sábado, 4 de febrero de 2012

"Sister, do you know my name?" (6) (AVISO // WARNING)

Y llegamos a la tercera parte de lo último que he escrito (ojo: este NO es el final del relato). Esta vez la traducción ha sido un proceso más agil y he podido completarla en tan sólo uno de mis huecos de descanso.
AVISO: En esta parte de la historia hay contenido sexual. Aunque no hay un acto sexual consumado, comprendo que quizá la escena os resulte turbadora a algunos, así que si os sentís incómodos con ella, lo aviso desde aquí: no leáis esta entrada. No es mi intención hacer que nadie se sienta incómodo o molesto.
A aquellos que conocen mejor mi faceta de escritor (y por tanto mis pequeños "experimentos" en el relato erótico), espero que os guste esta nueva actualización.
Y, sin más dilación... Disfrutadlo.

Now, we arrived to the third part of the latest stuff I've written (remember: this is NOT the end of the story). This time the translation has been an easier process, and I've been able to complete it in my spare time.
WARNING: In this part of the story, there is some sexual content. Although it's not a fully consumated sexual act, I understand that this scene might be somewhat disturbing for some of you, so, if you feel uncomfortable with that, I tell you: do not read this entry. It's not my intention to make anybody feel uncomfortable or awkward.
To those who know my writer side better (and therefore my little "experiments" in erotic stories), I think you'll enjoy this new scene.
And now, with no more delay... Enjoy it!

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            Esa noche, después de cenar, Simon se sirvió una copa de whiskey seco y se sentó frente al televisor, mirándolo fijamente sin ver nada. Su mujer le miró con preocupación, y sus hijos notaron inmediatamente que algo no iba bien.
            -Niños, idos a la cama – dijo Veronica –. Papá y yo tenemos que hablar.
            Los gemelos obedecieron; se metieron en sus respectivos cuartos y se cambiaron de ropa. A los cinco minutos, Julia estaba a la puerta del cuarto de Pit.
            -Pasa – dijo Pit.
            Julia cruzó la puerta. Pit estaba en la cama, en pijama y cubierto por las sábanas.
            -¿No crees que deberíamos esperar a que papá y mamá se acuesten? – preguntó Pit –. ¿Qué pasa si a mamá le da por mirar en tu cuarto?
            -Están hablando largo y tendido – dijo Julia –. Además, mamá está demasiado preocupada ahora mismo como para echar un vistazo a mi cuarto según pasa. Y si lo hace, probablemente lo haga a una hora en la que yo ya haya tenido una pesadilla y haya venido a dormir contigo.
            Pit la miró con silencioso pasmo.
            -Para catear en matemáticas, eres muy calculadora…
            -Cierra el pico – dijo ella con una risa.
            Ella se tumbó en la cama, al lado de él.
            -Dios, anoche te eché muchísimo de menos – dijo ella.
            -Y yo a ti.
            Se acercaron lentamente hasta que sus labios se tocaron y llegó el beso que tanto ansiaban. La lengua de Julia comenzó a deslizarse dentro de la boca de Pit y a jugar con la lengua de él.
            En ese momento oyeron ruidos de pasos detrás de la puerta y en dirección hacia ella. Julia saltó inmediatamente fuera de la cama y cogió lo primero que encontró en la mesa de Pit: un bolígrafo. Abrió la puerta, detrás de la cual encontró a sus padres, y saliendo de la habitación dijo bien alto:
            -¡Gracias, Pit! ¡Te lo devuelvo mañana!
            Y cerró la puerta.
            Pit estaba tan confuso por la súbita reacción de su hermana, que tardó unos minutos en darse cuenta de que Julia acababa de salvarle el trasero.

            Julia esperó pacientemente en su cuarto hasta que oyó a su padre roncar, y entonces salió al pasillo y entró en el cuarto de Pit. Esta vez no esperó a su permiso para casi saltar dentro de la cama, abrazarse a él y besarle con ansia.
            Pit en un primer momento se quedó quieto, muy quieto. Luego, Julia notó que se movía de forma extraña, y se separó un poco de su cuerpo para ver qué pasaba. Se quedó petrificada.
            Pit estaba, en ese momento, subiéndose los pantalones.
            -Hay algo llamado “llamar antes de entrar” – dijo Pit, enrojeciéndose de vergüenza.
            -Oh… Vale – titubeó Julia –. Bueno, esto es bastante violento.
            -¿Tú crees? – dijo Pit, con sarcasmo.
            Julia enrojeció súbitamente, dominada por la vergüenza.
            -Lo siento…
            -No pasa nada… Pero por favor, la próxima vez llama.
            Julia se quedó sentada en el borde de la cama unos instantes antes de oír la voz de Pit.
            -Ven aquí, anda.
            Julia se tumbó al lado de su hermano, de cara a él, todavía visiblemente avergonzada. Debía haber llamado a la puerta o al menos haber esperado un poco. ¿Qué le costaba?
            -Venga, olvídate de ello – dijo Pit, antes de darle un “pico” en los labios.
            Julia respondió besándole lentamente, con suavidad. Se movió lentamente hasta estar encima de Pit, y se subió el camisón hasta la cintura para poder sentarse a horcajadas sobre él con mayor comodidad. Pit miró de reojo la ropa interior de su hermana: unas braguitas de color azul cielo con una “J” estampada de color azul marino. Eso renovó sus energías.
            Pit deslizó las manos por los costados de Julia, elevando sin querer su camisón. Julia se dio cuenta y procedió a quitarse el camisón, cosa que no había hecho nunca en su presencia.
            Pit se quedó sin aliento. Delante de él, sobre él, su hermana gemela posaba casi desnuda, con tan sólo unas braguitas puestas. Con los ojos abiertos como platos, contempló en todo su esplendor la belleza natural de Julia, que ahora le sonreía con picardía.
            Las yemas de sus dedos recorrieron lentamente la piel desnuda del torso de ella, explorando el terreno hasta ahora vedado. Julia arqueó la espalda, facilitando a Pit el acceso a su torso, y cerró los ojos, dejándose llevar por la placentera sensación que le producía el tacto de sus manos sobre la piel.
            Los dedos de Pit se deslizaban con cautela por el vientre de su hermana. Sus manos reptaban hacia arriba sobre su piel, y la fricción hacía que Julia empezara a perder el control. Continuó ascendiendo lentamente, acariciando su vientre, hasta llegar finalmente a tocar la leve curvatura de sus pechos. Sintió el suave tacto de sus senos todavía en desarrollo con la punta de los dedos, haciendo que Julia suspirara.
            Con un dedo rozó levemente uno de sus pezones. Julia se estremeció y volvió a suspirar, esta vez más fuerte. Ella tomó la mano izquierda de él y la apretó con decisión contra su pecho. Mientras Pit masajeaba tímidamente el seno de su amante y hermana, ella suspiraba, sin dejar de mirarle a los ojos.
            Pit se incorporó hasta quedar sentado, sin dejar su tarea, y besó a Julia en los labios. Ella respondió con furia, mientras desabrochaba los botones de la parte superior del pijama de su hermano. Él se desembarazó de la prenda rápidamente y retomó su tarea.
            Julia estaba ahora sentada sobre el regazo de Pit, y le abrazaba con las piernas. Los corazones de ambos latían en un descontrolado frenesí. Sus labios, unidos en un apasionado beso, no dejaban de danzar entre sí, y dentro de sus bocas sus lenguas luchaban.
            Pit empleaba su brazo derecho para abrazar a Julia y tirar de ella hacia sí. Las manos de Julia se movían por todo el torso de Pit, mientras que sus piernas, cerradas en derredor de la cintura de él, la mantenían pegada a su cuerpo.
            Ella sentía su excitación apretándose contra su bajo vientre. Entonces ella se separó de él y, con los ojos cargados de lascivia, tiró de las perneras de los pantalones del pijama de Pit, sacándolos rápidamente, exponiendo a la vista su ropa interior y el bulto que se escondía tras la tela.
            Julia volvió a la misma posición, besando los labios de su hermano con ansia. Sólo dos capas de tejido les separaban de la desnudez total. Julia hizo que Pit se tumbara en la cama, y ella quedó agazapada sobre él. Tiró de la sábana, y cubrió con ella sus cuerpos hasta la mitad del torso, sin dejar de besarle. Acto seguido, giraron sus cuerpos, quedando tumbados de costado y frente a frente.
            Julia acarició el pecho blanquecino de Pit con la mano derecha, mirándole fijamente a los ojos. Su mirada estaba cargada de un deseo incontrolado que ardía dentro de ella y del que Pit notaba contagiarse poco a poco. Ella siguió clavándole los ojos mientras su mano descendía lentamente por el vientre de su hermano y acariciaba su excitación por encima de la tela de la ropa interior. Con la otra mano, guió las manos de él hacia sus pechos, y Pit comenzó a acariciarlos de nuevo. Sentía el frenético latido del corazón de ella directamente en la palma de su mano.
            Entonces, copió el movimiento de su hermana, y deslizó la mano derecha por su vientre, descendiendo lentamente. Al sentir los dedos de su hermano sobre la tela, Julia contuvo un gemido. Pit notó una leve humedad en el material de las braguitas cuando puso la mano encima. Julia acariciaba el bulto que se escondía bajo los calzoncillos de Pit. Ambos jadeaban, embriagados por las nuevas sensaciones que experimentaban.
            Pit deslizó muy lentamente su mano sobre el bajo vientre de Julia, y sus dedos se introdujeron suavemente bajo el elástico de sus braguitas. Cuando las yemas de sus dedos llegaron a rozar su sexo, Julia volvió a estremecerse y gimió en un susurro. Pit sentía una cálida humedad en su mano mientras sus dedos acariciaban con cuidado la zona más íntima del cuerpo de su hermana. Ella comenzó a jadear más fuerte, y cerró los ojos, dominada por las sensaciones.
            La mano izquierda de Julia tiró del elástico del bóxer de su hermano y acto seguido la mano derecha se introdujo bajo el material. Los dedos de Julia tocaron casi al instante la erección de Pit, y como por acto reflejo cerró la mano alrededor. Pit sintió un estremecimiento placentero, y su garganta dejó escapar un suspiro involuntario.
            Las manos de los gemelos se movían tímidamente. Pit deslizaba sus dedos sobre el sexo de Julia, mientras ésta masajeaba su virilidad con cautela. Instintivamente, Pit besó a Julia en el cuello, haciendo que ella gimiera de nuevo de puro placer. Ella le devolvió el favor; su lengua rozó el cuello de él, haciéndole estremecerse. Se besaron con fuerza, como si ese fuera el último beso que fueran a darse jamás.
            Sus manos iban moviéndose con menos timidez cada momento. Pit movía el dedo corazón por la hendidura de Julia, haciéndola jadear de placer cada vez más fuerte y rápido. Ella apretó la cara contra el hombro de Pit, para ahogar los jadeos que comenzaban a convertirse en gemidos. Mientras tanto, la mano de Julia masajeaba cada vez más rápido el pene de su hermano, y las sensaciones que esto le provocaba también le hacían gemir en bajo.
            El placer invadía los cuerpos de los gemelos, que iban aumentando en su frenesí. Pit y Julia se besaron con fuerza justo antes de que Julia alcanzara el clímax, y su grito de éxtasis quedó ahogado por los labios de su hermano. Su cuerpo tembló de puro placer mientras una descarga eléctrica se extendía por sus nervios hasta el último centímetro de su piel. Tras el orgasmo, todos los músculos de su cuerpo se relajaron y ella cayó de espaldas sobre la cama, respirando agitadamente por la boca, exhausta.
            Pit miraba a su hermana con una extraña mezcla de lujuria, curiosidad, sorpresa y felicidad. Se dio cuenta de que tanto su mano como las braguitas de Julia estaban completamente empapadas.
            Julia movió su mano bajo los calzoncillos de Pit, y en cuestión de segundos éste también alcanzó su cenit. Una ola de placer, seguida de una relajación total, invadió su cuerpo. Cayó de espaldas al lado de su hermana, jadeando.
            Se miraron a los ojos y, como imanes que se atraen, sus labios se unieron en un beso suave y pausado.
            -Te quiero – dijeron al unísono.

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            That night, after dinner, Simon poured some whiskey in a glass and sat in front of the TV, staring at the screen but watching nothing. His wife gave him a worried look and the kids immediately knew something wasn’t going all right.
            “Kids, you go to bed now”, Veronica said. “Daddy and I have to talk.”
            The twins obliged; they went to their rooms and changed into their night clothes. Five minutes later, Julia was knocking at the door of Pit’s room.
            “Come in”, Pit said.
            Julia opened the door. Pit was on the bed, his pajamas on and his lower body covered by the sheet.
            “Don’t you think we should wait ‘til mom and dad go to bed?” Pit asked. “What if mom wants to check out on you?”

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