sábado, 4 de febrero de 2012

"Sister, do you know my name?" (5)

Incluso viviendo la mitad del día en la Facultad de Matemáticas de la UCM, tengo tiempo para continuar traduciendo lo anteriormente escrito... Llegamos a la segunda entrega de las tres partes en las que dividí mi nuevo material para presentarlo en el blog.
Para estas escenas agradezco la ayuda de ABBY, que me dió la idea básica. Gracias de verdad :)
Espero que las disfrutéis.

Even living half of the day every day inside the Mathematics Faculty of the UCM, I have time to continue working on the translation of what I've written... We are now about to see the second part of three (I've divided the new parts of my story in 3 parts so I could submit it to the blog).
For these scenes I thank ABBY for her help; she gave me the basic idea. Thank you! :)
I hope you enjoy.

-------------------------------------------------------------------------------


            La tía Sara era prima segunda del padre de los gemelos. Éstos ni siquiera la conocían, pero por cómo su padre reaccionó al recibir la llamada era evidente que él si estaba unido a ella.
            Un camión perdió el control de los frenos y chocó directamente contra el coche de Sara, sacándola brutalmente de la calle y segando la vida de la pobre mujer en el acto.
            El teléfono sonó, y Simon lo cogió. En quince segundos, su rostro borró todo rastro de vitalidad y adoptó una expresión preocupada. Se podía percibir un leve temblor en su labio inferior.
            -¿Ha sido…? – las palabras se negaron a salir de su boca, y el temblor se extendió a la mano en la que sostenía el teléfono.
            Su mujer le miró con preocupación y creciente terror hacia la noticia. Los gemelos dejaron de prestar atención a sus deberes y miraron fijamente a su padre.
            Simon dejó caer el teléfono y una lágrima rodó por su cara inmóvil. Veronica se acercó rápidamente a abrazar a su marido, como si tuviera miedo de que fuera a caerse, y lo llevó hasta el sofá, donde finalmente rompió a llorar sobre el hombro de su esposa. Los gemelos se acercaron lentamente, y contemplaron impotentes cómo su padre se derrumbaba entre lágrimas, en el cobijo de los brazos de su amada esposa.
            Instintivamente los niños se cogieron de la mano con fuerza.

            La misma tarde que recibieron la llamada, Simon y Veronica fueron al velatorio, y decidieron que los niños se quedaran en casa. En circunstancias normales, los gemelos hubieran saltado de alegría ante la idea de quedarse solos en casa durante horas, pero éstas no eran circunstancias normales.
            Julia fue al cuarto de Pit. Le encontró tumbado de espaldas en la cama, leyendo un comic.
            -Acércate – dijo Pit, sin despegar la vista de las viñetas.
            Julia se acercó y se sentó en el borde de la cama, de espaldas a Pit, pero no se tumbó a su lado esta vez.
            -Jamás había visto a papá así – dijo Julia.
            -Sí, es extraño… Pero supongo que los hombres fuertes también lloran.
            -Lo más extraño es verle así por alguien a quien ni siquiera conocíamos.
            -Él debía quererla muchísimo, tenlo en cuenta.
            -Pobre mujer.
            -Sí…
            Se hizo el silencio. Un silencio tan denso y pesado que casi podía cortarse con un cuchillo. Julia se tumbó al lado de Pit y apoyó la cabeza sobre su pecho, oyendo su corazón latir. Pit cerró el comic y lo dejó caer al lado de la cama. Después pasó el brazo por la espalda de Julia, abrazándola.
            Estuvieron un buen rato así, inmóviles, ensimismados, mirando al infinito. No se atrevían a mirarse. Seguían con la imagen clavada en la retina: el hombre que les había dado la vida y la educación, derrumbándose desesperado ante la muerte de un ser querido. En cuestión de segundos su vida había dado un giro de ciento ochenta grados, y su estabilidad se había desvanecido de un golpe.
            Los hermanos se miraron a los ojos durante unos interminables segundos.
            -Hoy no, ¿vale? – dijo Julia.
            -Claro, por supuesto – dijo Pit.
            Siguieron en la misma posición, mirando al infinito, durante tanto tiempo que perdieron la cuenta, y, cansados, se quedaron dormidos en esa postura.

            Al día siguiente fue el funeral. La madre había dado opción a los gemelos a quedarse en casa, pero ellos insistieron en ir. Lo mínimo que podían hacer era presentar sus respetos, aunque sólo fuera por su padre.
            Simon se había arreglado pronto y, en busca de un momento de soledad, había bajado al coche y se había sentado en el asiento de copiloto. Los gemelos, arreglados para la ocasión, bajaron al coche y vieron a su padre, sentado en el asiento delantero, sin ánimos para moverse y boqueando una oración de forma casi inaudible. Éste sonrió sin ganas cuando vio a sus hijos acercarse.
            Julia fue la primera en abrazarle.
            -Lo siento muchísimo, papá – dijo.
            Pit también abrazó a su padre, sin esperar a que Julia se separara de él.
            -Gracias, chicos, gracias – dijo Simon, con la voz quebrada.
            -¿Cómo estás? – preguntó Pit, a pesar de saber muy bien la respuesta.
            -Esto bien, chicos… Vuestro papá es fuerte.
            Los niños aceptaron la piadosa mentira de su padre aunque la reconocieron al instante. No estaba bien, estaba a mil kilómetros de estar bien. Y sí, era fuerte, pero aquello era muy superior a sus fuerzas. Sin embargo, lo último que Simon quería era preocupar a sus hijos.
            Veronica contempló la escena, conmovida, y procedió a meterse en el coche cuando los gemelos dejaron de abrazar a su padre y se metieron en los asientos traseros.
            Tras el funeral, el abogado de la familia se acercó a Simon, le dio el pésame y comenzó a hablar con sus padres. “Cosas de mayores”, había dicho Veronica a los niños. Ellos se apartaron de la conversación, no sin antes echar un vistazo al afligido rostro de su padre. Salieron del cementerio y se quedaron cerca de la puerta, abrazados el uno al otro en actitud de consuelo mutuo.
            -Papá saldrá de esta, ya lo verás – dijo Julia –. Es fuerte, tarde o temprano se recuperará.
            Tras algo más de veinte minutos de conversación, Simon salió hablando con el abogado y se detuvo frente al coche. Los hermanos dejaron de abrazarse y miraron cómo el letrado le daba un abrazo a su padre y unas palmaditas en la espalda. Su madre salió segundos después, y les hizo un gesto para que se subieran al coche.
            De vuelta a casa, los gemelos se dieron cuenta de que su padre parecía más calmado y compuesto que antes. Seguía aparentando tristeza, pero al menos no tanta como al salir de casa.
            -Simon, ¿estás bien? – preguntó Veronica.
            -Sí, cariño, ya estoy mejor – respondió Simon.
            Al menos en esta ocasión, decía la verdad.

--------------------------------------------------------------------------------
            Aunt Sara was a second cousin of the twins’ father. The kids didn’t know her, but for their father’s reaction when he received the phone call, it was obvious that they were pretty close.
            A truck lost control of the brakes and crashed straight against Sara’s car, violently getting it off the road and taking the life of the poor woman instantly.
            The phone rang and Simon took it. In fifteen seconds, he wiped all sign of joy out of his face and it turned stone cold. It could be barely perceived a shiver on his lower lip.
            “Was it…?” the words wouldn’t come out of his mouth, and the hand in which he had the phone started shaking too.
            His wife looked at him, worried and gradually more scared about the news. The twins stopped paying attention to their homework and stared at their dad.
            Simon dropped the phone and shed a tear that ran down his stone cold face. Veronica rushed towards her husband and held him like she was afraid that he was going to collapse on the floor. She took him to the couch, where he finally broke into tears on her shoulder. The twins went over very slowly, and helplessly witnessed how their father broke down in tears, held by his loving wife’s arms.
            Instinctively, the kids held hands tightly.

            The same afternoon they received the call, Simon and Veronica went to the wake, and decided to spare the kids from it. In normal circumstances, the twins would have been truly delighted to have the house for themselves for several hours, but these were not normal circumstances at all.
            Julia went to Pit’s room. She found him lying on his bed, reading a comic book.
            “C’mere”, Pit said, without getting his eyes off the pictures.
            Julia went closer and sat on the edge of the bed, with her back turned to Pit, but she didn’t lie down beside him.
            “I’ve never seen dad like that before”, Julia said.
            “Yeah, I know it’s odd… But I guess strong men cry too once in a while.”
            “What’s weird is seeing him like that for somebody we didn’t even know.”
            “He must’ve loved her a lot, think about it.”
            “Poor woman…”
            “Yeah…”
            There was a dead silence after that. It was a silence so dense and heavy you could cut it with a knife. Julia lay beside Pit and rested her head on his chest, hearing his heartbeat. Pit closed the comic book and tossed it beside the bed. He put his arm behind Julia’s back, embracing her.
            They were in that position for a while, lost in their thoughts, staring at nothing. They didn’t dare to look to each other. That image was still stuck in their eyes: the man that gave them their lives and an education, breaking down because of the death of someone he loved. In just a matter of seconds, his whole life gave an unexpected and dramatic turn, and his stability had been shaken.
            The twins looked into each other’s eyes for five everlasting seconds.
            “Not today, OK?” Julia said.
            “Of course”, Pit replied.
            They remained in the same position, just looking to infinity, for so long they lost count of the time, and tired as they were, they fell asleep like that.

            The next day, the funeral took place. The twins’ mother offered them to stay home, but they insisted that they would go. The least they could do was paying some respect to the departed, even though they only did it for their father’s sake.
            Simon had dressed up early, and, looking for a moment of solitude, he got into the car and sat on the front seat. The twins, dressed in black, went down to the car and saw their father sitting there, with no will to move a muscle, mumbling a prayer that could barely be heard. He grinned sadly when he saw his children coming to him.
            Julia hugged him first.
            “I am really sorry, dad”, she said.
            Pit hugged his father too, without waiting for Julia to release.
            “Thank you, kids; thank you”, Simon said with a broken voice.
            “How are you?” Pit asked, although he already knew the answer.
            “I’m fine, kids… Your daddy is a strong guy.”
            The twins accepted their father’s lie although they recognized it instantly. He wasn’t fine, he was a thousand miles away from being fine. And sure enough he was strong, but he wasn’t that strong; this was way over his head. But the least thing he wanted was to worry his children.
            Veronica watched the entire scene. She was moved. Then she got into the car when the twins released her husband and got on the rear seats.
            After the funeral, the family lawyer approached Simon, he said sorry and began talking to him and his wife. “Grown ups talk”, Veronica said to the kids. They walked away from the conversation, not before giving a look to their father’s sorry face. They went out of the cemetery and stopped next to the gates, hugging each other in a mutual support fashion.
            “Dad will get over all this, you’ll see”, Julia said. “He’s a strong man; he’ll recover sooner or later.”
            After over twenty minutes of talking, Simon got out, chatting with the lawyer. The twins broke their embrace and watched as the lawyer gave their father a friendly hug and patted his back. Their mother came out seconds later and made a gesture to them so they got in the car.
            Back home, the twins noticed that their father looked calmer and cooler than before. Of course, he was still sad, but at least not as much as before leaving.
            “Simon, are you all right?” Veronica asked.
            “Yes, honey, I’m better now”, Simon replied.
            At least this time he was telling the truth.

-----------------------------------------------------------------------------------
OK, una parte más para acabar el nuevo capítulo y ántes de empezar otro más... Si os gusta la forma que va tomando la historia, os garantizo que la tercera parte no os dejará indiferente.

OK, one more to finish this new chapter and start a new one... If you like how the story's going, I guarantee you the next chapter's gonna blow your mind.
Licencia de Creative Commons
Sister, do you know my name? by Juan Rivera is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Licencia de Creative Commons
El mundo de Jack // Jack's world by Juan Rivera is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.