martes, 14 de febrero de 2012

"Sister, do you know my name?" (7)

Esta semana ha sido una auténtica locura para mí, con los exámenes y todo, así que no pude escribir. De todos modos, tenía la cabeza llena de ideas, así que mientras encuentre las palabras para expresarlas (y el tiempo necesario para ello, claro), seguiré escribiendo la historia de Pit, Julia y su familia.
Ha sido especialmente difícil encontrar la manera de continuar la historia después de una escena tan intensa como la última que escribí, pero de alguna manera he podido hacerlo. Volvemos de nuevo a prestar atención a los padres de los gemelos (mantener el ritmo narrativo requiere cambiar de vez en cuando), pero os garantizo que habrá más romanticismo en siguientes entregas.

This week has been crazy for me, with all the exams and everything, so I couldn't write any new stuff. Anyways, my head was bursting with ideas, so as long as I find the words to express them (and the time to do so, obviously), I will keep writing the story of Pit, Julia and their family.
It has been especially hard for me to find a way to continue the story after a scene as intense as the last one I wrote, but somehow I managed to do it. We focus again on the twins' parents (keeping the narrative pace demands some changes every once in a while), but I assure you there will be more romance on the next "chapters".

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            A la mañana siguiente, Julia despertó en el cuarto de Pit, en ropa interior y con el brazo de su hermano rodeando su torso, abrazándola desde la espalda. El camisón de ella y el pijama de él estaban en el suelo, arrugados, y el aire de la habitación estaba cargado de un intenso y característico olor a…
            Julia contuvo un grito.
            Pit se despertó, y su mente aún dormida siguió el mismo proceso que la de su hermana. Inmediatamente, ambos se levantaron de la cama, recogieron la ropa del suelo y se la volvieron a poner. Pit abrió la ventana para ventilar la habitación; si sus padres entraban y reconocían el olor, podían estar en graves problemas.
            Julia se dirigió hacia la puerta, pero en ese momento se volvió hacia Pit, se acercó a él y le dio un cálido beso en los labios antes de retomar su camino.
            Fue de nuevo a su cuarto, cogió una muda limpia y se metió corriendo al baño. Se quitó el camisón y se metió en la ducha con las braguitas puestas, que seguían empapadas de la noche anterior. Abrió el grifo y sintió cómo el agua se arrastraba por su piel, limpiándola.
            Julia se quitó las braguitas cuando llevaban ya un buen rato totalmente húmedas. Las escurrió, se aseguró de que no olían mucho y las echó en la cesta de ropa sucia. Entonces, con rapidez, completó la ducha, salió, se secó, se vistió y salió del baño. Pit estaba fuera, esperando a entrar para lavarse las manos.
            Entrecruzaron una mirada cómplice, y reprimieron las ganas de besarse allí mismo.

            Esa misma mañana, Veronica recibió una llamada mientras Simon se encontraba en el trabajo y los niños en el colegio. Era Patricia, la única hermana de Simon.
            -¿Está Simon en casa? – preguntó.
            -No, está trabajando, pero puedo cogerle el recado – contestó Veronica.
            -La familia va a reunirse este fin de semana para hablar del testamento de Sara. Será en la casa de campo. Como Simon estaba tan unido a ella queríamos que estuviera con nosotros.
            -Simon está destrozado ahora mismo, no sé si sería una buena idea.
            -Es un tema muy importante – insistió Patricia.
            Veronica vaciló un instante. Enviar a su marido solo, a discutir sobre cómo repartirse con sus familiares los bienes de su difunta amada prima podría resultar devastador. Sin embargo, si ella le acompañaba, los gemelos tendrían que ir con ellos, y ni ella ni Simon querrían que los niños estuvieran presentes.
            -Vale, se lo diré a Simon, te llamaremos con cualquier cosa – accedió Veronica.
            -De acuerdo. Muchas gracias.
            -De nada, hasta pronto.
            -Adiós.
            Y colgó.

            Veronica le pasó el recado a Simon en cuanto éste llegó del trabajo. Simon confesó que tenía el mismo dilema que su esposa.
            -Si voy yo solo, puede ser muy duro y puede que pierda el control, pero al mismo tiempo no quiero obligaros a todos a venir – dijo.
            -Simon, yo estaré allí si me necesitas, no me importa acompañarte si eso supone que vas a estar bien – dijo Veronica –. Lo último que quiero es que lo pases mal.
            -¿Y los niños? No quiero que vean todo eso… Por mucho que quiera a mis primos y a mi hermana, siendo realistas, pueden comportarse como buitres a veces.
            -Lo entiendo… Pero no queda alternativa. En fin… Verían a sus tíos, a los que no ven muy a menudo. Además, no te preocupes, seguro que encuentran cosas con las que divertirse – dijo, no del todo segura de esta última parte.
            -Seguramente Patricia lleve también a sus hijos, así que no veo por qué no.
            Patricia tenía dos hijos, fruto de dos matrimonios tan fogosos como breves. Samuel, de dieciocho años, y Tina, de catorce. Los gemelos se llevaban bastante bien con ellos, aunque no se veían muy a menudo, y lo pasaban bien juntos. Patricia había estado soltera desde que Tina tenía dos años.
            -No se me ocurrió preguntárselo, ahora que lo mencionas – dijo Veronica.
            -Lo más seguro es que sí – dijo Simon –. Está sola con ellos.
            -Visto de ese modo, es posible que los niños puedan venir.
            -¿Iremos?
            -Claro que sí – dijo Veronica, sonriendo.
            -Muchas gracias, cariño.
            Veronica besó con ternura a su marido.

            Los gemelos reaccionaron ante la noticia con cierta reticencia.
            -Yo tengo un examen de mates el lunes – dijo Julia –. Necesito el fin de semana para estudiar. Además, Pit dijo que iba a ayudarme.
            -Podéis llevaros los libros en el equipaje; no pasaremos más que un par de noches fuera, y volvemos el domingo por la tarde – dijo Simon –. Pit, ¿algún problema por tu parte?
            -Bueno… Alex y los demás pensaban ir al cine este sábado, pero si es necesario les digo que no voy… Aparte de los deberes y ayudar a Julia con su examen, creo que no tengo más planes.
            -Ya sé que no es vuestra idea de un fin de semana ideal, pero no estoy segura de que vayáis a estar bien solos en casa durante tres días – dijo Veronica –. Sobre todo tú, Julia, que por las noches lo pasas mal con tus terrores nocturnos.
            -Vale… – dijo Julia, resignada.
            Los hermanos deseaban con todas sus fuerzas quedarse solos en casa ese fin de semana, pero si sus padres insistían en hacerles ir, no había más remedio. En realidad, los gemelos eran lo suficientemente maduros como para arreglárselas solos en casa durante semanas si fuera necesario, pero sus padres, por alguna razón, se resistían a creerlo.
            De modo que, durante toda esa semana, los gemelos aprovecharon cada noche para entregarse al amor, con sábanas qué bueno, sin sábanas da igual.

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            Next morning, Julia woke up in Pit’s bedroom, with just her underwear on, her brother’s arm around her torso, him hugging her from behind. Her nightdress and his pajamas were on the floor, and the air inside the room was filled with an intense and peculiar smell of…
            Julia gasped.
            Pit woke up, and his sleepy mind went through the same process as his sister’s. Immediately, they got out of the bed, picked their clothes from the floor and put them back on. Pit opened the window in order to refresh the air in the room; if their parents walked in and noticed the smell, they could be in serious problems.
            Julia went towards the door, but in that moment she turned to Pit, she moved closer to him and kissed him warmly on the lips, before going out of the room.
            She went to her room, took clean underwear and ran into the bathroom. She took off her nightdress and stepped into the shower with her panties on, since they were still soaked from the night before. She turned on the water, and felt how it flowed on her skin, washing it.
            Julia took off her panties once they were completely wet. Then she squeezed them dry, made sure they didn’t smell much and tossed them into the laundry basket. She rapidly cleaned herself, went out of the shower, dried, dressed up and went out of the bathroom. Pit was at the door, waiting to come in and wash his hands.
            They looked into each other’s eyes, and fought their desire to kiss right there.

            That very morning, Veronica received a call while Simon was out working and the kids were at school. It was Patricia, Simon’s only sister.
            “Is Simon home?” she asked.
            “No, he’s working, but I can take your message and tell him”, Veronica said.
            “Our family’s going to meet this weekend to discuss Sara’s will. It’s gonna be in the cabin at the woods. Since Simon was so close to her, we wanted him to come, too”.
            “Simon’s feeling pretty bad right now; I don’t think that’s a good idea”.
            “Please, it’s something really important”, Patricia insisted.
            Veronica hesitated for a moment. Sending her husband on his own to discuss dealing his beloved dead cousin’s belongings with his relatives could be truly devastating for him. However, if she went with him, the twins would also have to go, and neither she nor Simon wanted the kids to witness such a thing.
            “OK, I’ll tell Simon; we’ll call you with any news”, Veronica said.
            “Alright, thank you”.
            “You’re welcome. Bye”.
            “Bye”.
            Then she hanged up.

            Veronica gave the message to Simon as soon as he was back from work. Simon confessed he had the same doubts his wife had.
            “If I go alone, it could be tough and I might lose control; but at the same time, I don’t want to force you to come with me”, he said.
            “Simon, I’ll be there for you if you need me. I don’t mind going with you if that means you’re gonna be fine”, Veronica said. “The last thing I want is you having a hard time”.
            “What about the kids? I don’t want them to see it… As much as I love my sister and cousins, they can be like hungry vultures sometimes”.
            “I understand… But we have no other choice. Well, at least they’d see their family that way; they don’t get to see them very often. Besides, don’t worry, I’m sure they’ll find something to have fun with”, she said, not quite sure of this last part.
            “I’m sure Patricia will bring the kids too, so I don’t see a problem with that”.
            Patricia had two children, each from a different marriage – she married twice, each marriage as passionate as it was short-lived. Their names were Samuel and Tina, eighteen and fourteen years old respectively. The twins got along well with them, even though they didn’t see them very often, and they had good times when they were together. Patricia had been single since Tina was two.
            “I didn’t think of that, I didn’t ask her”, Veronica said.
            “She surely will”, Simon said. “She’s on her own with those two”.
            “I guess the kids can come with us, that way”.
            “Shall we go?”
            “Of course”, Veronica said, smiling.
            “Thank you, honey”.
            Veronica kissed her husband sweetly.

            The twins reacted to the news, reluctantly.
            “I have a Math exam on Monday”, Julia said. “I need the weekend to study. Besides, Pit said he was gonna help me”.
            “You can take your books with you; we’ll just spend two nights out, we’ll be back on Sunday afternoon”, Simon said. “Pit, you got any problem?”
            “Well, Alex and the other guys were planning to go to a movie on Saturday, but if necessary I can tell them I’m not going… Aside from homework and helping Julia out with her exam, I don’t think I have any more plans”.
            “I know it’s not your perfect weekend idea, kids, but I’m not quite sure that you’re gonna be fine home alone for three days”, Veronica said. “Especially you, Julia, since you have a hard time with your night terrors”.
            “Fine…” Julia said, with resignation.
            The twins actually wanted badly to be home alone that weekend, but if their parents insisted that they had to go, they had no choice. The kids were actually mature enough to survive home alone for whole weeks if necessary, but their parents wouldn’t believe in, for some reason.
            So, every single night of that week, the twins gave themselves away to love, with or without blankets.

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