martes, 24 de abril de 2012

V.S.: Niños de la tumba // Children of the grave (2)

Estoy muy cansado ahora mismo para escribir una introducción entera (pasa de la medianoche), así que... Aquí otro capítulo de "Los niños de la tumba", mi nueva historia de "Vampire Society".

I'm too tired now to write a whole introduction (it's past midnight), so... Here's the second chapter of "Children of the grave", my latest "Vampire Society" story.

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            -David, esto ya pasa de castaño oscuro – decía Carl Hudson – . Los internos están preocupados. Yo estoy preocupado.
            -¡Yo también, joder! – exclamó Peck –. Póngase en mi lugar, jefe… Esa niña estaba…
            -Ahórratelo, Peck; yo también estaba allí y sé lo que pasó. Yo también he pasado miedo, pero al menos yo mantuve la calma. Lo tuyo no era miedo; era auténtico terror. ¿Qué te sucede, chico?
            -Tenía miedo de que la niña muriese, es todo.
            Hudson resopló con desaliento.
            -Ya puedes relajarte, la niña está estable y fuera de quirófano.
            -Abigail.
            -¿Perdón?
            -Abigail Harris, es su nombre.
            -¿Y qué?
            -Ah, tanto da.
            -Dave, si tienes algún problema, dímelo y te prometo que haré todo lo que esté en mi mano por ayudarte.
            -Gracias.
            -¿Qué te preocupa?
            -Es difícil de explicar.
            -Inténtalo.
            -Tenía el presentimiento, según estaba entrando en Urgencias, de que ella estaba...
            -¿Qué?
            -Destinada a morir.
            -¿Destinada a morir?
            -Sí. Llámelo estupidez, superstición, chorrada si le apetece; no sería el primero ni el último. Pero algo me decía que Abigail Harris iba a morir. Y en el quirófano, cuando se fue la luz, lo vi como una señal de que la Muerte estaba en ese cuarto. Ríase de mí si le apetece.
            -No me río de ti.
            -Y creía que estaba desafiando al destino. Sé que carece de rigor científico, pero…
            -No te justifiques; te entiendo.
            -¿Sí?
            -Todo el mundo necesita creer en algo.
            -Disculpe, pero… Mucha gente ha sido menos tolerante con ello que usted.
            -Peck, no hagas caso. Tú crees en lo que crees, y nadie tiene derecho a juzgarte por ello. No se debe jugar con cosas que no se pueden explicar.
            -Gracias.
            -De nada, pero prométeme que de ahora en adelante te controlarás.
            -Lo intentaré.
            -No me vale con que lo intentes. Lo harás.
            -Lo haré.

            Peck se dirigió a la habitación donde la pequeña Abigail se recuperaba de la operación. Tan sólo para asegurarse de que no surgía ninguna complicación. Aún cuando había logrado salir de quirófano, era aún pronto para cantar victoria. Las cosas podían complicarse tras la operación.
            Mirando a través de la ventana se encontraba un hombre. Era un tipo de piel negra, era grande y musculoso y tenía una barba descuidada que llamaba mucho la atención y le daba un aspecto amenazador.
            -Buenas noches – saludó Peck.
            -Buenas noches – respondió el grandullón.
            -¿La conoce? – preguntó Peck.
            -Soy amigo de la familia. Quiero decir, lo era. Una lástima – hizo una pausa –. Winston Wolff, de la Policía.
            -Doctor David Peck, mucho gusto.
            -Igualmente. ¿Es usted quien la ha operado?
            -Sí.
            -Le estará eternamente agradecida.
            -Sólo cumplo con mi obligación – por muy usada que la frase estuviera, Peck lo decía de veras.
            Winston Wolff suspiró.
            -Pobrecilla – musitó.
            -¿Perdón?
            -Sus padres han muerto en el incidente. La pobre chiquilla no tiene a nadie que la cuide. Y además tendrá que vivir sin sus padres a partir de ahora.
            -Desde luego, es una lástima.
            -¿Winston? – dijo una voz al otro lado del pasillo.
            Peck y Wolff giraron la cabeza a la vez, y vieron al doctor Hudson, que caminaba hacia ellos desde el extremo opuesto del pasillo.
            -¡Winston Wolff! – exclamó.
            El gigantón abrió los brazos amistosamente y una sonrisa resplandeció en su cara.
            -¡Carl Hudson! ¡Dichosos los ojos!
            Se dieron un amistoso abrazo ante Peck, que les miraba con una gentil cara de “Ah, ¿ya se conocían?”.
            -¡No te veía desde el instituto, negro! – dijo Wolff.
            -Sigues siendo un capullo, los años no te han cambiado – respondió Hudson, entre risas –. He oído que te has pasado al lado legal, ¿eh?
            -Se acabó el robar mecheros, ahora hago cumplir la ley.
            -Quién te ha visto y quién te ve…
            David Peck dejó a su jefe y al peculiar policía hablando de sus cosas y entró en la habitación. Allí la pequeña Abigail se recuperaba de la operación, sedada con morfina. Peck, cansado tras no haber dormido en más de 30 horas y todo el estrés acumulado, se desplomó en una silla, mirando de vez en cuando el monitor de las constantes vitales, de vez en cuando a la niña que dormía plácidamente bajo el sueño artificial de los sedantes. Peck sintió que su vista se nublaba, que las fuerzas le abandonaban, y antes de poder procesar esa información, se había dormido.

            -Es una delicia de aprendiz – dijo Hudson, que había visto a Peck quedarse dormido a través de la ventana –. Decir que está preparado es decir poco, es una auténtica máquina con un bisturí en la mano.
            -Y un buen profesional, por lo que veo – dijo Wolff –. Se preocupa por sus pacientes.
            -Esa es su virtud y su defecto al mismo tiempo.
            Hudson iba a contarle lo acontecido ese día, pero algo distrajo su atención. Una mujer de etnia latina se aproximó con pasos firmes al lugar donde estaban Wolff y Hudson. Tenía una cartuchera y una placa colgada del cinturón: otra agente de policía.
            -Winston, tenemos que irnos ya – dijo secamente. Su acento revelaba un ligero deje mexicano que contrastaba con su marcado acento de la costa este.
            -Carl, esta es la inspectora Monique Auxile, mi compañera – dijo Wolff –. Monique, este es el doctor Carl Hudson, antiguo compañero de instituto.
            -“Buenasnoches” – dijo Monique, con sequedad y rapidez.
            -Disculpa su carácter; estamos en mitad de una investigación y el tiempo corre a nuestra contra – dijo Wolff. Monique le dirigió una mirada capaz de fundir el acero.
            -¿Relacionado con el accidente de coche? – preguntó Hudson.
            -“Colisión de tráfico” – corrigió Monique.
            -¿Perdón?
            -El término correcto es “Colisión de tráfico”, no “Accidente”.
            -¿Qué diferencia hay?
            -Que “Accidente” implica que no hay culpables – aclaró Wolff, otra vez bajo la mirada asesina de Monique.

            Wolff seguía a Monique casi corriendo por los pasillos y escaleras, camino del parking. La inspectora estaba en modo “Imparable” esa noche: arisca, seca, de movimientos rápidos y ni una décima de segundo de duda.
            -Winston, esto es muy serio – decía –. No puedes revelar detalles de la investigación así como así. Si la prensa se entera de esto, estamos jodidos.
            -Estás un poco paranoica, ¿no?
            -“En lo paranormal no es paranoia, sino sospechar de la amenaza que hay tras cada esquina” – dijo Monique, citando las palabras textuales que Wolff le enseñó en su día.
            -¿Qué hay de paranormal en charlar con un amigo al que no veo desde hace más de veinte años?
            -¡No tergiverses mis palabras! Esos médicos saben algo y no nos lo quieren decir.
            -¡Para el carro, señorita! ¿Estás acusando a Carl de obstrucción a la justicia?
            -¡No, idiota! Quizá saben algo sin saber que lo saben. “El cerebro humano tiene las capas necesarias para ocultarle la verdad a él mismo”.
            -¡Deja ya de citar mis frases!
            -¡Y tú deja de gritar, estamos en un hospital!
            Ninguno de los dos se había dado cuenta de que su conversación había llegado a carecer de todo sentido para parecerse a un episodio de Monty Python. Continuaron caminando hasta llegar al aparcamiento y subirse al Land Rover de Wolff.
            -Mañana por la mañana hay que volver a hablar con el otro médico – sentenció Monique.
            -Claro, Monique… Entras y les dices que estamos en misión especial de la DAESU* y que la Policía no tiene nada que ver en esto. Cantarán como pajaritos – dijo Wolff con evidente sarcasmo.
            Monique suspiró cuando se sentó en el asiento delantero, mientras Wolff ponía en marcha el motor del imponente coche.
            -¿Tu has visto algo? – preguntó.
            -¿Qué?
            -Con la Visión.
            -Los licántropos no tenemos el Poder de la Visión en forma humana.
            -Necesitamos ayuda.
            -Mañana volveré a hablar con los médicos.
            -Otra clase de ayuda, Winston. Quizá mañana sea demasiado tarde.
            -¿Qué clase de ayuda?
            -Tyler D.
            El nombre de Tyler D pilló a Wolff por sorpresa.
            -No hablarás en serio… Ese psicópata me llenaría el cuerpo de balas de plata antes que acceder a hablar conmigo.
            -Tiene que colaborar, Winston; es un caso de asesinato.
            -Vale, ¿quieres intentarlo? No pienso detenerte.
            -Claro que no. Porque te vienes conmigo.
            Con un rápido movimiento de manos, Monique esposó a Winston Wolff a su propia muñeca antes de que él se diera cuenta.
            -¡¿Te has vuelto loca?! ¡Nos vamos a matar!
            -¡Conduce!
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            “David, this isn’t normal”, Carl Hudson said. “Interns are worried. I am worried.”
            “I’m fucking worried too!” Peck exclaimed. “Put yourself in my place, sir. That girl was…”
            “Don’t tell me, I was there too, I know what happened. I was scared too, but at least I kept calm. You weren’t just scared – you were terrified! What’s wrong with you, boy?”
            “I was scared that the girl could die, that’s all”
            Hudson sighed.
            “Alright, easy now, the girl’s stable and out of the operating room”
            “Abigail”
            “What’s that?”
            “Abigail Harris, that’s her name”
            “So what?”
            “Oh, never mind”
            “Dave, if you have some sort of problem, tell me and I promise I’ll do anything I can to help you”
            “Thanks”
            “Now, what’s worrying you?”
            “It’s hard to explain”
            “Go ahead and try”
            “When she was coming into the ER, I had the feeling that she was…”
            “What?”
            “…meant to die”
            “That she was meant to die?”
            “Yes. Call it nonsense, superstition, bullshit if you will, you wouldn’t be the first nor the last to do so. But something told me that Abigail Harris’s fate was to die. And in the operating room, when the lights went out, I saw it like a sign, like Death itself was in the same room. Go ahead and laugh at me if you want”
            “I’m not laughing at you”
            “So I thought I was defying fate. I know it lacks of any scientific base, but…”
            “Don’t justify yourself, I understand”
            “You do?”
            “Everybody needs to believe in something”
            “I’m sorry, but… Many people have been less tolerant with this subject than you are”
            “Peck, don’t listen to that. You believe whatever you want, and nobody has the right to judge you for it. Unexplainable things are not something to play with”
            “Thank you”
            “You’re welcome, but promise me you’ll keep it down from now on”
            “I’ll try”
            “Trying is not enough. You’ll do it”
            “I’ll do it”

            Peck went to the recovery room where little Abigail was recovering from the operation. Just to make sure things wouldn’t get complicated now. Though she had made it outside the operating room, it was too early to cry victory. Things could get worse after the operation.
            There was a man looking through the window. A big, strong black man with an untrimmed beard and menacing appearance that easily caught the eye.
            “Good night”, Peck greeted.
            “Good night”, the big guy said.
            “You know her?” Peck asked.
            “I’m friends with the family. I mean, I was. It’s such a pity”. He paused. “Winston Wolff, police detective”
            “Doctor David Peck, nice to meet you”
            “My pleasure. Did you treat her?”
            “Yes I did”
            “She’ll be thankful forever”
            “I just did my job”. As clichéd as it sounded, Peck really meant it.
            Winston Wolff sighed.
            “Poor girl”, he murmured.
            “Excuse me?”
            “Her parents died in the crash. Poor gal has nobody to look after her. Besides, she’ll have to live without her mommy and daddy now”
            “Yeah, that’s truly bad”
            “Winston?” a voice said from the other side of the corridor.
            Peck and Wolff turned their heads at the same time, and saw Doctor Hudson coming towards them from the other side of the corridor.
            “Winston Wolff!” he exclaimed.
            The big guy extended his arms, and a smile shined on his face.
            “Carl Hudson! Long time no see!”
            They hugged friendly in front of Peck, who looked at them with a stunned “oh-did-you-guys-met-before” look on his face.
            “Hadn’t seen ya since Junior High, nigga!” Wolff said.
            “You’re still a dick, all these years hadn’t changed ya”, Hudson replied, laughing. “I’ve heard you’re legal now, huh?”
            “Yup, the lighter stealing business is over, now I protect and serve”
            “Seems so odd, doesn’t it?”
            David Peck left his boss and the strange cop talking about their stuff and went into the room. Little Abigail recovered from the operation, doped with morphine. Tired after more than 30 hours of sleep deprivation and accumulated stress, Peck fell on a chair, looking every now and then at the vitals monitor, or at the girl, sleeping under the artificial slumber induced by the sedatives. Peck felt his vision blur, his muscles relaxing, and before he could process that information, he fell asleep.

            “He’s such a great apprentice”, Hudson said, having seen Peck falling asleep through the window. “Prepared is not enough. He’s an artist with a scalpel in his hand”
            “And a good professional, as I see”, Wolff said. “He cares a lot for his patients”
            “That his virtue and his defect at the same time”
            Hudson was going to tell him about that day, but something got his attention. A Latin woman was walking fast towards them. She carried a holster and a badge on her belt; she was another cop.
            “Winston, we have to leave now”, she said. Her accent revealed a slight Mexican pronunciation that clashed with her strong East coast accent.
            “Carl, this is detective Monique Auxile, my partner”, Wolff said. “Monique, this is Doctor Carl Hudson, a former classmate of mine”
            “G’night”, Monique said, coldly.
            “Forgive her, we’re in the middle of a case and time’s not running with us”, Wolff said. Monique gave him a metal-melting stare.
            “Related to the accident?” Hudson asked.
            “Collision”, Monique corrected.
            “Pardon?”
            “The correct term is ‘collision’, not ‘accident’”
            “What’s the difference?”
            “That ‘Accident’ implies there’s nobody to blame”, Wolff clarified, again under Monique’s killer stare.

            Wolff followed Monique, almost running, through the corridors and stairways, heading towards the parking lot. The lady detective was in an “unstoppable” mood that night: harsh, cold, moving quickly and not a split second of hesitation.
            “Winston, this is serious”, she said. “You can’t reveal details of the investigation so lightly. If the press catches something, we’re screwed”
            “You’re a little bit paranoid, ain’t ya?”
            “In paranormal stuff there is no such thing as paranoia, but suspecting of the menace hiding behind every corner”, said Monique, quoting verbatim the words that Wolff had taught her one day.
            “What’s paranormal in chatting with a friend I haven’t seen for more than twenty years?”
            “Don’t twist my words! Those doctors know something they ain’t telling us”
            “Hey, hey, hold on, señorita! Are you accusing Carl of obstruction?”
            “No, you moron! They might know something without even knowing they know it. Human brain has enough layers to hide the truth from itself
            “Stop quoting me!”
            “And you stop yelling, we’re in a hospital!”
            Neither of them realized their conversation by now lacked of any sense, resembling more a Monty Python sketch rather than a serious dialogue. They continued towards the parking lot until they reached Wolff’s Land Rover.
            “Tomorrow morning we’re coming back to talk with the other doctor”, Monique said.
            “Yeah, sure, Monique; you go in there, tell ‘em we’re in a USPAD special mission and Police Department has nothing to do with this. They’re gonna sing like jailbirds”, Wolff said, sarcastically.
            Monique sighed when she sat on the front seat, while Wolff turned on the engine of the huge car.
            “You seen somethin’?” she asked.
            “Huh?”
            “With the Vision”
            “Lycans don’t have the Power of the Vision in human form”
            “We need help”
            “Tomorrow we’re gonna speak with the doctors again”
            “Another kind of help, Winston. Maybe tomorrow’s too late”
            “What kind of help?”
            “Tyler D”
            That name caught Wolff off guard.
            “You ain’t serious, are you? That psycho would riddle me with silver bullets before talkin’ to me”
            “He has to cooperate, Winston, this is a murder case”
            “OK, you wanna try? I ain’t stoppin’ ya”
            “Of course not. You’re comin’ with me”
            Monique handcuffed Winston Wolff to her own wrist with a fast movement, before he could even notice.
            “Are you out of your mind?! You gonna get us killed!”
            “Drive!”
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*DAESU: División de Actividad Extramundana y Seguridad del Ultramundo. Es un grupo de policías extraoficial que se encarga de mantener el orden de lo paranormal. Fue creado por Winston Wolff y Monique Auxile, y "en la actualidad" cuenta con 12 agentes.

*USPAD: Underworld Security and Paranormal Activity Division. It's an unofficial group of cops that keep order in supernatural things. Created by Winston Wolff and Monique Auxile, "nowadays" it employs 12 police officers.

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