuaba sin un segundo de duda. Se preparó para bajar a las alcantarillas armado hasta los dientes: dos pistolas cargadas con balas de plata, su ballesta hecha a mano, ocho cuchillos de plata letalmente afilados, crucifijos de madera consagrados y cortados en punta, y frascos de agua bendita. Y si no llevaba estacas ni una Sagrada Hostia, era porque no le cabían en los bolsillos.
            Por mucho que le gustaran las entradas espectaculares (más por el factor sorpresa para el ataque que por impresionar a nadie), Tyler prefería evitar saltar al interior de las alcantarillas. La última vez que lo hizo, las pistolas quedaron totalmente inservibles al mojarse la pólvora de los casquillos, y la ventaja táctica de las armas cortas era algo a tener en cuenta.
            Así que abrió la tapa y aguantó estoicamente el hedor de la alcantarilla. Las alcantarillas de la ciudad estaban acusadas de una peste mayor a la de cualquier otra ciudad del mundo. La razón: era el refugio principal de demonios, vampiros y otras bestias, además de servir de “fosa común” para las víctimas, tanto de los monstruos como del crimen organizado. Entre las aguas fecales propias de todo sistema de alcantarillado, la putrefacción de los cadáveres, la humedad, y el olor a azufre propio de los demonios, la peste era insufrible.
            Tyler descendió por la mugrienta escalinata con sigilo, dejando que el Poder de la Visión comenzara a fluir por su cuerpo, hasta dar con los pies en tierra firme. Se agachó un poco, adoptando una posición de guardia y clavando la vista en el suelo.
            -¡Busco a Jeff Albertson! – gritó Tyler, dejando que su voz resonara por los túneles.
            A excepción de los chirridos de las ratas y el agua corriendo, no hubo respuesta alguna. Al menos de inmediato.
            -Me lo temía – murmuró Tyler, rompiendo la posición de guardia.
            -Los vampiros tienen la costumbre de salir por las noches, ¿sabes? – dijo una voz a su espalda.
            Tyler se volvió lentamente. Un humano que se negaba a salir de las sombras, dejando en incógnita su identidad.
            -Sí, algo he oído – dijo Tyler –. ¿Has visto por aquí a Jeff Albertson?
            -No tengo el placer – dijo el desconocido.
            -Un Tipo 2, estatura media, ropa militar, pelo cortado al milímetro, músculos grandes y cerebro pequeño. ¿Te suena?
            -No.
            -En ese caso piérdete, estoy trabajando.
            -¿En qué trabajas, por cierto?
            -Soy un actor en paro que por las noches trabaja para la CIA, ¿contento?
            El desconocido soltó una risa tranquila.
            -No tenía idea de que los actores en paro cazaran vampiros – dijo el extraño, calmadamente.
            -Lincoln, Alfa, Romeo, Golf, Alfa, Tango, Eco. ¡Lárgate!
            -¿Soldado?
            -Nunca aprendí a deletrear como es debido. ¿Quieres dejarme en paz?
            El extraño hombre sonrió, o al menos Tyler tuvo la sensación de que había sonreído, suspiró y giró sobre sus talones. Sus pasos se alejaron gradualmente.
            -Antes de hacer un trato con Lucifer deberías leer siempre la letra pequeña, Tyler – dijo el desconocido mientras se iba.
            Tyler no lo pensó dos veces y saltó siguiendo los pasos del desconocido, con una pistola en la mano y listo para disparar.
            No había nadie.
            Tyler se dio la vuelta para continuar su búsqueda, y en ello se golpeó la cabeza con una cañería rota, lo que le hizo perder el equilibrio y caer al agua.
            Y en ese momento apareció Jeff Albertson. Con otros cuatro vampiros, rodeando a Tyler.
            -Vaya, vaya, vaya, el cazador, cazado – dijo uno de los cuatro, riendo.
            -Vaya, vaya, vaya, qué poco original – dijo Tyler.
            -¡Tu madre es poco original! – saltó un segundo.
            Todos, incluido Tyler, miraron al autor del chascarrillo con desaprobación.
            -¿“Tu madre es poco original”? ¿En serio? – dijo el primer vampiro que habló.
            -Sí, colega, no te ofendas pero ha sido una frase poco afortunada – dijo Tyler desde el suelo.
            -En mi cabeza sonaba mejor – se excusó el vampiro.
            Jeff Albertson carraspeó, intentando centrar la atención de nuevo en lo que habían ido a hacer.
            -En cuanto terminéis de hablar de insultos, ¿podemos matar a este hijo de puta de una vez? – dijo Jeff Albertson.
            -Vaya, hombre, y yo que pensaba que iba a ser más fácil – dijo Tyler.
            Los cinco vampiros se abalanzaron sobre Tyler, que tuvo el tiempo exacto de saltar, agarrarse a una cañería, agarrar uno de sus cuchillos de plata, volver a dejarse caer y clavárselo a uno de los vampiros en la espalda, matándolo en el acto.
            -¡Cogedle! – gritó Jeff Albertson.
            Tyler cogió del suelo su ballesta y disparó, matando al instante a otro vampiro. Al tercero le clavó el crucifijo en el pecho aprovechando el impulso que el vampiro había cogido al correr hacia él. Y al cuarto le rompió un frasco de agua bendita encima, con lo que se disolvió en cuestión de segundos.
            Apuntó su pistola a Jeff Albertson.
            -Se te ha mojado la pólvora, cazador, no puedes matarme con eso – dijo el vampiro.
            Tyler le disparó en la rodilla.
            -¡Hijo de puta!
            -¿Quién ha dicho que quiera matarte, chupasangre? – dijo Tyler, sonriéndose.
            -¿Qué quieres?
            -Los planos de la mansión Versailles, ladrón de pacotilla.
            -¿De qué cojones estás…?
            Tyler le disparó en la entrepierna. Albertson gritó.
            -Robaste los planos de la mansión y los vendiste. Dime a quién.
            -¡Me has reventado los huevos!
            -Ya se regenerarán, imbécil. Dime a quién le vendiste los planos.
            -A un tipo… Está al otro lado del puente… Colecciona planos antiguos…
            -Dime el nombre de ese tipo.
            -Es… Saul Wallace… Anticuario… ¡Dios!
            -Gracias.
            Y le disparó en la cabeza.

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            Sunset had started.
            Lucille King got out of Versailles’ mansion just as soon as the sun was gone. The cold of the night couldn’t harm her icy skin, at least no more than the humiliation she had endured from the Vampire King had done to her immortal condemned soul.
            Versailles hated everything alive (or undead, for that matter), and his “brides” were no exception. He enjoyed humiliating them, far beyond the limits of simple sexual sadomasochistic games. He had to shake their dignity until they couldn’t abide it no more.
            Lucille King, former prostitute, fully recovered from a heroin addiction, was the last one in a long list of women who had surrendered to the King, voluntarily or not. All his previous wives died horribly by his own hand.
            She still had goosebumps when she thought about how his last wife had died. Versailles impaled the poor woman in an unholy crucifix, so that she didn’t die when she touched it. He literally drove the long pole of the cross into her anus and pushed hard until two feet of it came out of her mouth. According to him, this was his tribute to Vlad Draculea “The Impaler” – although anyone who knows the story knows that Vlad Tepes Draculea would have never impaled another vampire. Not satisfied with that, the King raped the woman while he peeled the skin and flesh from her skull with a silver knife, just like he would peel an orange, until he got bored of it, and pushed a live rat inside her vagina. The rat started chewing her flesh from the inside. Then he ejaculated on her wounds, and finally ended her suffering beheading her – though she didn’t have much of a head remaining – with his sword.
            This, in front of a terrified, still human Lucille.
            When she recalled such a disgusting scene, Lucille felt a fear shock running through her spine – fear for survival. She decided that she wasn’t going to let that be her final destination.
            “Lucille?” a voice called behind her.
            Lucille turned around. Little Abby was at the door of the mansion. The marks of recent tears could still be seen on her pale cheeks.
            “Yes, honey, come here”, Lucille said, kindly. “How are you?”
            Abby said nothing. Her taciturn expression was the vivid image of sadness and pain, due to her parents’ death.
            “Yeah, OK, sorry, that was a stupid question anyway”, Lucille said.
            “Where are we going?”
            “Actually, Louis hasn’t given any indications to me, other than to teach you”
            “I don’t wanna learn this”, Abby said in a whisper.
            “Sorry, girl, but there’s no turnin’ back”, Lucille said, understanding. “So you’d better learn to live with it, don’t ya think?”
            “I don’t wanna kill anyone”, Abby said, in the verge of tears.
            “Hush… I know, baby, I know”, Lucille said, trying to calm her down. “Look, let’s do something, alright?”
            Abby tried to keep calm and looked Lucille in the face.
            “You see, Louis wants me to teach you hunting for blood. And that’s tough at first, I know that. So we’re gonna change our plans a little, alright?”
            Abby stared at her, not quite fully understanding.
            “We’re gonna leave the hunting thing for later. I know you don’t wanna do it, but you have to. You need it to live. And you wanna live, don’t you?”
            Abby nodded, doubtful.
            “Luckily, nowadays there are some alternatives. So, if you like it better, these first days I’m gonna teach you other useful stuff to survive, and leave the whole hunting thing for later”
            “But… won’t he get mad?”
            Lucille looked at her mischievously.
            “That’s why we’re gonna tell him other story, kiddo”, Lucille said. “I’ll tell ya what we’re gonna tell him later. Deal?”
            Abby thought about the options she had. Lucille’s plan seemed quite a better option than the original plan.
            “Alright, deal”, Abby said. “But where are we gonna go now?”
            “Do you know Hell’s Kitchen club?”
            Abby shook her head no.
            “It’s a club for people like us”, Lucille explained. “Don’t be afraid, they won’t hurt ya. You’re a vampire now”
            “I gotta get used to that”, Abby mumbled.

            In Winston Wolff’s apartment, while the big cop was sleeping soundly, Monique and Jackie were getting ready to dig some info, whispering in order not to interrupt their partner’s deserved rest.
            “So the plan is basically… get into Hell’s Kitchen and just put my ears to work, isn’t it?” Jackie asked.
            “For Christ’s sake, Jackie, would you please stop repeating it over and over?” Monique whispered. “Your plan is the easiest! You’re a vampire. It’s me who won’t get let in the Silver Bullet”
            “Whatever, detective, but I’m risking my skin here”
            “I’m risking more than you, Jackie, believe me”
            “So how come you’re so calm?”
            Monique zipped up her leather jacket and stared at Jackie.
            “Do I seem calm to you?”
            She didn’t. Monique Auxile never looked calm while on duty.
            “But you don’t seem nervous either”
            “Something you learn over the years and a lot of suffering is to toughen up and turn your nerves into efficiency”
            Jackie was going to tell her that, although he seemed younger than her, he actually was like ten years older than her, but he decided to remain silent. He knew Monique had gone through some things that, although he didn’t know exactly what they were, they surely weren’t easy.
            “Time to go”, Monique announced. “Good luck”
            “Same to you, detective”, Jackie said, when Monique went out the door. “I’ll need it”

            Tyler acted without a split second of doubt. He got ready to go down to the sewers, armed and dangerous: two handguns loaded with silver bullets, his hand-made crossbow, eight razor sharp knives, wooden crucifixes sharpened like stakes, and little holy water bottles. And if he didn’t carry any stakes and a Holy Host, it was because he had no more room for those.
            As much as he liked shocking entrances – more due to the surprise factor rather than impressing anybody –, Tyler liked better to avoid jumping into the sewer. Last time he did so, the guns were unusable, because the powder in the shells got wet and couldn’t fire, and the tactical advantage of short range firearms was important.
            So he removed the lid, and stoically resisted the stink of the sewer. The city sewer system smelt worse than any other sewer system in the world, the reason being this: it was the main hiding place for demons, vampires and other beasts alike, aside from being a common burying ground for the victims of both monsters and gangsters. The usual waste, the decomposing corpses, the humidity and a certain smell of sulfur (surely demon scent) made the sewer stink to high heaven.
            Tyler went down the dirty staircase silently, letting the Power of the Vision flow through his body, until he got his feet to the floor. He ducked a bit, getting in a “ready to fight” stance, and stared at the ground.
            “I’m looking for Jeff Albertson!” Tyler yelled, his voice echoing in the tunnels.
            Except for the running water and the rats squeaking, there was no immediate answer.
            “I figured”, Tyler murmured, breaking his stance.
            “Vampires normally go out at night, you know?” a voice behind him said.
            Tyler turned around slowly. There was a human who wouldn’t come out of the shadows, thus remaining incognito.
            “Yes, I’ve heard so”, Tyler said. “Have you seen Jeff Albertson nearby?”
            “I don’t have the pleasure”, the unknown man said.
            “Type Two, average size, military clothing, very short hair, big muscles, small brain. Sounds familiar?”
            “Nay”
            “Then piss off, I’m working”
            “What do you do for a living, by the way?”
            “I’m an unemployed actor who works for CIA at night. Happy now?”
            The unknown man laughed quietly.
            “I didn’t know unemployed actors hunted vampires”, the strange man said, calmly.
            “Foxtrot, Uniform, Charlie, Kilo, Oscar, Foxtrot, Foxtrot. Fuck off!”
            “Are you a soldier?”
            “Never learnt to spell properly. Would you please leave me alone?”
            The strange man grinned, or at least Tyler felt that the man had grinned. He sighed and turned around, his footsteps gradually disappearing.
            “You should always read the fine print before making a deal with the Devil, Tyler!” the strange man said as he walked away.
            Tyler didn’t think twice. He jumped towards the footsteps of the stranger, a gun in his hand, ready to fire.
            Nobody.
            Tyler turned around to continue his search, and he accidentally banged his head against a broken pipe, which made him lose his balance and fall into the water.
            And it was that very moment that Jeff Albertson chose to show up… with four other vampires, surrounding Tyler.
            “Well, well, well, the hunter becomes the prey”, one of the other four said.
            “Well, well, well, how fucking clichéd”, Tyler replied.
            “Your momma’s clichéd!” a second vampire said.
            Everybody, including Tyler, disapprovingly stared at the one who made the joke.
            “Your momma’s clichéd? Really?” the first vampire said.
            “Yeah, man, no offense, but that wasn’t an appropriate thing to say”, Tyler concurred.
            “Sounded better in my head”, the second vampire said, justifying himself.
            Jeff Albertson cleared his throat, trying to focus the attention of the group in their initial objective.
            “When you’re done discussing insults, can we kill this motherfucking bastard once and for all?” Jeff Albertson said.
            “Aw, man, I thought this was gonna be easier”, Tyler said.
            All five vampires jumped onto Tyler, who had just the time to jump, hold on to a pipe, grab one of his silver knives, falling down again and stab one of the vampires in the back, killing him instantly.
            “Get him!” Jeff Albertson yelled.
            Tyler got his crossbow from the floor and shot an arrow, instantly killing another vampire. He killed a third one by stabbing him with a crucifix, using his enemy’s momentum to impale him. He killed the fourth one by breaking a bottle of holy water on him, making him dissolve in a matter of seconds.
            He aimed his gun to Jeff Albertson.
            “The powder got wet, hunter, you can’t kill me with that”, the vampire said.
            Tyler shot his kneecap.
            “You son of a bitch!”
            “Who says I want to kill you, bloodsucker?” Tyler asked, grinning.
            “Whaddya want?”
            “Plans of Versailles’ mansion, you low-down thief”
            “What the fuck are you talking…?”
            Tyler shot him in the groin. Albertson yelled.
            “You stole the plans of the mansion and sold them. Tell me who your buyer was”
            “You shot me in the balls!”
            “They’ll regenerate, jackass! Tell me who bought you the plans”
            “Some guy… At the other side of the bridge… Old plans collector…”
            “Tell me his name”
            “Saul Wallace… Antiquarian… Jesus!”
            “Thank you”
            And he shot him in the back of the head.

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