domingo, 4 de marzo de 2012

"Sister, do you know my name?" (11)

Vale, esta nueva parte no es tan intensa como la anterior (y algunos quizá lo encontréis "algo aburrido"), pero es necesaria para calmar un poco las cosas después de lo ocurrido.
Mientras escribo el siguiente capítulo de la historia, espero que disfrutéis de éste (y si no habéis leído los anteriores, ¡ahora es un buen momento!).

Okay, this one is not as intense as the previous one (and maybe some of you will find it "kinda boring"), but it's necessary to settle down things after what happened before.
While I'm writing the next chapter of the story, I hope you enjoy this one (and if you haven't read the previous ones, now is the time!).

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            Poco antes de la hora de cenar, Samuel llamó a la puerta del cuarto de los gemelos. Había dejado de sangrar por la nariz, aunque seguía dolorido.
            Pit abrió la puerta, y en cuanto vio a Samuel al otro lado hizo un ademán de cerrarla de nuevo inmediatamente. Sin embargo, Samuel le hizo señas para que saliera a hablar con él.
            En cuanto vio quién estaba al otro lado de la puerta, Julia comenzó a agitarse, e instintivamente se cubrió con la sábana, temblando como un cachorrillo asustado. Tina se puso junto a ella e intentó tranquilizarla un poco; la pobre muchacha ya había tenido demasiadas emociones fuertes ese día como para complicarlo aún más.
            Pit salió de la habitación y cerró la puerta tras de sí. Con una mirada fría y los brazos en cruz, se encaró a Samuel. Poco importaba que Samuel fuera mayor y más fuerte que él; Pit tenía la sensación de estar frente a una rata a la que tenía que hacer pagar todo el daño que había hecho.
            -Tienes exactamente un minuto para convencerme de por qué debería dejarte entrar – sentenció Pit.
            -Sólo quiero hablar con ella, ¿vale? A ser posible, a solas.
            -Mal empiezas.
            -Vale, no es necesario que sea a solas, pero al menos quiero disculparme con ella.
            -Lo que le has hecho no puede remediarse con una simple disculpa.
            -Estoy hablando en serio, ¿vale? Lo siento…
            -¿Te parece que yo tengo pinta de estar bromeando?
            Samuel suspiró, viendo que tenía las de perder.
            -Mira, no quiero hacerle daño…
            Pit soltó una única carcajada cargada de amargura.
            -Que no quieres hacerle daño… Demasiado tarde. Ya se lo has hecho – dijo, con una voz amarga y sombría.
            -Mira, no… No espero que me perdonéis. Sólo quiero decirle que lo siento y... Y después me iré.
            Pit parpadeó un par de veces, y guardó unos segundos de silencio.
            -Espera aquí – dijo, entrando de nuevo en la habitación.
            Julia seguía muy asustada, escondida bajo las sábanas, respirando nerviosamente. Tina estaba a su lado, inclinada sobre ella, tratando de calmarla. En cuanto Pit entró, ambas chicas le miraron, y él bajó la cabeza.
            -Sé que te resulta difícil, pero… Dice que quiere disculparse contigo – dijo Pit.
            Julia siguió mirándole a la cara, todavía con el pánico grabado en la cara.
            -Aunque no me guste admitirlo, parece que lo dice de verdad – continuó.
            -Depende de ti, Julia – dijo Tina –. Nosotros vamos a estar aquí, a tu lado, todo el tiempo, ¿vale? Estarás a salvo.
            Haciendo un esfuerzo sobrehumano, Julia consiguió controlarse, y mirando a Pit a los ojos asintió con la cabeza. Los tres sabían que lo que estaba a punto de pasar no iba a ser fácil para nadie, pero era un paso necesario.
            Pit abrió la puerta y asomó la cabeza.
            -Has tenido suerte – espetó Pit –. Más te vale no meter aún más la pata.
            Pit volvió, se sentó en el borde de la cama y cogió a Julia de la mano. Tina se sentó en el suelo, al lado de la cama. En cuanto Samuel entró en la habitación, Julia apretó con fuerza la mano de su hermano y comenzó a agitarse otra vez. Samuel agachó la cabeza, incapaz de mirar a su prima a los ojos; en cambio, los ojos de ella, aún el espejo del puro terror, estaban clavados en él.
            -Para empezar, siento mucho lo que hice – dijo Samuel, con una inusitada sinceridad en la voz –. No hay manera posible de justificarlo y… De verdad que lo siento. No sé qué me pasó en ese momento, no… no sabía lo que hacía…
            -¿Que no sa…? – interrumpió Pit, furioso.
            -Lo que te he hecho es algo horrible – continuó Samuel –. No espero que me perdonéis tan fácilmente; supongo que yo en vuestro lugar tampoco lo haría. Me dejé llevar, no pensaba con claridad… Y ahora me arrepiento.
            -Haberlo pensado antes de intentar forzarla – interrumpió Pit, con crudeza.
            -Pit, tienes todo el derecho del mundo a estar enfadado conmigo, pero por favor, déjame terminar – dijo Samuel en tono cordial.
            -Tiene razón – dijo Tina –. Déjale que al menos se exprese, ya que está aquí.
            Pit se dio cuenta de que estaba siendo injusto con su primo al no dejarle hablar, y a regañadientes hizo un gesto con la mano para que continuara.
            -Maldita sea… ¡Yo no soy así! – dijo Samuel –. Te he hecho muchísimo daño y… Ahora no puedo ni mirarme al espejo de lo mal que me siento por haberte hecho eso. No puedo ni siquiera perdonarme a mí mismo, así que no espero tampoco que me perdones. Lo… Lo único que quiero es que me creas cuando te digo que lo siento. Sólo te pido eso.
            Pit miró a Julia. Se la veía más serena, aunque aún se podían percibir en su rostro algunas pinceladas de miedo. Luego miró de nuevo a Samuel.
            -De acuerdo, voy a creerte – dijo Julia, con una voz rota pero decidida –. Pero no te perdono, al menos por ahora.
            -Gracias – dijo Samuel.
            -Ahora nos queda decidir qué hacemos con esto – dijo Tina –. Está claro que si esto sale a la luz, no sólo tú, sino que todos estamos jodidos.
            -Eso está claro – dijo Pit –, pero no me parece bien que se quede sin castigo.
            -Si le descubren a él, os descubren a vosotros – dijo Tina.
            -¿Y qué vamos a decir? Porque mi nariz sigue rota, y eso llama la atención – dijo Samuel.
            -Te caíste jugando con nosotros al baloncesto – dijo Pit.
            -Suena bien – dijo Tina.
            -Gracias, de verdad – dijo Samuel –. No me lo merezco.
            -Realmente no te lo mereces – dijo Tina, con amargura –. Puedes irte.
            Samuel obedeció y salió de la habitación. Los gemelos se abrazaron.
            -Enhorabuena, has sido muy valiente – dijo Pit.
            -Porque estabas a mi lado – respondió Julia.
            Tina no pudo evitar sentirse conmovida. Se levantó para irse y dejar a los gemelos un poco de intimidad.
            -¿Queréis que os deje solos? – dijo Tina.
            -Quédate si quieres, no nos importa – dijo Julia.
            -Eh, gracias por todo lo que has hecho por nosotros – dijo Pit.
            -Ha sido un placer – respondió Tina.
            En el rato que les quedaba antes de que les llamaran a cenar, los gemelos se abrazaron, se miraron a los ojos y, con su prima como única testigo, finalmente se besaron.

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            Shortly before dinner, Samuel knocked on the door of the twins’ room. He had stopped his nosebleed, but he was still sore.
            Pit opened the door, and as soon as he saw Samuel outside he intended to close it again immediately. But Samuel made him a gesture to get out and talk to him.
            When she saw who was at the door, Julia started freaking out, and instinctively covered herself with the sheet, trembling like a scared puppy. Tina went next to her and tried to calm her down; the poor girl had enough strong emotions for the day to make things worse now.
            Pit got out of the room and shut the door behind him. With a cold stare and his arms crossed, he faced Samuel. It didn’t matter to him that Samuel was older and stronger than him, Pit had the sensation he was facing a rat and he had to make him pay all the damage he had caused.
            “You have exactly a minute to convince me to let you in”, Pit said, remarking every word.
            “I just wanna talk to her, OK? Alone, if possible”.
            “Strike one”.
            “OK, that’s not necessary, but at least I wanna apologize”.
            “What you did to her can’t be undone with just apologizing”.
            “I’m serious, OK? I’m sorry…”
            “Do I look like I’m kidding?”
            Samuel sighed, realizing he had the losing hand.
            “Look, I don’t wanna hurt her…”
            Pit made a single dry, bitter laughing sound.     
            “You don’t wanna hurt her… Too late. You already have”, he said with a bitter, dark voice.
            “Look, I… I’m not expecting you to forgive me. I just wanna say sorry and… And then I’ll go”.
            Pit blinked twice, and remained silent for several seconds.
            “Wait here”, he said, entering the room again.
            Julia was still very frightened, hidden under the sheets, breathing nervously. Tina was sitting beside her, leaning over her, trying to keep her calm. As soon as Pit entered the room, the girls looked at him, and he looked down.
            “I know it’s tough, but… He says he wants to apologize”, Pit said.
            Julia was still looking at his face, with fear reflected on hers.
            “Although I don’t like to admit it, he seems to mean it”, he said.
            “It depends on you, Julia”, Tina said. “We’re gonna be here right with you all the time, okay? You’ll be safe”.
            Making an incredible effort, Julia managed to control herself, and looking at Pit straight in the eye she nodded yes. The three of them knew what was going to happen wouldn’t be easy for anyone, but it was a necessary step.
            Pit opened the door and peeked.
            “You’ve been lucky”, Pit said, harshly. “You’d better not screw it up even more”.
            Pit returned, sat on the edge of the bed and held Julia’s hand. When Samuel entered the room, Julia squeezed her brother’s hand strongly, and started shaking again. Samuel looked down, unable to look at his cousin’s eyes. However, her eyes, still a mirror of her fear, were stuck on him.
            “First, I’m really sorry about what I did”, Samuel said, his voice sounded true. “There’s no way to justify it and… I’m really, really sorry. I don’t know what happened to me in that moment, I… I didn’t know what I was doing…”
            “You didn’t…?!” Pit interrupted, furious.
            “What I did was horrible”, Samuel continued. “I don’t expect you to forgive me that easily, I guess if I were you I wouldn’t either. I just let myself go, I couldn’t think straight… Now I’m sorry”.
            “You should’ve thought about that before nearly raping her”, Pit said, harshly cutting him off.
            “Pit, you’re on all your right to be mad at me, but please, let me finish”, Samuel said, in a cordial way.
            “He’s right”, Tina said. “Let him speak his mind at least, now that he’s here”.
            Pit realized he was being unfair by not letting his cousin speak, and reluctantly made a gesture with his hand to let him continue.
            “Dammit, I ain’t like this!” Samuel said. “I’ve hurt you bad and… Now I can’t even stand looking at myself in a mirror because I feel so bad for doing that to you. I can’t even forgive myself, so I don’t expect you to do so. The… The only thing I want is that you believe me when I say I’m sorry. I’m just asking for that”.
            Pit looked at Julia. She seemed serene now, though some traces of fear could still be seen on her face. Then he looked back to Samuel.
            “Okay, I’m going to believe you”, Julia said, with a broken, albeit confident voice. “But I don’t forgive you, for now at least”.
            “Thank you”, Samuel said.
            “Now we have to decide what are we gonna do about this”, Tina said. “It’s obvious, if this comes out, not only you, we’re all fucked”.
            “That’s for sure”, Pit said, “but I don’t think that’s fair, him not having his punishment”.
            “If they know what he did, they’ll figure you out”, Tina said.
            “So what are we gonna say? My nose is still broken and that kinda stands out”, Samuel said.
            “You fell down while playing ball with us” Pit said.
            “Sounds good”, Tina said.
            “Thank you, really”, Samuel said. “I don’t deserve this”.
            “You really don’t”, Tina said, bitterly. “You can go now”.
            Samuel obliged and went out of the room. The twins embraced.
            “Congratulations, you’ve been very brave”, Pit said.
            “Just because you were by my side”, Julia said.
            Tina couldn’t help but being moved inside. She got up to leave the twins with some privacy.
            “You want me to leave you alone?” Tina asked.
            “Stay if you want, we don’t mind”, Julia said.
            “Hey, thanks for everything you’ve done for us”, Pit said.
            “It’s been a pleasure”, Tina replied.
            For the few minutes they had until they were called for dinner, the twins hugged, looked into each other’s eyes and, with their cousin as the only witness, they finally kissed.

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Por cierto... El viernes 9 de marzo será mi cumpleaños (19), así que, a no ser que escriba demasiado o que no escriba nada, os dejaré algo especial para ese día, como un pequeño detalle para mis seguidores :)

By the way, Friday March 9th will be my birthday (19), so, unless I write too much or I don't write anything at all, that day I'll update something special, a little thing for my fans :)
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