jueves, 19 de julio de 2012

V.S.: "Niños de la tumba" // "Children of the grave" (9)

Y por fin un nuevo capítulo.
Quizá este sea un poco largo, pero os garantizo que este es MUY adictivo. Tiene acción, comedia, diálogo audaz y avanza en la trama. Estoy particularmente orgulloso de este capítulo por llegar a un nivel tan alto, quizá no en calidad literaria sino en capacidad de entretenimiento.
Y sin más dilación... Que comience el espectáculo.

And finally a brand new chapter.
This one may be a little too long, but I guarantee you it's REALLY addictive. It's got action, comedy, sharp dialogue and plot advancing. I'm especially proud of this chapter because it reaches a new level, maybe not in literary quality, but in entertaining capacity.
And now, with no further ado... Let the show begin!

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            Jackie se preguntó por enésima vez qué demonios estaba haciendo allí.
            Realmente el concepto que Jackie Lamb tenía de “incógnito” era algo similar a un chiste malo. Iba vestido de negro, con gorra de visera para cubrirse la cara y gafas de sol. El conjunto habría resultado convincente si no se hubiera cubierto con una casaca de cuero marrón que parecía sacada de una película de vaqueros espaciales. Y lo peor del caso es que solamente fue consciente de ello segundos antes de entrar en el Hell’s Kitchen.
            Mascullando maldiciones entre dientes, Jackie fue abriéndose paso entre la multitud, dejando caer su gorra sin querer más de una vez, y no podía evitar sentir varias miradas fijas en él según pasaba. Tras un par de minutos de hacer un ridículo considerable, Jackie llegó a la barra del club, detrás de la cual estaba Liam, partiéndose de risa.
            -Ponme un Doble Negativo, por favor – dijo Jackie.
            -Marchando un Doble Negativo.
            En cinco segundos, Jackie tenía delante una copa con dos partes de sangre y dos del mejor whiskey escocés. Un auténtico manjar, si tu cuerpo puede tolerar el alcohol.
            -Por Cristo bendito, Jackie, quítate eso, ¿quieres? – dijo Liam, señalando primero la casaca marrón y luego la cara de Jackie.
            -Estoy de incógnito, Liam, no quiero que me descubran – dijo Jackie.
            Liam se echó a reír a sonoras carcajadas, antes de quitarle las gafas de sol a Jackie.
            -Chico, incluso a los vampiros les parece estúpido llevar gafas de sol por la noche, ¿sabes? Y quítate ese abrigo, no pega ni con cola.
            -Habló el experto en moda – dijo Jackie, con sarcasmo.
            -¡Exacto! No soy ningún experto en moda, y aun así me pareces un hortera. ¿No ves que así llamas la atención?
            Jackie se giró. Aunque no vio a nadie mirándole, podía sentir una mirada fija en él.
            -Vale, ¿me la guardas? – dijo Jackie, quitándose el abrigo.
            -Un placer – respondió Liam, que seguía desternillándose a costa del policía de incógnito.
            -Ahora, ¿hay algo nuevo cociéndose por aquí?
            -La banda toca muy alto, es difícil oír nada – dijo Liam, haciéndose el sueco.
            Jackie puso los ojos en blanco con exasperación y le tendió dos billetes de veinte dólares.
            -El Doble Negativo sólo cuesta cinco pavos – dijo Liam, diciéndole de manera sibilina que no se dejaba sobornar.
            Jackie bufó impaciente, guardó su dinero y le tendió los cinco dólares que costaba la bebida.
            -Vale, me voy a dar un voltio – dijo Jackie, levantándose de la barra con su bebida en la mano.
            -¡Disfruta de la velada! – dijo Liam, socarronamente.
            En el escenario, un grupo de blues desconocido tocaba una canción humorística titulada “Where is Dolores” que hacía reír a gran parte del público, borrachos y sobrios. Jackie agudizó los oídos y trató de concentrarse en las conversaciones a su alrededor.
            -…y yo le dije: “¡Déjame en paz! Yo tengo mi no-vida, no tengo que aguantar…
            -…te la chupo por veinte pavos; tendré cuidado con los dientes…
            -…Where is Dolores? Dolores, where is?...
            -…papel de Tom Cruise es magnífico, y Neil Jordan se supera como director…
            -…el aristócrata tiene una nueva aprendiz…
            ¡Alto! Ahí estaba.
            Jackie se acercó discretamente a una mesa. Había dos tipos hablando con un tercero. El primero de ellos hablaba por los codos. El segundo no decía nada. El tercero hablaba de vez en cuando. Se puso de espaldas a ellos y trató de no llamar la atención de los interlocutores.
            -…niña de unos once años. Muy mona. No me malinterpretéis, no soy de esa clase de tíos a los que les van los niños, pero…
            -Sí, ya, ¿cómo dices que se llama?
            -No tengo ni idea. La cuestión es que la novia de Versailles la ha traído por aquí. No sé si se han largado o siguen por aquí. Desde luego no es el ambiente adecuado para una niña, pero bueno, mejor que la traiga por aquí que no que la lleve a la Bala de Plata, ¿no? Eso sí que no sería apropiado, con tantas zorras de grandes tetas despelotándose en el escenario.
            -Versailles está jodiendo mucho a la raza, tío. No se debe convertir a niños tan pequeños, no es bueno.
            -Los “niños de la tumba” son una tragedia para nuestro mundo, tío. No me entra en la cabeza cómo un hijoputa puede hacerle algo así a un chaval. Ese franchute medio marica está volviendo el mundo en nuestra contra, lo juro por Dios.
            Niños de la tumba.
            Esa expresión era la que describía a los niños vampiros. Y en verdad era una tragedia. Solían ser niños tristes, atrapados en cuerpos no desarrollados por toda la eternidad, conviviendo con la pérdida de sus familias y amigos, sin esperanza alguna en el futuro y sobreviviendo en la miseria.
            Todos los vampiros tenían una triste época de transición en la que se hacían a la idea de su nueva condición. Algunos no lo soportaban. Pero en el caso de los niños la época de transición era mucho más duradera y dolorosa. Y todo apuntaba a que Abigail Harris era una nueva “niña de la tumba”.
            “Esto a Monique no le va a gustar nada”, pensó Jackie.
            Inmerso en estos pensamientos, Jackie no se dio cuenta de que los tres maleantes se habían percatado de su presencia y estaban a su espalda. Pero eso se solucionó cuando el pobre Tipo Tres recibió un fuerte golpe en la cabeza que le hizo caer al suelo.
            -¡Ay! – dijo Jackie.
            -Vaya, vaya. Pero si es Jackie Lamb en persona – dijo el tercer maleante.
            -¡Démosle una paliza a ese polizonte hijoputa! – dijo el primero.
            -Tranquilos, chicos… No estoy de servicio… – balbuceó Jackie.
            -Pero eres un poli de todos modos – dijo el tercero, con calma.
            -Tengo que irme – dijo Jackie, levantándose con torpeza.
            -Oh… ¿No te quedas un ratito más?
            Ahora la mayoría de clientes del Hell’s Kitchen estaban atentos a la potencial pelea que estaba a punto de estallar. Incluido Liam, que miraba con preocupación, y la banda de blues, que había dejado de tocar.
            -Je, je… No, gracias, se me hace tarde – dijo Jackie, cada vez más nervioso.
            -Vaya… Esperaba que pudiéramos hablar como viejos amigos.
            -Sí… Viejos amigos, sí – dijo Jackie, que no recordaba en absoluto la cara del tercer maleante.
            El primer maleante estaba ansioso por pelear, mientras que el segundo, más corpulento, hacía flacos esfuerzos por contenerle. Alrededor, muchos animaban gritando “¡Pelea, pelea, pelea!”.
            -No, de veras… Tengo que marcharme ya – dijo Jackie, asustadísimo.
            -¡Eh, nada de peleas en mi club! – gritó Liam.
            No hubo efecto alguno. La gente estaba ansiosa de pelea y todo apuntaba a que iba a haber pelea. Segundos más tarde, Liam cambió de opinión cuando la gente empezó a ofrecerle apuestas, diciendo “Diez pavos por el poli” o “Veinte por el matón”.
            Jackie seguía retrocediendo a paso de tortuga hacia la puerta, temblando como un flan. Para su desgracia, un vampiro del tamaño de un armario le había cerrado el paso hacia la puerta, sonriendo sardónicamente. Estaba atrapado.
            Los clientes del Hell’s Kitchen habían formado un círculo en cuyo centro estaba el tercer maleante, esperando a Jackie. El pobre policía sólo tuvo tiempo de tragar saliva antes de que el vampiro-armario le empujara al centro del improvisado ruedo.
            En el escenario, el guitarrista de la banda comenzó a tocar un fraseo de guitarra tex-mex para dar ambiente de pelea, y en cuestión de segundos la banda le siguió. Mientras tanto, en la barra, Liam estaba haciendo la fortuna de la noche con las apuestas de la pelea.
            Algo llamó la atención de Jackie. Una niña de once años. Abby Harris. Vestida con un traje gótico. Atemorizada ante la violencia. Sólo la vio un par de segundos, suficiente distracción como para que su atacante le sacudiera el primer puñetazo del combate.
            El miedo que Jackie sentía se transformó en ira cuando sintió el dolor latente en la cara. Miró a su atacante con furia en los ojos.
            -Vaya, mirad, el perrito inglés se ha cabreado – se burló el maleante.
            Jackie hizo chascar los nudillos.
            -Soy canadiense, ¡estúpido! – exclamó Jackie.
            Sin que el adversario se lo esperara, Jackie lanzó una serie de rápidos directos a su torso y a su cara, un rodillazo en la entrepierna, y remató con una patada directa al estómago que lo lanzó al escenario de la banda.
            Se hizo el silencio.
            El sorprendido atacante se levantó de un salto. El público se hizo a los lados para dejarle un pasillo por donde correr de nuevo al ruedo, cosa que hizo. Sin pensárselo dos veces, Jackie le sacudió una patada en la cara, aprovechando la inercia que el otro llevaba. Todo el mundo pudo oír el sonido de huesos rompiéndose antes de que el adversario cayera al suelo, inconsciente, tras dar una espectacular voltereta.
            Jackie pudo sentirse el amo del mundo en los segundos previos a que toda la clientela del Hell’s Kitchen cayera sobre él como una avalancha enfurecida.

            Monique se dirigió a la entrada de la Bala de Plata, donde un tipo de dos metros de alto y uno de ancho no quiso dejarla entrar.
            -Eh, eh, señorita, no puede usted entrar – dijo el “puerta”.
            -¿Y quién me lo prohíbe? – quiso saber Monique.
            -Yo. Lárguese.
            -¿Y por qué no puedo entrar?
            El tipo le hizo un escáner visual rápido de arriba abajo.
            -No puede usted entrar con zapatos de tacón – se inventó el “puerta”.
            -¡Pero si acabas de dejar pasar a un par de zorras con tacones que parecían destornilladores! Arma letal, no te dejarían llevarlo en un avión…
            -Además, no está en la lista – interrumpió el “puerta”.
            -¿Qué lista?
            -En ninguna lista. Lárguese o llamo a Seguridad.
            -¡No tienes ninguna lista, capullo! ¿Es porque soy latina, es eso? ¡Me cago en la raza aria de los cojones!
            -Le aseguro que su etnia no tiene…
            -Escúchame bien, blanquito maricón… O me dejas pasar ahora mismo o cuando acabe contigo tu padre va a tener una deliciosa hijita nueva a la que follarse por el culo las noches en las que no haya luna llena. ¿Me dejas pasar, lobo sarnoso?
            El “puerta” la miró sorprendido mientras Monique sacaba la placa especial.
            -Agente especial de la DAESU, gilipollas – dijo Monique –. Huelo feromonas de licántropo a kilómetros de distancia. ¡Dúchate de vez en cuando!
            El “puerta” dejó pasar a Monique a regañadientes.
            -Miau – le dijo Monique según pasaba, haciendo que el “puerta” le dedicara un gruñido de pocos amigos.
            La reputación de la Bala de Plata era merecida. El único club para adultos especialmente dedicado a los monstruos, en su publicidad se jactaba de poner espectáculos con un grado de erotismo que escapaba a la percepción humana. Y es que pocos seres humanos encontrarían excitante ver a dos mujeres realizar actos sexuales cuyo elemento principal era sangre de cerdo.
            Las noches sin luna llena, las strippers eran vampiresas que actuaban en el escenario principal al son de música electrónica, fundamentalmente actos sexuales lésbicos. Pero las noches con luna llena, las strippers eran mujeres-lobo inteligentes que bailaban desnudas en jaulas o hacían de todo con hombres-lobo salvajes, mientras una banda tocaba en el escenario principal.
            Monique entró en el momento en el que una de las strippers vertía sangre de cerdo caliente sobre su propio sexo y la otra se agachaba para lamerlo. Monique hizo una mueca de asco y apartó la mirada. No le gustaba la pornografía humana, ya no digamos la vampírica.
            Ignorando el show lésbico del escenario, Monique se acercó a la barra.
            -¿Se le ha perdido algo por aquí? – preguntó Larry Larson, barman y propietario del club.
            -Información importante – respondió Monique con sequedad.
            -Pues a menos que esté dispuesta a perder algún que otro billete no va a encontrar nada más que problemas – dijo Larry.
            Monique puso su placa especial sobre la mesa, y Larry perdió el color.
            -Agente especial de la DAESU – anunció Monique –. Más te vale decirme lo que quiero saber.
            -Oiga, aquí nadie molesta a nadie, ¿de acuerdo? – dijo Larry –. No quiero una bronca en mi local.
            -Dame información y me iré sin molestar a nadie.
            -Me temo que ya es un poco tarde para eso – dijo una voz grave a su espalda.
            Un grupo de tres vampiros se había colocado detrás de Monique y la miraba con desaprobación.
            -Eh, chicos, venga, la señorita no ha venido a buscar problemas… – comenzó a decir Larry.
            -No, pero los problemas le buscan a ella – dijo el que parecía el líder del grupo.
            Monique se volvió, aparentando toda la calma del mundo.
            -Podemos hacer esto de dos maneras – dijo Monique –. Me dejáis que os invite a una copa y comenzáis a cantar, u os vuelo la tapa de los sesos antes de que podáis moveros.
            Los tres empezaron a reírse, en parte por incredulidad, en parte para ocultar el miedo que les producía pensar que podía ser verdad.
            -¿Te crees que eres una especie de superagente especial o algo así? – dijo el líder.
            Larry les enseñó la placa que Monique había dejado encima de la mesa. Los tres vampiros borraron la sonrisa de sus caras y Monique adoptó una expresión triunfante.
            -¿Podemos? – dijo Monique.
            -Me temo que hemos empezado con mal pie – dijo el líder, sonriéndose nerviosamente.
            -Te mataré cuando tenga la oportunidad – dijo otro de ellos.
            Monique se volvió hacia él, sonriendo con malicia.
            -Soy policía. Mis compañeros saben dónde estoy. Si me tocas un solo pelo te garantizo que verás un bonito amanecer antes de convertirte en una pila de cenizas.
            El vampiro se tragó sus palabras.
            -Bien, como decía, busco cierta información – dijo Monique –. Hay en juego unos papelitos verdes muy bonitos con la cara de Ben Franklin si me decís lo que quiero saber.
            -La pasta por delante – dijo el vampiro que le había amenazado.
            -Tengo buena memoria para las caras, ¿sabes? Si eres bueno conmigo, en tu caso haré una excepción. Y créeme, no te conviene que yo recuerde tu cara.
            -Cállate, ¿vale? – dijo el líder, antes de dirigirse a Monique –. Dime qué quieres saber.
            -Ayer por la noche secuestraron a una niña del hospital. Quiero saber todos los detalles.
            Los vampiros se miraron entre sí.
            -Ni idea – dijo el líder.
            -No, nada – dijo el vampiro amenazador.
            El tercero simplemente negó con la cabeza.
            -¿Larry? – preguntó Monique.
            -Ni idea – respondió Larry –. De todos modos este no es un sitio en el que se deje entrar a niños.
            -¿Seguro? ¿Nada? – preguntó Monique.
            -No sé, la gente desaparece muy a menudo – dijo el líder –. ¿Puedes ser más específica? ¿Qué más sabes de ello?
            -Sé que Versailles está involucrado.
            Los tres vampiros se pusieron muy nerviosos al oír el nombre del Rey Vampiro.
            -Desaparece de aquí y no vuelvas jamás – dijo el líder.
            -¿Cómo dices? – dijo Monique.
            -Sí, ratita, no vuelvas por aquí – dijo el segundo –. No eres bien recibida en la Bala de Plata.
            -Me temo que no he sido todo lo persuasiva que pretendía ser – dijo Monique.
            -No insistas, perra – dijo el segundo –. Vete con tu placa a otra parte. Nadie de por aquí va a ayudarte jamás.
            -Desaparece – dijo el líder –. Te conviene hacerlo, humana. Aquí sólo vas a traer problemas.
            Dicho esto los vampiros se marcharon. Monique se volvió hacia Larry.
            -Inspectora, lo siento, pero aquí el nombre del Rey produce mucho miedo en todo el mundo – dijo Larry –. Y, sinceramente… él intimida más que usted.
            -Eso es porque estoy en baja forma – dijo Monique.
            -No estoy bromeando, inspectora – dijo Larry, con cara de seriedad total –. Será mejor que se marche. Si quiere información, tendrá que buscar en alguna otra parte.
            -Comprendo – dijo Monique.
            -Lo lamento mucho. Ojalá encuentre a esa cría, le deseo suerte. No puedo hacer nada más.
            -Gracias, Larry – dijo Monique, tendiéndole doscientos dólares –. Aquí tienes, por las molestias.
            Larry rechazó el dinero, le devolvió la placa y la despidió deseándole suerte. En su salida, Monique atraía todas las miradas, muchas de ellas de odio.
            -¿Ha encontrado lo que buscaba? – preguntó el “puerta”, sarcástico.
            -Que te follen el culo, maricón – respondió Monique, sin siquiera volverse.
            Monique entró en el Land Rover que había tomado prestado de Winston Wolff, y una vez conectó el motor se puso a gritar como una histérica, expulsando toda su rabia contenida.
            Tan absorta estaba en soltar improperios, que no pudo ver al propio Versailles entrando en el local, ni siquiera cuando le partió el cuello al “puerta” y escondió su cuerpo tras unos arbustos.

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            Jackie wondered, for the millionth time, what the hell was he doing there.
            The idea Jackie Lamb had of “incognito” was similar to a bad joke. He was dressed in black, with a baseball cap to cover his face and sunglasses. The outfit would have been believable, if it wasn’t for a brown coat that looked like it was taken from a space cowboy movie. The down part is that he realized it only seconds before coming into Hell’s Kitchen.
            Cursing under his breath, Jackie walked through the mass, dropping his cap more than once, and he couldn’t help but feel several people staring at him as he was passing by. After a couple minutes of horrible embarrassment, Jackie reached the bar, where Liam was laughing his guts off.
            “Double Negative, please”, Jackie said.
            “Double Negative on the way”
            Five seconds later, Jackie had a glass with two parts blood, two parts blended scotch whiskey in front of him. A true delicatessen, if your body could tolerate alcohol.
            “Jesus H. Christ, Jackie, lose that, would ya?” Liam said, pointing at the brown coat and then at Jackie’s face.
            “I’m incognito, Liam, don’t blow my cover”, Jackie said.
            Liam started laughing out loud, before taking Jackie’s sunglasses away.
            “Boy, even vampires think wearing sunglasses at night is stupid, y’ know? And lose that coat, man, it doesn’t fit at all”
            “Says the fashion expert”, Jackie said, sarcastic.
            “Exactly! I’m no fashion expert ‘ere, and still ya look really bad to me. Don’t ya see you’re drawin’ the attention on yerself?”
            Jackie turned around. Even though nobody was looking at him, he could feel a stare on himself.
            “OK, would you keep it for me?” Jackie said, losing the coat.
            “Ma pleasure”, Liam replied, still laughing out loud at the incognito cop.
            “Now, is there something new to know here?”
            “Band’s playin’ too loud, can’t really hear a thing”, Liam said, playing the fool.
            Jackie rolled his eyes, keeping his patience, and handed him two twenties.
            “Double Negative’s only five bucks”, Liam said, telling him in a foolish way that he didn’t take any bribes.
            Jackie hissed impatiently, kept his money and handed him the five dollars of the drink.
            “Alright, I’m gonna take a hike”, Jackie said, getting up with his drink in his hand.
            “Have a nice night!” Liam said, wittily.
            In the main stage, an unknown blues band played a comical theme entitled “Where Is Dolores?” that amused great part of the audience, both drunk or sober. Jackie put his ears to work and tried to focus in the conversations around him.
            “…and I told her: ‘Leave me alone! I have my unlife, I don’t have to stand…’”
            “…I suck your cock for twenty bucks, I’ll be careful with the teeth…”
            “…Where is Dolores? Dolores, where is?”
            “…Tom Cruise’s performance is outstanding, and Neil Jordan is an amazing director…”
            “…the nobleman has a new apprentice…”
            Stop! There it was.
            Jackie got closer to a table discreetly. There were two guys talking to a third one. The first one talked and talked. The second didn’t say a word. The third one talked every now and then. He put his back to them and tried not to be obvious.
            “…eleven year old kid, very cute. Don’t get me wrong, I’m not the kinda guy that likes kids, but…”
            “Yeah, yeah, what was her name again?”
            “Fuck knows. The point is, Versailles’ girl has taken her here. I don’t know if they’re gone or they’re still around. Anyway it’s not the proper fucking thing for a kid, but hey, better here than in the Silver Bullet, right? That wouldn’t be fucking appropriate, with all those fucking bitches with big tits getting naked on stage”
            “Versailles is fucking up the race, man. Nobody should create kids that young, it’s not good”
            “The Children of the Grave are a disgrace for our world, man. I still can’t imagine why a twisted motherfucker can do that to a brat. That Frenchie faggot is turning the whole fucking world against us, I swear to God”
            The Children of the Grave.
            That was the name that described the vampire children. And it was a real tragedy. They were sad children, trapped in underdeveloped bodies forever, living with the loss of their families and friends, with no hope in the future and living in misery.
            Every vampire had a hard transition time in which they assumed their new condition. Some didn’t stand it. But for the children, the transition time was longer and harder. And everything pointed out that Abigail Harris was a new “child of the grave”.
            “Monique is not gonna like this”, Jackie thought.
            Lost in these thoughts, Jackie couldn’t realize that the three thugs noticed him and were behind his back. The solution came in the form of a powerful blow to the head of the poor Type Three that made him fall to the ground.
            “Ouch!” Jackie said.
            “Well-a, well, if it isn’t Jackie Lamb in person”, the third thug said.
            “Let’s kick his motherfucking shiny cop ass!” the first one said.
            “Easy, guys… I’m not on duty”, Jackie said.
            “You’re a cop anyway”, the third one said.
            “I have to go”, Jackie said, standing up clumsily.
            “Oh… Don’t you stay for a little while?”
            Now great part of the Hell’s Kitchen attendants were focused on the potential fight that was about to break. Even Liam, who looked worried, and the blues band, that had stopped playing.
            “Ha, ha… No, thanks, it’s getting late”, Jackie said, more and more nervous.
            “Oh… I hoped we could have a chat like old pals”
            “Yeah, old pals…” Jackie said, not remembering at all the face of the third thug.
            The first thug was anxious for fighting, while the second, fatter than him, did little to keep him away. All around them, a lot of people chanted “Fight! Fight! Fight”
            “No, really… I have to leave right now”, Jackie said, scared to death.
            “Hey! No fights in my club!” Liam yelled.
            Nothing happened. People were up for a fight and everything pointed that there was going to be a fight. Seconds later, Liam changed his mind when people started betting “ten for the cop” or “twenty for the thug”.
            Jackie was slowly backing up towards the door, shaking like crazy. Unfortunately for him, a huge vampire had blocked his path to the door. He was trapped in there.
            The Hell’s Kitchen costumers had formed a circle, in the middle of which was the third thug, waiting for Jackie. The poor cop only had the time to swallow before the huge vampire pushed him into the improvised arena.
            On the main stage, the band’s guitarist started playing a tex-mex riff to create fighting atmosphere, and in a matter of seconds the whole band followed. Meanwhile, at the bar, Liam was making the fortune of that night with the bets.
            Something caught Jackie’s attention. An eleven year old girl. Abby Harris, dressed in a goth costume, frightened about the violence. He only saw her for a couple of seconds, enough for his attacker to punch him first.
            The fear that Jackie felt turned into anger when he felt the pain in his face. He stared at his attacker, furious.
            “Wow, look at that, the English little dog is pissed”, the thug taunted.
            Jackie made his knuckles crack.
            “I’m Canadian, you idiot!” Jackie yelled.
            Catching his adversary off guard, Jackie punched him fast and repeatedly on his torso and face, kneed his crotch and ended with a kick right to his stomach that threw him onto the main stage with the band.
            Dead silence.
            The surprised attacker got on his feet with a jump. The audience moved out of the way, clearing a way to run back into the improvised arena, which he did. Not thinking it twice, Jackie kicked him in the face, taking advantage of the momentum the other had gained running. Everybody could hear the sound of bones cracking before the adversary fell face first to the ground with an astounding flip.
            Jackie could feel the king of the world in the few seconds before hell broke loose and all the Hell’s Kitchen attendants attacked him like an enraged crowd.

            Monique went toward the Silver Bullet entrance, where a six-foot-tall, three-foot-wide guy refused to let her in.
            “Hey, hey, miss, you can’t get in”, the bouncer said.
            “Says who?” Monique wanted to know.
            “Says me. Move along”
            “Why can’t I come in?”
            The guy quickly scanned her with his eyes.
            “Can’t let you in with high heels”, the bouncer lied.
            “I just saw you let in two bitches with high heels like screwdrivers! Lethal weapon, sure they won’t let anyone wear those in a plane…”
            “Plus, you’re not on the list”, the bouncer said, cutting her off.
            “What list?”
            “Any list. Please go before I call Security”
            “You ain’t got no list, asshole! It’s because I’m Latina, isn’t it? Fucking Nazi whitey fags!”
            “Miss, your skin ethnicity has nothing to do with…”
            “Now listen up, whitey… You better let me in right now, or when I’m done with you your daddy’s gonna have a brand new daughter to fuck in the ass in the nights with no full moon. Now, you let me in, dawg?”
            The bouncer stared at her in disbelief while she took out her special badge.
            “USPAD special agent, motherfucker”, Monique said. “I smell lycan pheromones from miles away. Get a fucking shower!”
            The bouncer let Monique in, reluctantly.
            “Meow”, Monique said as she came in, making the bouncer growl at her in an unfriendly way.
            The Silver Bullet reputation was well-deserved. The only adult show for monsters in town bragged in advertisements about giving a show which erotic level was unknown to human beings. And, really, few humans would find arousing to see women doing sexual acts in which pig blood was the main element.
            In nights with no full moon, strippers were female vampires that took the main stage while electronic music played. Mainly it was lesbian sex. But in the full moon nights, strippers were werewolf women that danced naked in cages or did everything with feral werewolves, while a band played in the main stage.
            Monique came inside in the moment when one of the strippers poured warm pig blood on her own privates and the other went down to lick it. Monique frowned in disgust and looked away. She didn’t like normal porn, let alone vampire porn.
            Ignoring the lesbian show, Monique went to the bar.
            “Whaddya lookin’ for ‘round here?” Larry Larson, the barman and owner of the place, asked.
            “Important information”, Monique bluntly replied.
            “Well, unless you’re willin’ to lose a couple green papers, you ain’t gonna find nothin’ but trouble here”, Larry said.
            Monique put her special badge on the table, and Larry turned totally white.
            “USPAD special agent”, Monique said. “You’d better tell me what I wanna know”
            “Hey, nobody’s messin’ with nobody, a’right?” Larry said. “I ain’t want no fight in my place”
            “Then gimme my info and I’ll leave without causing any trouble”
            “I’m afraid it’s a little late for that”, a deep voice said behind her.
            A group of three vampires were behind Monique, staring at her in disapproval.
            “Hey, fellas, c’mon, the lady ain’t lookin’ for trouble…” Larry started to say.
            “Nope, but trouble seems to look for her”, the apparent leader of the group said.
            Monique turned around, calm as she could be.
            “We can do this in two ways”, Monique said. “A, you let me pay you a drink and start a-talkin’, or B, I blow the back of your head before you can even blink”
            The three of them started laughing out loud, part in disbelief, part to cover their fear that it could be true.
            “You think you’re some kind of super-agent or something?” the leader said.
            Larry showed them the badge she had put on the table. The three vampires wiped the smile out of their faces, and Monique pulled a “winner” face.
            “Shall we?” Monique said.
            “I think we’ve started totally wrong”, the leader said, grinning nervously.
            “I’ll kill you when I have the chance”, another vampire said.
            Monique turned to him, an evil grin shining on her face.
            “I’m a cop. My partners know where I am. You touch one single hair of mine, I guarantee you’ll see a beautiful dawn break before turning into ashes”
            The vampire swallowed his words.
            “Good. As I was saying, I’m looking for some info”, Monique said. “There are some beautiful little green papers with Ben Franklin’s face printed on ‘em if you tell me what I wanna know”
            “Show me the money”, said the vampire who threatened her.
            “I have a good memory for faces, you know? If you’re good to me, I’ll make an exception with you. And believe me; you don’t want me to remember your face”
            “Shut the fuck up”, the leader said to him, before turning to Monique. “Tell me what you want to know”
            “Last night a girl was kidnapped in the hospital. I wanna know all the details”
            The vampires looked at each other.
            “No idea”, the leader said.
            “Nope, nothing”, the threatening vampire said.
            The third one simply shook his head no.
            “Larry?” Monique asked.
            “Not a clue”, Larry replied. “This ain’t no place for children anyway”
            “Are you sure? You have nothing?” Monique asked.
            “Dunno, ma’am, people disappear really often here”, the leader said. “Could you be more specific? What else do you know?”
            “I know Versailles is involved”
            The three vampires got really nervous when they heard the name of the Vampire King.
            “You get away from here and never come back”, the leader said.
            “Come again?” Monique said.
            “Yeah, little rat, don’t come back around”, the second vampire said. “You ain’t well received in the Silver Bullet anymore”
            “I think I wasn’t as much convincing as I meant to be…” Monique threatened.
            “Don’t insist, you bitch”, the second vampire said. “Go somewhere else with your badge. No one’s gonna help you here, never!”
            “Disappear”, the leader said. “You had better do it, human. You’re only gonna cause more trouble”
            After that the vampires got away. Monique turned to Larry.
            “Sorry, detective, but the King’s name causes fear in ev’ryone ‘round here”, Larry said. “And, bein’ honest, he’s scarier than you are”
            “That’s ‘cause I’m not in good shape now”, Monique said.
            “I ain’t joking, detective”, Larry said, dead serious. “You’d better leave. If you want information, you’ll have to look somewhere else”
            “I understand”, Monique said.
            “I’m really sorry. Hope you find that kid, though. Good luck. I can’t do no more for ya”
            “Thanks, Larry”, Monique said, giving him two hundred dollars. “Here, thanks for your time”
            Larry returned the money and the badge to her, and told her goodbye wishing her good luck. On her way out, Monique attracted all the stares, some of them of pure hatred.
            “Found what you’re looking for?” the bouncer asked, sarcastically.
            “Fuck you in the ass, you fag”, Monique replied, not even turning to face him.
            Monique got into the Land Rover she had borrowed from Winston Wolff, and after she turned the engine on she started screaming, hysterical, letting out her contained rage.
            She was so deep into screaming and yelling, that she couldn’t see Versailles going into the club, not even when he snapped the bouncer’s neck and hid his body between the bushes.

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