miércoles, 9 de mayo de 2012

V.S.: Niños de la tumba // Children of the grave (3)

Y llegamos a la tercera entrega de "Los niños de la tumba".
He de advertiros que esta será la última entrada de blog que haga en los próximos dos meses. Lamentablemente nadie escapa a los exámenes de junio (parciales y finales, todos seguidos) y tengo que estudiar. Tendré muy poco tiempo libre y tengo que diversificarlo un poco. Y lamentablemente una de las cosas que caerán será la escritura.
Hace poco dije que dejaría de escribir momentaneamente para concentrarme más en mis estudios. Y lo he hecho hasta hoy, que me he tomado una licencia para no teneros esperando mucho más hasta que pasen los exámenes.
Dicho esto... Disfrutad.

And finally we reach chapter 3 of "Children of the grave".
I've gotta tell you this is gonna be the last blog entry in the next two months. Sadly, nobody escapes exams in June (partials and finals, no time in the middle for rest) and I have to study. I will have very little spare time and I have to diversify a little. And, sadly, one of the things I have to cut off is writing.
Not long ago I said I would stop writing for a while to focus on my studies. And I've kept it until today. I want to give you something more, because I don't want you to keep waiting and waiting for next part until my exams are over.
That being said... Enjoy!

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            Versailles había regresado ya a su mansión sobre la hora a la que Abigail Harris salía del quirófano. Faltaban aún varias horas para el amanecer, y le fastidiaba sobremanera que, siendo la noche aún joven, tuviera que volver. Pero había sentido la presencia de un lobo en el hospital y tenía que largarse. Es ley de vida desde el principio de los tiempos que los vampiros y los licántropos se lleven a matar, como el perro y el gato; enemigos naturales. Y de las leyes de la naturaleza no se escapa ni el de sangre más azul.
            Sin embargo, Versailles notaba como su niño mimado interior se sentía insatisfecho. En primer lugar, le Roi des Vampires habíase desprendido de su lujoso atuendo de noble dieciochesco, unos ropajes que a ojos de cualquier otro convertían al apuesto rey en un anacronismo con patas, pero que a él le parecían un conjunto sagrado. Versailles odiaba disfrazarse, y jamás lo hacía, aunque admitía que era una táctica tremendamente útil al salir de cacería. Pero prefería esconderse entre las sombras antes de fingir ser lo que no era. Si pudiese hacerlo, gritaría bien alto lo que era: un vampiro orgulloso de su condición.
            Pero esa noche se había disfrazado de médico. Y además ni siquiera había podido morder a aquella niña, su objetivo de esa noche. Tuvo que conformarse con los recipientes que recogían la sangre bajo la mesa de operaciones.
            Haciendo inventario de todos esos fallos, el Rey de los Vampiros se sentía furioso. Su gourmet interior había quedado insatisfecho. Con rabia contenida en sus movimientos, se despojó de sus harapos contemporáneos, lanzándolos al fuego de la chimenea según pasaba, y recorrió desnudo el camino que llevaba a sus aposentos. Una vez allí se volvió a enfundar en su adorado atuendo posbarroco.
            Ya ataviado, bajó hasta el sótano, transformado en unas mazmorras de inspiración medieval donde gustaba de torturar a desafortunados reos. Allí se hallaba su altar de piedra, una obra de ingeniería de innegable sofisticación. La parte superior del altar era cóncava y formaba una especie de pila, con un sumidero en el centro. Este sumidero conectaba con un intrincado circuito cerrado de tuberías que el mismo Versailles había instalado por su cuenta, paralelamente al del agua corriente, y que terminaba en un depósito privado que se encontraba en el anexo de la mansión. Algo increíblemente complicado e innecesario, pero sin duda alguna ingenioso.
            Ese altar de piedra había sido escenario de los más abyectos ritos paganos y satánicos. Sobre él, hallábase una joven meretriz del Lejano Oriente. Sus muñecas y tobillos sangraban a causa de la fricción del metal de las gruesas cadenas y los grilletes sobre la débil piel. Las primeras gotas de sangre caían ya sobre la superficie cóncava del altar, deslizándose hacia el sumidero que conectaba con el depósito de sangre.
            Versailles echó la mano al látigo que colgaba de la pared y lo desplegó mientras sonreía con malicia. La mujer, desnuda, encadenada y amordazada, abrió mucho los ojos, con miedo, e intentó gritar, un grito que a través de la mordaza quedó ahogado. Versailles se encontraba visiblemente excitado, y eso que todavía no había empezado.
            Desató la mordaza de la muchacha. Quería oírla gritar. Versailles se alejó tres pasos antes de descargar su látigo, con todas sus fuerzas, sobre la piel desnuda de la joven, arrancándole, a la vez que un largo y fuerte grito de dolor, una tira de piel. La sangre goteó de la herida mientras la joven lloraba de miedo y de sufrimiento. El rey siguió descargando latigazos con fuerza, alimentando la potencia de su brazo con cada aullido, cada llanto, cada grito. Lágrimas y sangre caían sobre la pila, mezclándose en el minúsculo sumidero. Cada golpe del cuero sobre el cuerpo desollaba una tira de piel de la pequeña puta, descubriendo una semisólida línea carmesí bajo el pellejo impuro que sucumbía bajo los golpes del implacable y sádico látigo. El vampiro gemía con una mezcla de esfuerzo y placer cada vez que su brazo ejecutaba los golpes.
            Tras innumerables sacudidas, Versailles soltó el látigo con suficiencia y desenvainó su espada. Miró con lascivia el cuerpo sanguinolento de la chiquilla antes de propinar poderosas estocadas a la chica. Versailles sabía perfectamente dónde clavar el acero sin que resultara letal, haciendo que la víctima sufriera durante más tiempo. El líquido carmesí brotaba de las heridas que la espada causaba en el torso de la insignificante humana, mientras la vida de ésta se escurría por el sumidero junto con su sangre. Para cuando Versailles descargó el coup de grace sobre el cuello de la prostituta, separando su cabeza del resto del cuerpo, ésta ya había perecido.
            Algo más satisfecho, el vampiro más poderoso del mundo terrenal desencadenó los tobillos inertes de la mujer y los ató a otra cadena que conectaba con una polea. Versailles accionó una manivela y el cuerpo ensangrentado ascendió hasta quedar colgando bocabajo sobre el altar, escurriendo hasta la última gota de sangre.
            Mirando la cabeza cortada de su última víctima, Versailles sonrió con malicia, mientras lamía el brillo rojo de la hoja de su espada de acero toledano. Acto seguido giró sobre sus tobillos y emprendió la marcha mientras trazaba un plan B.
            Faltaban tres horas para el amanecer.

            Winston Wolff detuvo su Land Rover frente a un oscuro callejón. Allí se levantaba, imponente, el Templo de Satán, edificio de arquitectura que imitaba el estilo renacentista europeo, pero con enormes puertas de color negro. Monique se quedó mirando, estupefacta (¿asustada, tal vez?) ante el inmenso edificio.
            -Está en la habitación de servicio – indicó Wolff –. La puerta es aquella pequeña de la izquierda.
            Wolff señaló una puerta pequeña, aunque no menos pintoresca, al extremo izquierdo del templo.
            -Andando – dijo Monique, tirando de las esposas como si se tratasen de la correa de un perro.
            -¡Ay! ¡Para ya, joder, no es necesario!
            Monique abrió las esposas, y casi arrastró a su compañero de la oreja hasta el templo. Golpeó la puerta y esperó. No pasaron ni dos segundos antes de que la puerta se abriera de golpe y apareciera tras ella la imponente figura de Tyler D, enfundado en su gabardina de cuero negro sintético y con su greñuda melena cubriéndole gran parte de la cara.
            -¿Puedo ayudarla en algo?
            -Buenas noches. Soy la inspectora Monique Auxile, de la Policía. ¿Podemos hablar unos minutos?
            Monique se adelantó un paso. Un movimiento en falso. Tyler cerró la puerta con todas sus fuerzas, que no eran pocas, golpeando a la inspectora de lleno en la cara. Monique cayó al suelo ante la mirada de Wolff, que se hallaba apoyado en la pared sin inmutarse lo más mínimo.
            -¿Ya estás contenta? – preguntó.
            Monique le dedicó una mirada llena de rabia.
            -Yo nunca estoy contenta – gruñó.
            Monique se puso en pie de un salto y derribó la puerta de una patada. Tras ella, en el centro de la habitación, estaba Tyler, apuntando a la cabeza de la inspectora con su ballesta. Monique apuntó a Tyler con su arma reglamentaria. Wolff, en cambio, se quedó apoyado en el marco de la puerta con los brazos cruzados, como si en lugar de un “equilibrio mexicano” un tanto bizarro estuviera presenciando una riña matrimonial ida de las manos.
            -Monique, no hagas tonterías – dijo Wolff, cansinamente.
            El cuadro era, cuanto menos, cómico. Monique Auxile tenía la adrenalina disparada, su Glock le temblaba en las manos. Tyler apuntaba a la inspectora con su elaborada ballesta hecha a mano, en un ademán certero y casi prepotente que casi contrastaba con la postura protocolaria de Monique. La guinda del pastel, por supuesto, era Winston Wolff, apoyado en el marco de la puerta en la calma más absoluta.
            Siguieron en esta tensión durante unos segundos antes de que la inspectora se atreviera a romper el silencio.
            -Sólo queremos hablar con usted – dijo.
            -¿Qué he hecho ahora? – preguntó Tyler.
            -Eso lo sabrá usted; sólo hemos venido a pedirle consejo profesional.
            Tyler bajó el arma y relajó su expresión.
            -Haber empezado por ahí – dijo Tyler, soltando el arma sobre la mesa –. Tome asiento, por favor.
            La situación había evolucionado de una manera tan inesperada y surrealista que Wolff no pudo sino sonreírse.
            -Permiso – dijo Wolff.
            -Si es tan amable… – respondió Tyler.
            Monique se sentó sobre la única silla de la habitación. Tyler se sentó en la cama, y Wolff prefirió quedarse de pie.
            -¿Qué les trae por aquí?
            -Acabamos de estar en el hospital – dijo Monique –. Una colisión de tráfico. La única superviviente es una niña de once años. Creemos que sucedió algo…
            -A ver si lo he entendido – interrumpió Tyler –. ¿Han montado todo este circo por un accidente de coche?
            -Colisión de tráfico – corrigió Wolff entre dientes, algo que Tyler pareció no oír.
            -Creemos que sucedió algo que escapa a lo terrenal – continuó Monique –. Por eso necesitamos la ayuda de alguien que posea el Poder de la Visión para ayudarnos a esclarecer el asunto.
            -Creen que hay un chupasangre relacionado con todo esto – dijo Tyler.
            -Aun no sabemos si la víctima ha sido mordida o no. Tenemos que llevarla a un lugar seguro, de todos modos, y…
            -¿Los padres estaban muertos? – interrumpió Tyler.
            Monique vaciló un momento.
            -Eh… Sí.
            -¿Había marcas extrañas?
            -El informe forense aún no ha salido, pero sé distinguir muy bien entre un cuello partido por colisión de tráfico y uno partido por fuerza ajena.
            -Entonces no hablamos de cualquier chupasangre. Hablamos de un parásito al que le gusta divertirse. Mata a los padres para que la niña sobreviva. Se propone, entonces, un reto: colarse en el hospital y tomar a la niña allí. Es un cabrón retorcido, busca la diversión en lugar de meramente alimentarse.
            Los policías miraron estupefactos al cazador.
            -¿Cómo demonios ha…? – dijo Wolff.
            -Si es como usted dice, nos queda menos tiempo del que pensábamos – dedujo Monique –. En el caso de que no haya podido morderla, volverá a por ella esta misma noche… ¡Moriría con el primer rayo de sol!
            -Como debe ser – musitó Tyler.
            Monique se detuvo, queriendo creer que sus oídos le habían traicionado.
            -¿Cómo ha dicho?
            -Lo que ha oído, inspectora.
            -Es solo una niña.
            -No. Muy probablemente ahora sea un “nosferatu”. Y créame, el sol le ahorraría un enorme sufrimiento, físico, psicológico y moral.
            -Bueno, lo cierto es que no lo sabemos todavía, Tyler, por eso necesitamos su ayuda – dijo Wolff, intentando calmar la situación.
            -Con usted no pienso trabajar, jodido sádico.
            -Eh, eh, hoy estoy aquí en calidad de policía.
            -Me da lo mismo, no pienso prestarle mis servicios a un torturador.
            -¿Podemos volver al tema que nos ocupa, por favor? – dijo Monique.
            -Olvídelo, inspectora. Si participo en esto, no será con ustedes.
            -Tyler, por favor…
            -Agentes, les ruego que salgan de mi casa, por favor.
            -¡Hay una vida en juego! ¿No lo entiende?
            -Inspectora, con todos mis respetos, usted no tiene ni maldita idea de cuantas vidas hay en juego mientras hablamos. Y le aseguro que aunque no tengan que ver con este caso, sí tienen que ver conmigo.
            -Se trata de un momento, sólo serán veinte minutos.
            -No es cuestión de tiempo, es cuestión de principios.
            -¿Cómo se atreve…?
            -¿Quiere que le diga algo útil? Muy bien. En el caso de que esa niña se haya convertido en un “nosferatu”, Dios no lo quiera, no habrá vuelta atrás. Su cuerpo estará clínicamente muerto, y su alma condenada al Infierno para toda la eternidad. Si pretenden salvarla, probablemente sea muy tarde, o bien tengan una mínima posibilidad de llegar a tiempo. En cualquier caso, seguir insistiendo sería perder un tiempo del que ni ustedes ni esa cría dispone.
            Monique se levantó lentamente de la silla.
            -De acuerdo – dijo –. Vámonos, Winston. Lamento las molestias, Tyler.
            -No tiene importancia – dijo Tyler, educadamente. Si se dio cuenta de la segunda lectura de su frase y de cómo afectó a la inspectora, desde luego no pareció importarle.
            -Hijo de puta – dijo Monique, una vez estaban fuera.
            -Te lo advertí, venir aquí era perder el tiempo.
            -Al menos hemos conseguido algo de información útil. Hay que darse prisa.

            Dos horas y media para el amanecer.
            Versailles, en su suntuosa mansión, repasaba por enésima vez su plan de ataque, mientras se vestía para la ocasión. Había decidido tomar a esa niña esa misma noche. Definitivamente se había empecinado en convertir a la muchacha en su nueva pupila. Y, cuando el rey vampiro se empeñaba en alguna suerte de hacienda, hacía cuanto estuviese en su mano y más para llevarla a buen puerto.
            Al mismo tiempo, David Peck se desperezaba de su siesta, con la espalda entumecida por haber dormido en la puñetera silla, y comprobaba las constantes de la joven Abigail de nuevo. Seguía estable. Peck sintió la tentación de hacerle un corte de mangas a la Parca, pero se contuvo, y salió de la habitación al mismo tiempo que Hudson iba a entrar.
            Casi al mismo tiempo, Winston Wolff pasaba con su Land Rover frente al hospital, acompañado de Monique Auxile, en dirección a su cuartel general. Necesitaban la ayuda de Jackie.
            Y en ese preciso instante, Tyler D preparaba sus armas para salir de caza. ¿El coto de caza? El hospital.
            Y aquí es donde realmente empieza la película.

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            Versailles had returned to his mansion by the time Abigail Harris was coming out of the operation. There were several hours left until dawn, and he was utterly annoyed that he had to return home so early. But he had sensed the presence of a wolf in that hospital and had to flee. It’s a law of nature that vampires and lycans tend to kill each other since the beginning of time – natural enemies. And nobody escapes the laws of nature, not even purest blood noblemen.
            Nevertheless, Versailles felt that his inner spoiled child was unsatisfied. First of all, le Roi des Vampires had to take off his luxurious 18th century clothes, an outfit that made him a walking anachronism to the eyes of everyone else, but he deemed sacred. Versailles hated costumes, and he never wore one, although he admitted it was a quite useful technique to go hunting. But he’d rather hide in the shadows than pretend to be something he wasn’t. If he could, he would scream out loud what he really was: a vampire, and proud of it.
            But that night he had dressed up as a medic. And he couldn’t bite the girl, his target of that night. He had to drink from those basins that collected the dripping blood.
            With all those failures, the Vampire King was furious. His inner gourmet was unsatisfied. Moving furiously, he stripped out of his contemporary garments, tossing them into the fireplace as he walked by, and he headed to his quarters, completely nude. Once there, he dressed up in his beloved post-Baroque clothes.
            Ready now, he went down to the basement, which he had transformed into a medieval-esque dungeon where he liked to torture unfortunate prisoners. There stood his stone altar, a work of engineering of undeniable sophistication. The upper part of it was concave, forming some sort of pile, with a sinkhole in the very center. This hole connected to a very complicated pipe system that Versailles himself had installed, in parallel with the running water system, and ended in a private tank next to the mansion. This was really complicated and completely unnecessary, but undeniably ingenious.
            This stone altar had witnessed the most disgusting pagan and satanic rites. Over it laid a young Asian whore. Her wrists and ankles were bleeding some due to the friction of her fragile skin against the strong chains and cuffs. The first drops of blood were already falling on the concave surface, sliding towards the sinkhole that connected to the blood tank.
            Versailles took a whip that was hanging on the wall and unwound it, smiling evilly. The woman, chained, naked and gagged, opened her eyes wide, scared, and tried to scream – a scream that was muffled by the gag. Versailles was visibly excited, and he hadn’t even started yet.
            He undid the gag. He wanted to hear her scream. Versailles walked three steps backwards before whipping the bare skin of the young lady with all his strength, making her scream loud in pain and tearing a piece of her skin apart. Blood dripped from the wound while the girl cried in fear and pain. The King continued to whip her furiously, his arm getting stronger with each yowl, each cry, each scream. Tears and blood fell onto the pile, mixing in the tiny sinkhole. Every hit of the leather whip against her body ripped apart a piece of the skin from the little whore, leaving a semi-solid crimson line under the filthy flesh that was being torn by the unstoppable, sadistic whip. The vampire moaned in effort and pleasure every time he hit again.
            After everlasting whipping, Versailles tossed the whip aside and unveiled his sword. He stared at the bloody body of that gal with desire, before stabbing her furiously. Versailles knew exactly where to push the metal without being lethal, so that his victim could suffer more for more time. The crimson liquid bloated out from the wounds that the sword caused on the insignificant human’s torso, while her life escaped through the sinkhole along with her blood. When Versailles finally unleashed the coup de grace on the neck of the prostitute, separating it from the rest of her body, she was already dead.
            Somewhat more satisfied, the world’s most powerful vampire unchained the lifeless ankles of the woman and tied them to another chain that connected to a pulley. Versailles pulled a crank, and the body, drenched in blood, lifted until it was suspended head down over the altar, wringing out the last drops of blood.
            Looking at the severed head of his latest victim, Versailles grinned evilly while he licked the red stains out of his Toledo steel sword. Then he turned around and walked away while he thought about plan B.
            Three hours left till dawn.

            Winston Wolff stopped his Land Rover in front of a dark alley. There it stood, big as it was, the Satan Temple, a building which architecture was inspired by European Renaissance, with big black doors. Monique just kept looking, amazed (scared, perhaps?) at the huge building.
            “He’s in the service room”, Wolff pointed. “It’s that small door on the left”
            Wolff pointed to a small black door, on the left wing of the temple.
            “Let’s go”, Monique said, pulling the handcuffs as if they were a dog’s leash.
            “Ouch! Stop that, Goddammit, it’s not necessary!”
            Monique opened the handcuffs, and almost dragged her partner to the temple. She knocked on the door and waited. In less than two seconds, the door suddenly opened, revealing the outstanding silhouette of Tyler D, with his synthetic leather coat on and his greasy long hair covering a big part of his face.
            “How can I help you?”
            “Good night, I’m police detective Monique Auxile. Can we talk for a minute?”
            Monique stepped forward. Bad move. Tyler shut the door with all his strength, hitting the detective straight in the face. She fell backwards right in front of Wolff, who was leaning against a wall, not a single flinch on his face.
            “You’re done now?” he asked.
            Monique shot him a furious look.
            “I’m never done”, she grunted.
            Monique sprung up and kicked the door open. Behind it, Tyler D stood in the middle of the room, aiming a crossbow to her head. Monique aimed her weapon to Tyler. Wolff just leaned against the door frame, his arms crossed, as if, instead of a rather bizarre Mexican standoff, he was witnessing a matrimonial discussion that got out of control.
            They continued tense for a few seconds until the lady detective dared to break the silence.
            “We just wanna talk to you”, she said.
            “What have I done now?” Tyler asked.
            “That’s none of our business; we just came for professional advice”
            Tyler relaxed and lowered the weapon.
            “You should’ve started from that point”, Tyler said, putting the weapon aside on a table. “Please, have a seat”
            The situation has evolved in such a surreal, unpredictable way, that Wolff couldn’t help but grin.
            “May I?” Wolff said.
            “If you please…” Tyler replied.
            Monique sat on the only chair in the room. Tyler sat on the bed, and Wolff chose to just stand around.
            “What brought you to my doorstep?”
            “We’ve just been to the hospital”, Monique said. “Traffic collision. Only survivor is an eleven year old girl. We think something happened…”
            “Let me get this straight”, Tyler said, cutting her off. “You pulled all this just because of a car accident?”
            “Traffic collision”, Wolff muttered under his breath, which Tyler didn’t seem to hear.
            “We think something happened, something that escapes the mundane”, Monique continued. “That’s why we need the help of somebody who’s sensitive to the Power of the Vision, to help us clarify all this”
            “You think some bloodsucker has something to do with this”, Tyler said.
            “We don’t know for sure if the victim’s been bitten yet. Anyway we have to take her to a safe place and…”
            “Were the parents dead?” Tyler said, cutting her off again.
            Monique hesitated for a second.
            “Um… Yes”
            “Were there any strange marks?”
            “Forensic papers haven’t been released yet, but I can tell apart a broken neck snapped in a collision from one broken by a third party”
            “Then we’re not talking about just any bloodsucker. We’re talking about a parasite that likes challenges. Kills the parents and lets the girl survive. He challenges himself: break into the hospital and have the girl there. A twisted bastard who wants to have fun instead of only feeding”
            The cops stared at the hunter in amazement.
            “What the hell…?” Wolff said.
            “If that’s the situation, we have less time than we thought”, Monique deducted. “If he hadn’t bit her yet, he’ll come back for her this very night… And she’ll die in the break of dawn!”
            “As it should be”, Tyler muttered.
            Monique stopped, wanting to believe she just misheard him.
            “Come again?”
            “You heard it, detective”
            “She’s just a girl”
            “Nope. Most likely, she’ll be a nosferatu by now. And believe me; the sunlight would spare her a big deal of suffering – physical, emotional and moral”
            “Truth is, we don’t know for sure, Tyler, that’s why we need your help”, Wolff said, trying to cool the situation down.
            “I’m not working with you, you sadistic fucker”
            “Hey, hey, I’m here just as a cop”
            “I don’t give a damn; I’m not working with a torturer”
            “Could we please go back to business?” Monique said.
            “Forget it, detective. If I take part in this, it won’t be with you”
            “Tyler, please…”
            “Officers, I beg you please leave my home”
            “There’s a life in danger! Don’t you understand?”
            “Detective, with all due respect, you have no fucking idea of how many lives are in danger as we speak. And even though they have nothing to do with this case, I have something to do with them”
            “It’s just a moment, twenty minutes maximum…”
            “It’s not a matter of time; it’s a matter of principles”
            “How dare you?”
            “Do you want something useful? Alright. Let’s say this girl turns into a nosferatu, God forbid – there’s no turning back. Her body will be clinically dead, and her soul condemned to Hell for eternity. If you want to save her, it’s probably too late, but you may have a small chance to make it on time. Either way, trying harder to convince me is a waste of time, and neither that brat nor you have much time left”
            Monique stood up slowly.
            “Alright”, she said. “Let’s go, Winston. Sorry for bothering you, Tyler”
            “It doesn’t matter”, Tyler said. If he noticed the second meaning those words had, and their effect on the detective, he didn’t seem to care.
            “Son of a bitch”, Monique said, once they got out.
            “I told you, coming here was a waste of time”
            “At least we have some useful information. Hurry up”

            Two and a half hours left till dawn.
            In his huge mansion, Versailles reviewed for the millionth time his attack plan while dressing up. He had decided to take that girl that very night no matter what. He definitely was obsessed with turning that gal into his new apprentice. And when the Vampire King was obsessed in some sort of plan, he did everything he could do, and even more, to make it.
            At the same time, David Peck woke up from his nap, his back aching because he fell asleep on a stupid chair. He stretched and checked little Abigail’s vitals again. She was stable. Peck felt like giving the finger to the Reaper, but he kept himself, and went out of the room just as Hudson was coming in.
            Almost at the same time, Winston Wolff drove his Land Rover, passing in front of the hospital, Monique Auxile beside him, heading to their headquarters. They needed Jackie’s help.
            And in that very moment, Tyler D was getting his weapons ready to go out hunting. The hunting field? The hospital.
            And this is when the movie really starts.

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1 comentario:

  1. Me encanta tu blog :) Acabo de emepezar a escribir uno con una amiga, Si tienes tiempo pásate por http://cintasviejasdecassette.blogspot.com.es/ Gracias!

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