viernes, 16 de marzo de 2012

"Sister, do you know my name?" (12)

¡POR FIN! ¡Nueva entrada!
Lo siento por manteneros a la espera... Símplemente, no podía continuar con la historia; he estado haciendo muchos esfuerzos por escribir cosas nuevas.
De todos modos, he escrito tres páginas nuevas, las publicaré en dos partes. Esta es, desde mi punto de vista, bastante interesante, ya que da algo de información sobre el personaje de Simon (el padre de los gemelos). Es un personaje interesante.
Lo sé, esta parte puede no resultar tan interesante como el resto de la historia... Sigo sin saber cómo podré continuar con ella y que siga resultando interesante.
Mientras tanto, ¡disfrutad!

FINALLY! A new entry!
Sorry for all the waiting... I just couldn't carry on with the story; I've been making efforts to write new stuff.
Anyway, I've written 3 new pages, I'll deliver them in two parts. This one's quite interesting from my POV, because it gives you a little more insight about the character of Simon (the twins' dad). He's quite an interesting character.
I know, this might not be as interesting as the rest of the story... I still don't know how can I continue with it and make it interesting.
Meanwhile, enjoy!

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            Al día siguiente tocaba despedirse. Los gemelos y sus padres se despidieron de sus otros familiares antes de meter su escaso equipaje en el maletero del Ford.
            El viaje de vuelta fue igual de tranquilo que el de ida. Los gemelos se quedaron dormidos en el asiento trasero, mientras Veronica contemplaba el paisaje con aire pensativo. Simon conducía en silencio, acompañado de su selección de rock clásico a bajo volumen (Creedence, Clapton, Eagles, Cream, Boston, Bob Dylan…), música que no era del agrado de sus hijos ni tampoco era la favorita de su mujer, pero que en cambio a él le encantaba.
            Simon estaba satisfecho con la reunión de los últimos días, y Veronica no estaba menos contenta. Las cosas tampoco habían salido tan mal como en un principio imaginaban. Y lo más importante, Simon no había probado ni una gota de alcohol.
            Simon llevaba ya veinte años sobrio, habiendo dejado atrás una conflictiva etapa de su vida, y aunque tomaba ocasionalmente alguna copa había conseguido mantenerse alejado de la botella. Si echaba la vista atrás, difícilmente podía recordar la mayoría de sucesos importantes que le acontecieron entre los 15 y los 20 años, pero tenía la certeza de que en esos cinco años había consumido el triple de alcohol que una persona normal en el mismo periodo de tiempo. Rara era la noche que llegara sobrio a su casa, o la mañana que se levantara sin una brutal resaca.
            A los 19 años, Simon estrelló el Chevrolet Camaro del 67 que su padre le había dejado en herencia; conducía sin licencia y con una tasa de alcohol en sangre tan elevada que era un milagro que siguiera consciente cuando se puso al volante. Esa experiencia, de la que salió con vida casi de milagro, le hizo replantearse su vida.
            Por aquél entonces ya conocía a Veronica, aunque no podía acordarse de cómo se conocieron por primera vez. “Todo el mundo comete locuras”, le decía, “algunos más que otros”.
            Con la ayuda de Veronica, que por entonces tenía 17 años, consiguió dejar el alcohol. Durante varios meses sufrió como si estuviera siendo torturado por sus pecados en la última planta del Infierno, pero valió la pena: como el fénix resurge de sus cenizas, Simon volvió a nacer. Se convirtió en un hombre nuevo: terminó los estudios, entró en la universidad y logró un trabajo estable. Se casó con Veronica a los 24 años, en cuanto terminó la carrera. A los 25 tuvo a los gemelos, a los que educó con todo su amor y su empeño. En una palabra, Simon retomó las riendas de su vida.
            Ahora, era un buen hombre, con una buena vida y una buena familia a la que quería, y que le quería.

            Los días siguientes a la vuelta de la familia se sucedieron sin grandes novedades.
            Los gemelos continuaron con su costumbre de amarse por las noches en sus habitaciones, aunque tras lo sucedido Pit decidió restringir sus sesiones a actos más inocentes (besos, caricias, abrazos…), evitando por su parte cualquier contacto sexual. Eso sólo volvería a suceder si Julia así lo quería; hasta entonces, Pit no quería que, por precipitarse, ocurriera algo malo. Sin embargo, seguían aprovechando cada momento que tenían para entregarse al amor, si se quedaban solos en casa o durante las noches, siempre bajo estrictas precauciones para evitar ser descubiertos.

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            Next day it was time to say goodbye. The twins and their parents said goodbye to their far family before getting their very light luggage into the trunk of their Ford.
            The return trip was as quiet as the previous one. The twins fell asleep on the back seat, while Veronica looked out the window, pensive. Simon drove silently, listening to his classic rock selection in a low volume (Creedence, Clapton, Eagles, Cream, Boston, Bob Dylan…), music that his children didn’t like and wasn’t the favorite of his wife either, but he loved it.
            Simon was satisfied with the reunion of those last days, and Veronica wasn’t disappointed either. Things didn’t go as bad as they first thought. And more importantly, Simon hadn’t drunk a single drop of alcohol.
            Simon had been sober for twenty years, leaving behind a problematic period of his life, and even though he occasionally had a little drink, he managed to stay away from the bottle. Looking back, he could hardly remember any of the significant events that happened to him between his 15 and 20 years old, but he knew for sure that in those five years he had consumed three times as much alcohol as an average person would consume in the same period of time. He rarely arrived sober at home in the night, or woke up without a terrible hangover.
            When he was 19, Simon crashed the ’67 Chevrolet Camaro that he had inherited from his father; he was driving without license, and the percentage of alcohol in his blood was so high that it was impressive he was even conscious when he put himself behind the steering wheel. That experience, in which he nearly died, made him rethink his life.
            By that time, he already knew Veronica, although he couldn’t remember how they first met. “Everybody does crazy things”, she used to tell him, “some more than others”.
            With the help of Veronica, who was 17 at that time, he managed to stop drinking. For several months, he suffered as if he was being tortured for his sins in the last level of Hell, but in the end it was worth it: like the phoenix rises from his own ashes, Simon was born again. He was a new man now: he finished school, entered university and got a stable job. He married Veronica at 24, when he finished his superior studies. At 25, he had the twins, whom he had educated with all his love and effort. In one word, Simon took control of his life again.
            Now he was a good man, with a good life and a good family, who he loved and who loved him too.

            The following days just passed with no great news.
            The twins continued loving each other at night, inside their rooms, although after what happened, Pit decided to limit their sessions to more innocent acts (such as kisses, hugs and caresses), avoiding any kind of sexual contact from him. That would happen again only if Julia wanted; until then, Pit didn’t want to ruin anything by going too fast. Anyway, they still took every chance they had to love each other, either when they were home alone or almost every night, always following very strict rules to avoid being caught.

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Como curiosidad... El coche que Simon estrelló en su juventud, el Chevrolet Camaro de 1967, es uno de mis coches favoritos; en general, los modelos Chevrolet Camaro de primera generación (1967-1969) son simplemente preciosos.

A little trivia... The car that Simon crashes as a teenager, a 1967 Chevrolet Camaro, is one of my favorite cars. Actually, any First Generation Chevrolet Camaro model (between 1967 and 1969) are just beautiful.

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