martes, 26 de junio de 2012

V.S.: Niños de la tumba // Children of the grave (7)

¡Por fin de vacaciones!
Hoy os traigo un poco más de "Niños de la tumba". Es una historia algo complicada, tal y como tengo planeado que se desarrolle. Tengo que pensar mucho en todos los eventos que darán lugar al desenlace final que tengo planeado, y que desde luego no parece estar muy próximo.
Sigo introduciendo nuevos personajes en la historia principal. Por el momento la mayoría de estos personajes no tendrán relevancia fuera de esta historia, aunque me reservo el derecho de cambiar de opinión al respecto (vease lo que pasó con Jackie).
Dicho esto, ¡disfrutad!

School's out for Summer!
Today I bring you some more "Children of the grave". It's a complicated storyline, as I'm planning it to unfold. I have to think about every event that will take the story to the ending I have planned, and it doesn't seem to be near.
I'm still introducing new characters in the main storyline. For now most of these characters won't be important outside this story, although I could change my mind later (see what happened with Jackie!)
Now, with no further ado, enjoy!

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            Winston Wolff salió de la comisaría para ir a almorzar, aunque fuera ya algo tarde para ello. El sol golpeó sus ojos sin un ápice de misericordia; al fin y al cabo, el astro rey no tenía la culpa de las horas de sueño que había perdido. Wolff sacó sus Ray-Ban del bolsillo, gruñendo al sentir un pulso de dolor en su cabeza, y protegió de la luz sus ojos secos e irritados mientras le dedicaba al sol un “Jódete” entre dientes. No veía el momento de que llegase su día libre y pasárselo durmiendo a pierna suelta, recuperando el sueño acumulado.
            Con andar errático se dirigió a la cafetería de la esquina de la calle. Dejó salir un par de sonoros bostezos. Decidió que esa noche iba a dormir, y que ya podían darle a la DAESU y especialmente a Monique Aux…
            -¡Winston!
            Hablando del rey de Roma…
            Monique Auxile se acercó a Wolff por detrás con un bloc de notas en la mano. Lo último que Wolff necesitaba en ese momento era más información.
            -Vengo de hablar con los médicos, y… ¡Dios santo! Tienes una cara horrible, ¿te ocurre algo?
            A pesar de que en su mente se reprodujeron miles de respuestas sarcásticas que darle a la inspectora, Wolff no se inmutó lo más mínimo y decidió simplemente quedarse mirándola con su cara somnolienta, en silencio, durante unos segundos.
            -Iba a comer ahora – dijo Wolff, casi por automatismo –. ¿Tú has comido? Ven y me lo cuentas con una hamburguesa o algo. Necesito comer.
            -Lo que necesitas es dormir, lobo – dijo Monique –. ¿Quieres la noche libre?
            -¿No me necesitas?
            -Creo que puedo arreglármelas con Jackie; necesitas descansar.
            -Se agradece. Entremos.
            Diez minutos después, Wolff comenzaba a devorar un kebab de pollo mientras Monique bebía a sorbos cortos de un vaso de cartón lleno de café solo.
            -Como te decía, he estado hablando con los médicos – dijo Monique.
            -¿Y bien? – balbuceó Wolff con la boca llena.
            -Aparte de que el tal doctor Peck tiene serios problemas de autocontrol… nada en claro.
            -Ya. ¿Con quién has hablado?
            -Los dos médicos, y he sobornado a un celador que no tenía ni idea. En cualquier caso, nada que no supiéramos ya.
            El móvil de Wolff sonó. Era Jackie.
            -Inspector, aquí Jackie Lamb – dijo Jackie.
            -¡Jackie, muchacho! ¿Dónde estás?
            -Como he dicho, “aquí”. La ventana a sus tres en punto.
            Wolff se giró y miró por la ventana de la cafetería. Vio a Jackie al otro lado del cristal, mirándole directamente y haciéndole una seña con la mano mientras en la otra sostenía su teléfono.
            -¿Podría venir a la puerta y decirme “puedes entrar”? Nadie más quiere hacerlo y llevo intentándolo unos cinco minutos – dijo Jackie al otro lado de la línea.
            Wolff se levantó, invitó a Jackie a pasar y le condujo hasta la mesa.
            -¿Quieres un poco? – dijo Wolff, ofreciéndole un poco de su kebab.
            -Gracias, pero el pollo me sabe a ceniza – dijo Jackie.
            -¿Qué tienes? – preguntó Monique.
            -A un irlandés cabreado, eso es lo que tengo – dijo Jackie –. Por lo demás, nada en limpio.
            -Jackie, a los dueños de bares no les gusta que les amenacen con una inspección de Sanidad – dijo Wolff –. Y menos aún a los que regentan clubes de monstruos.
            -Para usted es fácil, señor; si un vampiro le ve en la puerta para interrogarle, se caga en los pantalones. O lo haría si tuviera intestinos.
            -Lo que sea; luego te daré un par de consejillos de interrogatorio.
            Monique carraspeó, centrando la atención otra vez en sí misma.
            -Sí, eso – dijo Jackie, recordando por qué estaba ahí –. Liam O’Ronan dice que lo único que se rumorea por el Hell’s Kitchen es que Versailles ha secuestrado a una niña. Lo cual es algo que ya sabemos. Dice que la cosa está demasiado reciente como para que los vampiros hayan tenido tiempo de rumorear, que esta noche tendrá más información.
            -Buen trabajo, Jackie – dijo Monique.
            -Inspector, ¿viene conmigo esta noche? – preguntó Jackie.
            Wolff miró a Jackie por encima de las gafas de sol, mostrándole durante unos segundos sus ojos enrojecidos.
            -¿Te parece que tenga pinta de mantenerme en pié esta noche? – dijo.
            -Oh… Entiendo.
            -Vale, escuchad – dijo Monique –. Esta noche, yo iré a La Bala de Plata; Jackie, tú vuelve al Hell’s Kitchen y sácale la información que puedas a Liam O’Ronan.
            -Inspectora, si la clientela habitual del Hell’s Kitchen me pilla por ahí una noche, puede que no vuelva de una pieza – dijo Jackie –. Esas bestias reconocen a un poli a kilómetros de distancia. ¿Por qué cree que he ido a las tres de la tarde? La DAESU no es una organización a la que tengan mucha simpatía…
            -Pues vas de incógnito, imbécil – dijo Monique –. Vuelve a la comisaría, seguiremos hablando allí.
            Jackie se levantó de la mesa y, tras despedirse, marchó a la comisaría. Wolff se quedó pensativo un momento.
            -Monique, he estado pensando… Ya sabemos quién está detrás de esto. ¿Qué andamos buscando?
            Monique suspiró con gravedad.
            -Quizá una esperanza de que esa niña siga con vida – respondió.

            Otro que sólo podía pensar en recuperar el sueño perdido era David Peck, saliente de una de las peores guardias de su vida, si no la peor.
            Peck llegó a su apartamento arrastrando los pies, y tan pronto como soltó sus cosas se desplomó en el sofá y comenzó a roncar con fuerza. Entonces, Starla salió de la ducha, encontrando a Peck dormido en una postura grotesca.
            Starla era la hija de Carl Hudson. Tenía diecinueve años, a punto de cumplir los veinte. Como favor especial, Peck había contratado a Starla para que le ayudara con las tareas de la casa cuando ésta dejó los estudios, a punto de graduarse. Eso había sido hacía ocho meses. Y hacía cinco que Starla y Peck se acostaban a escondidas de Carl Hudson.
            -¿Dave? – dijo Starla.
            Peck murmuró algo incomprensible que el cojín en el que tenía apoyada la cara amortiguó.
            -Dave…
            Peck despertó y miró a Starla, sólo para mirar a otra parte.
            -Starla… Estás desnuda.
            -Creí que te gustaba así, semental – dijo Starla con voz sexy.
            Peck sonrió sin fuerzas.
            -Y me gustas. Desnuda y vestida. Pero no he dormido nada…
            Starla se agazapó sobre el cuerpo exhausto de Peck.
            -¿Quieres rematar la faena y duermes sin tantas tensiones acumuladas? – susurró Starla.
            Lo último que Peck necesitaba era sexo. O al menos eso pensaba su cerebro. Sus genitales, a juzgar por su creciente estado de predisposición, parecían discrepar.
            Peck soltó una risita pervertida.
            -Al menos si esta vez me duermo justo después, tengo excusa – dijo Peck.
            Starla se rió, divertida.
            -Venga, toro bravo – dijo Starla –. Embiste.
            Peck tenía razón: minutos después del sexo dormía como un bebé.

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            Winston Wolff got out of the precinct for lunch, albeit it was a little late for it. The sunlight hit his eyes without a single bit of mercy – after all, the big star wasn’t to blame for all the sleep he had lost. Wolff took his Ray-Ban from his pocket, groaning as he felt a painful pulse in his head, and protected his sore, dry eyes while he said “Fuck you” to the Sun under his breath. He desperately wanted his spare day to arrive, so he could sleep soundly all day and recover from his sleep deprivation.
            With a clumsy step, he walked toward the cafeteria next corner. He yawned soundly a couple of times. He decided that he was gonna sleep that night, and tell the USPAD and especially Monique Auxile to get themselves fu…
            “Winston!”
            Speaking of which…
            Monique Auxile ran towards Wolff with a notepad in her hand. More information was the very last thing Wolff needed at that moment.
            “I just talked with the doctors and… Oh my goodness! You have a terrible face, are you OK?”
            Even though a zillion sarcastic answers for his partner played inside his brain, Wolff decided to remain still and just silently stare at her with his sleepy face for a couple of seconds.
            “I was gonna have some lunch”, Wolff said, almost automatically. “Have you had lunch yet? C’mere and tell me over a burger or sumthin’. I just need some lunch”
            “You need some sleep, wolf”, Monique said. “You wanna rest tonight?”
            “Don’t ya need me?”
            “I think Jackie and I will be fine, you need some rest”
            “Thanks. Come in”
            Ten minutes later, Wolff started to munch on his chicken shawarma, while Monique sipped on her Starbucks black coffee cup.
            “As I said, I’ve been talking with the doctors”, Monique said.
            “So?” Wolff said with a mouthful.
            “Aside from Doctor Peck’s desperate need of self-control therapy… nothin’ new”
            “I see. Who did you talk to?”
            “I’ve talked to those two doctors. And I’ve paid a cleaner to talk, but he didn’t know shit. Anyway, nothing clear”
            Wolff’s cell phone rang. It was Jackie.
            “Detective, Jackie Lamb here”, Jackie said.
            “Jackie boy! Where are you?”
            “As I said, ‘here’. The window at your three o’ clock”
            Wolff turned around and looked out the window of the café. He saw Jackie on the other side of the glass panel, looking directly at him and making him a sign with his hand while holding his phone with the other.
            “Could you please come to the door and invite me in? No one else wants to do it and I’ve been trying for five minutes now”, Jackie said on the other side of the line.
            Wolff got up, let Jackie in and took him to the table.
            “You want some?” Wolff said, offering him some shawarma.
            “Thank you, but chicken tastes like ash to me”, Jackie said.
            “What do you have?” Monique asked.
            “A pissed off Irishman, that’s what I have”, Jackie said. “Aside from that, nothing useful”
            “Jackie, pub owners don’t like to be threatened with a health inspection”, Wolff said. “Especially the monster club owners!”
            “It’s easier for you, sir! If any vampire finds you knocking at their door for interrogation, they shit their pants. Or they would, if vampires had lower intestines for that matter”
            “Whatever. I’ll give you some interrogation advice later on”
            Monique cleared her throat, drawing the attention back to herself.
            “Yeah, right”, Jackie said, suddenly remembering what brought him there. “Liam O’Ronan says the only gossip of our interest in Hell’s Kitchen club is that Versailles has kidnapped a girl… which is something we already know. He also says that this stuff is too recent for vampires to gossip about it, and he’ll have more information tonight”
            “Good job, Jackie”, Monique said.
            “Detective Wolff, are you coming with me tonight?” Jackie asked.
            Wolff stared at Jackie over the frame of his sunglasses, exposing to him his red eyes for several seconds.
            “Do ya think that I look like I can stand on my feet tonight?” he said.
            “Oh… Got it”
            “Alright, listen”, Monique said. “Tonight, I’m going to Silver Bullet. Jackie, you will go back to Hell’s Kitchen and dig all the info you can from Liam O’Ronan”
            “Detective, with all due respect, if the usual Hell’s Kitchen clients catch me there one night, I might not come back in one piece”, Jackie said. “Those beasts recognize a cop from miles away. Why do you think I’ve gone there at 3 PM? USPAD isn’t the kind of organization that they sympathize with!”
            “Then you go incognito, dumbass!” Monique said. “Now go back to the precinct, we’ll keep talking about this there”
            Jackie got up from the table, said goodbye and headed back to the precinct. Wolff thought for a minute.
            “Monique, I’ve been thinking… We already know who’s behind this. What are we looking for?”
            Monique sighed deeply.
            “Maybe the last hope that this girl’s still alive”, she replied.

            The other one who could only think about recovering from sleep deprivation was David Peck, who just got out of one of the worst – if not the worst – night shifts of his life.
            Peck entered his apartment, almost dragging himself in, and as soon as he put his stuff away he threw himself onto the couch, and started to snore soundly. Then Starla got out of the shower and found Peck sleeping in a grotesque fashion.
            Starla was Carl Hudson’s daughter. She was nineteen, about to turn twenty. As a special favor, Peck had hired Starla to help him with his chores when she dropped high school, just before her graduation. That was eight months before. And since five months before, Starla and Peck were sleeping together behind Carl Hudson’s back.
            “Dave?” Starla said.
            Peck mumbled gibberish that was muffled by the pillow he had his face resting on.
            “Dave…”
            Peck woke up and looked at Starla, only to look somewhere else.
            “Starla… You’re naked”
            “I thought you liked me this way, stallion”, Starla said with a sexy voice.
            Peck smiled with all his might.
            “And I like you, naked or dressed. But I haven’t slept for…”
            Starla got in all fours over Peck’s exhausted body.
            “You wanna finish it off and sleep without tensions?” Starla whispered.
            Sex was the very last thing Peck needed at that moment. At least, that was his brain’s opinion. His genitals, however, seemed to disagree by showing a growing state of willingness.
            Peck chuckled perversely.
            “At least, now I have an excuse if I fall asleep right after”, Peck said.
            Starla laughed, amused.
            “C’mon, raging bull”, Starla said. “Attack!”
            Peck was right. Not a minute after sex, he was sleeping like a baby.

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Lo sé, este capítulo no ha sido muy largo... Pero si hubiera incluído la siguiente escena hubiera sido DEMASIADO largo. Sigo trabajando en ello.
Espero que os haya gustado.

I know, this episode wasn't long... But if I had included next scene, it would've turned out to be TOO long! I'm still working on it.
I hope you liked it.


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2 comentarios:

  1. Monique es una borde, pero con todas las de la ley xD

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    1. Y nunca mejor dicho, "con todas las de la ley" XD

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