jueves, 19 de abril de 2012

V.S.: Niños de la tumba // Children of the grave (1)

Os presento la nueva historia del universo "Vampire Society": LOS NIÑOS DE LA TUMBA.
En esta historia, todo gira alrededor de Abby Harris, una niña de once años que se convierte en el nuevo objetivo del cruel Versailles. Los policías y detectives paranormales Monique Auxile y Winston Wolff (vease este resumen para más señas) tendrán el tiempo en su contra para salvar a la niña.
En esta historia se introducen dos nuevos personajes principales, Abby Harris y David Peck, aunque tendrán mucho menos protagonismo en el universo que los personajes citados en el resumen general. Iréis descubriendo más a lo largo de la historia.
Por cierto... Esta parte en concreto ha sido un auténtico INFIERNO para traducir. Tanta jerga médica, y tantas oraciones largas, me han supuesto más trabajo del que creía.

I introduce you to my new story for the "Vampire Society" universe: CHILDREN OF THE GRAVE.
In this story, everything's unfolding around Abby Harris, an eleven-year-old girl that finds herself being the target of cruel Versailles. Police officers and paranormal detectives Monique Auxile and Winston Wolff (see this overview for more details) will have to fight the clock to save the girl.
In this story, two new characters (Abby Harris and David Peck) are introduced, although they won't have so much weight as the other main characters for the rest of the stories. You'll discover more about them as the story unfolds.
By the way... This very part has been a PAIN to translate. All that medical jargon, and all those long sentences, were more difficult than I first thought.

------------------------------------------------------------------------------------------------


VAMPIRE SOCIETY:
LOS NIÑOS DE LA TUMBA

            -Mujer, 11 años, accidente de tráfico, graves hemorragias internas y traumatismo craneoencefálico.
            -¿Los padres?
            -Muertos. No llevaban puesto el cinturón.
            -Oh, Dios mío.
            -¿Qué hacemos?
            -Llevadla a Urgencias, que determinen por donde sangra y preparad el quirófano cuanto antes. Usted, busque al doctor Peck.
            -Las constantes están…
            -¿Quiere ir a buscarle de una vez?
            -Claro, voy.
            -Resiste, pequeña.

            El doctor David Peck se refugiaba de la lluvia bajo la marquesina de la entrada a Urgencias, fumando un cigarrillo mientras en su mente se sucedían los pensamientos. Ya había visto demasiada muerte al cabo de los años que llevaba ejerciendo de médico cirujano, demasiados pacientes que entraban en el quirófano para luego salir con los pies por delante. Fuera cual fuese la situación, la muerte no conoce de fiestas, de modo que las ambulancias llegaban sin parar, algunas de ellas con un cadáver sobre la camilla. Peck ya había visto de todo.
            Uno de los ATS que venía con la niña salió del hospital con prisas. Miró alrededor y se detuvo al verle.
            -Doctor Peck, menos mal que le encuentro. El doctor Hudson le requiere en Urgencias cuanto antes.
            -¿Cómo se llama? – musitó Peck, ensimismado.
            -¿Perdón?
            -La niña que está en Urgencias. Dime su nombre.
            -Esto… – echó un vistazo a los documentos –. Abigail Harris. Once años. Presenta…
            -…graves hemorragias internas y traumatismo craneoencefálico. Les he oído según entraban. ¿Un cigarrillo?
            -No fumo, gracias.
            Peck echó la colilla consumida a un charco, dejando la brasa ahogarse bajo la implacable lluvia y el papel consumiéndose en el agua.
            -Oiga, no es por meterle prisa ni nada, pero el doctor Hudson está esperándole.
            Peck suspiró. De su boca salió una mezcla de humo de tabaco y el vaho de su aliento condensado por el frío.
            -Claro, ya voy.

            Peck tenía una especie de sexto sentido para averiguar qué pacientes iban a morir en la mesa de operaciones. A veces se equivocaba, para bien o para mal, pero siempre tenía esa corazonada.
            Cuando miró a esa niña entrando en Urgencias, sobre la camilla, intubada e inconsciente, tuvo la sensación de que abría los ojos y le miraba. Le hablaba con los ojos, unos ojos que eran el espejo del terror, el miedo más básico que un ser humano puede sentir: la inquietud ante la muerte. Sus ojos le susurraban: “No quiero morir, por favor, sálvame…”.
            Ese era el signo de la muerte anunciada.

            La sangre bañaba el instrumental quirúrgico y goteaba en el suelo. Peck sudaba tinta para controlar su pulso. El irregular pitido del electrocardiograma no ayudaba a calmar sus nervios. Aunque actuaba con rapidez y precisión profesional, no le sobraba ni un ápice de seguridad.
            De una cosa estaba seguro: No iba a dejar morir a esa chiquilla tan fácilmente. Si la Parca quería llevársela, debía vérselas antes con David Peck.
            -Sigue perdiendo sangre – informó –. Una bolsa del grupo 0. ¡Pronto!
            Los nervios luchaban por traicionarle. Un poco de inquietud no venía mal, le ayudaba a estar alerta y concentrarse en cada detalle, pero ante una situación límite debía concentrarse en controlarla sin dejar de atender a lo que esté haciendo, lo cual le volvía arisco y duro.
            Peck tenía la conciencia de estarle echando una carrera al destino, y eso le producía ansiedad. Una ansiedad que, por difícil que resultara, debía traducir en concentración.
            De pronto, el electrocardiograma comenzó a pitar como loco.
            -No hay pulso – dijo –. Carro de paradas, rápido. ¿Y dónde está la dichosa sangre?
            El interno que había ido a por la sangre apareció por la puerta con su encargo cumplido. En ese instante se apagaron las luces, y el alivio que Peck experimentó durante unas décimas de segundo terminó de súbito.
            -Mierda – exclamó Peck, al borde del pánico –. ¿Qué coño sucede?
            -El generador debe haber fallado – dijo el doctor Hudson, jefe de cirujanos –. Peck, haz el favor de calmarte y volver a tu sitio.
            -No me he movido de mi sitio, jefe.
            -Entonces… ¿Quién demonios está aquí?
            Si Peck tenía un defecto, era ser supersticioso. Era un buen médico, una buena persona, un cirujano excelente y un científico riguroso, pero su superstición jugaba en su contra. En una situación como esta, habiendo evaluado paso a paso los sucesos (uno, paciente en paro cardiaco; dos, fallo eléctrico; tres, presencia extraña en la habitación), llegó a la conclusión de que la Parca le tenía contra las cuerdas.
            Peck se dio cuenta de que estaba hiperventilando. Se obligó a sí mismo a controlarse por enésima vez. Jamás le había gustado la oscuridad, desde niño. Esto, unido a esa serie de circunstancias, estaban poniendo al pobre doctor al límite. El doctor Carl Hudson era un hombre estoico, devoto a su trabajo y de una seriedad absoluta, capaz de mantener la calma fuera cual fuese la situación. El doctor Hudson había sugerido con voz de alarma que había alguien más en la habitación, aparte del personal habitual.
            “Debe ser el chico que fue a por la sangre”, razonó Peck. “Volvió justo cuando se iba la luz. ¿Estaba…? Justo a Hudson, ¿no? No, junto a mí… Dios, y yo qué sé. ¿Quién era ese chico? Con las condenadas mascarillas no nos diferenciamos en…”
            En mitad de esos pensamientos, la luz volvió. El destello cegó a Peck, golpeando sus ojos con su centelleante resplandor blanco.
            -Doctor Peck… ¿se encuentra bien? – preguntó una voz.
            Peck intentó situarse. Se dio cuenta de que todo el mundo le miraba fijamente.
            -Eh… Pues… – vaciló –. Nervioso. Nervioso, es todo.
            -David, por última vez, contrólate – sentenció Hudson.
            Peck inspeccionó rápidamente su entorno. Durante el apagón, habían conseguido colocar la sangre nueva a la niña, y su pulso era normal de nuevo.
            -Se ha estabilizado – dijo Peck, aliviado. Una sonrisa se dibujó en sus labios bajo la mascarilla.
            -OK, cauterizad el resto de las heridas y acabemos con esto – dijo Hudson.
            Nadie reparó en que los recipientes que había en el suelo para recoger la sangre que caía estaban vacíos.

--------------------------------------------------------------------------------------------

VAMPIRE SOCIETY:
CHILDREN OF THE GRAVE

            “Female, 11, car crash, severe internal bleeding and head injury”
            “Her parents?”
            “Dead. Seatbelts were off”
            “Oh my God”
            “What do we do?”
            “Take her to Emergency, find out the source of the bleeding and prepare the operating room ASAP. You, go find Doctor Peck for me”
            “Vitals are…”
            “Would you go and find him NOW?”
            “Coming!”
            “Hold on, li’l one”

            Doctor David Peck was hiding from the rain under the Emergency marquee, smoking a cigarette while thoughts played in his mind like a movie. He had seen so much death over the years he had been working as a surgeon, too many patients that came into the operating room only to leave in a wooden box. No matter what the situation was, death doesn’t know holidays, so ambulances arrived non-stop, some of them carrying a fresh corpse. Peck had seen almost everything already.
            One of the paramedics that brought the girl stepped outside, seemingly in a hurry. He looked around until he finally saw him.
            “Doctor Peck, luckily I find you. Doctor Hudson wants you in the ER right now”
            “What’s her name?” Peck murmured, absentminded.
            “Pardon?”
            “The girl in the ER, tell me her name”
            “Um…” he looked at his papers. “Abigail Harris. Eleven years old. She’s…”
            “…severe internal bleeding and head injury. I heard you as you arrived. Cigarette?”
            “Thanks, but I don’t smoke”
            Peck tossed the consumed cigarette to a puddle, letting the burning ash die under the rain and the thin layer of paper getting wet.
            “Not for anything, but Doctor Hudson is waiting”
            Peck sighed. A mixture of smoke and steamy breath (due to cold) came out of his mouth.
            “I’m coming”

            Peck had some sort of ‘sixth sense’ to figure out which patients were going to die on the operating table. Sometimes, for better or worse, he was wrong, but he always had that feeling.
            When he looked at that girl being carried into the ER, on the stretcher, intubated and unconscious, he thought she opened her eyes and looked at him. She spoke to him with her eyes, those eyes that were a picture of panic, the most basic fear a human being can feel – fear of death. Her eyes whispered: “Please, I don’t want to die, please, please, save me…”
            That was a sign of announced death.

            Blood was all over the surgical instruments and dripping on the floor. Peck was trying his best to keep his nerves under control. The irregular beep of the vitals monitor didn’t help at all. Though he was acting quickly and with a professional precision, he didn’t have a single bit of confidence in excess.
            One thing he had for sure: He wasn’t gonna let that girl die so easily. If the Reaper wanted to take her, first it had to stand its ground against David Peck.
            “She’s still losing blood”, he informed. “Type 0 negative blood needed, now!”
            His nerves could betray him at any moment. A little pressure didn’t hurt, it even helped him stay alert and focus in every detail, but in a limit situation he had to keep his nerves under control while focusing on what he was doing, and that turned him harsh and tough.
            Peck had the feeling he was on a race with fate, and that made him even more nervous. But, nervous as he was, he had to stay focused.
            Suddenly, the vitals monitor started beeping like crazy.
            “No pulse”, he said. “Crash cart, quickly! Where’s that Goddamn blood?”
            The nurse who had gone for a bag of blood showed up with it in his hand. Just in that moment the lights went out, and the relief Peck had felt for a few split seconds vanished.
            “Shit”, Peck said, nearly panicking. “What the fuck is going on?”
            “It must be a power failure”, said Doctor Hudson, chief surgeon. “Peck, please calm down and go back to your place”
            “I haven’t moved from here, sir”
            “Then who the hell is here?”
            If Peck had one defect, that was being superstitious. He was a good medic, a good person, a brilliant surgeon and a rigorous scientist, but his superstition was a problem. In a situation like this one, having evaluated each happening step by step (one, patient in cardiac arrest; two, power failure; three, unknown presence in the room), he deduced the Reaper was winning this round.
            Peck realized he was hyperventilating. He forced himself to stay calm for the millionth time. He had never liked darkness, ever since he was just a kid. This, added to the series of circumstances above mentioned, was driving the poor doctor to his breaking point. Doctor Carl Hudson was a stoic man, devoted to his work and absolutely serious, able to stay calm no matter how bad could the situation get. Doctor Hudson had suggested, alarmed, that someone else was in the room, aside from the usual personnel.
            ‘It must be the guy who went for blood’, Peck thought. ‘He came back just when the lights went out. He was… beside Hudson, right? No, beside me… Christ, I don’t know. Who was that kid anyway? With these Goddamn masks on we don’t even recognize…’
            The lights turned on again, making him lose his train of thought. The bright white shining hit his eyes, blinding him briefly.
            “Doctor Peck, are you alright?” a voice asked.
            Peck came back to normal and realized everybody was staring at him.
            “I… um…” he hesitated. “Just nervous”
            “David, for the last time, calm down”, Hudson commanded.
            Peck looked around quickly. During the blackout, they managed to administer her new blood, and her pulse was normal again.
            “She’s stable”, Peck said, relieved. A smile drew on his lips under the mask.
            “OK, cauterize the remaining wounds and we’re good”, Hudson said.
            Nobody noticed that the basins that collected the dripping blood were empty.

---------------------------------------------------------------------------------------------------

Vale... Justo al final hay una pequeña "licencia artística". Aunque he intentado que las escenas de hospital tengan el mayor realismo y exactitud posible (mi padre es cirujano, eso me ha ayudado), las técnicas para recoger la sangre que pierde un paciente durante la operación no son tan rudimentarias como simples recipientes debajo de la mesa. Sin embargo era necesario para darle un final más oscuro a esta primera parte. A algunos no os importará, pero me parecía necesario aclararlo.
Espero que os haya gustado este principio... Porque el resto es mucho mejor ;)

OK... Just at the end, there's a little "artistic license". Although I've tried to write the hospital scenes as realistic and accurate as possible (my father's a surgeon, that helped my research), the techniques for collecting blood that the patient loses during surgery aren't as rudimentary as simple basins underneath the operating table. But it was necessary to give a darker ending to this part. Some of you may not mind, but I thought it was necessary to point it out.
I hope you liked this beginning... because the rest is much better ;)

Licencia de Creative Commons
Vampire Society by Juan Rivera is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

2 comentarios:

  1. Hello Jack:
    It's me, Álvaro, Abby's friend.
    I would like to say that you've got impressive English skills, as far as I have read.
    I'll be checking every single thing you've posted so far and, with your permission, I will leave a comment behind.
    Congrats for your blog!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Thanks! Abby told me about you.
      Of course you have my permission to comment on my entries, in fact I'd appreciate it! I always like some feedback :) Thanks for reading and commenting ^^

      Eliminar

Licencia de Creative Commons
El mundo de Jack // Jack's world by Juan Rivera is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.