martes, 21 de febrero de 2012

"Sister, do you know my name?" (8) (AVISO // WARNING)

Tras una semana de "sequía", finalmente he terminado la traducción de lo que hasta ahora llevo de "Sister". Todavía faltan muchas cosas que contar en este relato, así que ¡paciencia! Todo se andará.
AVISO: Esta nueva parte de la historia contiene una escena de carácter sexual y medianamente explícito. Si os sentís ofendidos o incómodos por el contenido erótico del relato, os pido que no leáis esta entrada en su totalidad. No es mi intención ofender ni incomodar a nadie.
A los que no os sentís ofendidos por mis escenas eróticas, ¡disfrutadlo!

After a whole week of nothing new, I've finally finished the translation of the new part of "Sister". There are still a lot of things to tell in this story, so be patient! You'll read more sooner or later.
WARNING: This new part of the story has somewhat explicit sexual content. If you're offended or you feel uncomfortable with the erotic content of the story, please do not read the whole entry. It's not my intention to offend anyone or make anyone feel uncomfortable.
To those who are not offended with my erotic scenes, enjoy!

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            El monótono sonido del motor del Ford casi ahogaba la tenue música de los Creedence Clearwater Revival, que Simon había puesto a un volumen muy bajo para no despertar a los gemelos, quienes dormitaban en el asiento trasero.
            El viaje a la casa de campo familiar duraba cerca de tres horas desde la ciudad. Estaba en el bosque, apartada del mundanal ruido pero bien comunicada. Tras una serie de reformas, había luz eléctrica, agua corriente y línea telefónica. El sitio servía como punto de reunión de la familia para cualquier evento.
            Simon y su familia llegaban pronto, pero no eran los primeros. Patricia también estaba allí, con sus hijos Samuel y Tina, así como uno de los primos de Simon. Faltaban aún cuatro personas por llegar.
            Los gemelos bajaron del coche y fueron a saludar a sus tíos y primos. Luego ayudaron a sus padres con los ligeros equipajes, y fueron a la habitación que tenían, un cuarto pequeño con una litera.
            Huelga decir que sólo pensaban usar una de las dos camas.

            Durante la cena, las conversaciones de los adultos y los niños transcurrían paralelamente; mientras unos hablaban de política y deportes, los otros hablaban de música, películas y estudios.
            Pit se dio cuenta de que su primo parecía no quitarle a Julia el ojo de encima, lo que le pareció algo extraño, pero tampoco le dio mayor importancia.
            La cena transcurrió sin incidencias, y pronto los adultos dieron permiso a los jóvenes para levantarse de la mesa e irse, y se dispusieron a hablar largo y tendido sobre el tema que les había llevado allí.
            Tina se metió en la habitación y cogió un ordenador portátil.
            -Vamos a ver una peli, ¿queréis venir? – ofreció Tina.
            -Pon una de miedo – dijo Samuel.
            -No, gracias, estoy muy cansada – dijo Julia –. Además, tengo terrores nocturnos y no me conviene ver películas de miedo.
            -Yo también estoy muy cansado, pero gracias de todos modos – dijo Pit.
            -No hay problema, que descanséis – dijo Samuel.
            -Igualmente – dijeron los gemelos, casi al unísono.
            Pit y Julia se retiraron a su cuarto, donde sus labios se unieron en un cálido beso en cuanto se cerró la puerta. Pit apagó la luz apoyándose de espaldas en el interruptor, y pronto había ropa volando por los aires y aterrizando en el suelo anárquicamente. Para cuando Julia aterrizó de espaldas en la cama inferior de la litera, los dos gemelos estaban en ropa interior.
            Se metieron bajo la sábana y la colcha, y continuaron abrazándose y besándose. La luz de la luna bañaba los cuerpos casi desnudos de los gemelos, que se encontraban entrelazados, piel con piel, en un apasionado beso de amor.
            Las manos de Pit acariciaban sin miedo todo el cuerpo de su hermana, y las manos de ella hacían lo mismo con él. Pit puso los labios en el cuello de Julia, en el punto donde el hombro y el cuello se unen, y besó esa parte. Julia suspiró. Pit lamió ese punto, haciendo que Julia se estremeciera. Entonces, ella hizo lo mismo con él: lamió concienzudamente el cuello de Pit, cual vampiresa hambrienta bebiendo la sangre de su víctima. Pit suspiró y se estremeció de placer.
            Pit besó a Julia en la boca, y acto seguido descendió un poco. Con la punta de la lengua, rozó uno de los pezones de Julia. Ella gimió en cuanto sintió el tacto de la lengua de su hermano, cálida y húmeda, sobre la cima de su seno. Pit cerró los labios alrededor del sensible punto, y lo lamía y succionaba ligeramente mientras masajeaba con una mano el otro pecho con suavidad. Julia comenzó a jadear, y abrazó con fuerza a su hermano, manteniéndole en el sitio.
            Mientras Pit lamía y masajeaba los pechos de su hermana, ella acariciaba, por encima de la ropa interior, el durísimo bulto de él y su propio sexo al mismo tiempo. Sin dejar su tarea, Pit apartó con suavidad la mano de Julia de sus braguitas, y la reemplazó con su única mano libre.
            Julia se sentía en el paraíso. Pit separó la boca de su seno y volvió a besar a Julia en los labios. Ella respondió con fuerza, con deseo desenfrenado. Se movía por impulsos, cual animal salvaje, obedeciendo únicamente los dictados de su instinto más básico.
            Separaron los labios, y Julia miró a Pit fijamente a los ojos mientras colocaba las manos en sus caderas. Sin dejar de clavarle su fogosa mirada, deslizó muy lentamente los dedos bajo el elástico del bóxer de su hermano, y fue tirando de él hacia abajo, hasta que la goma quedó por debajo de sus nalgas y su sexo erecto quedó completamente libre.
            Pit vaciló unos instantes antes de copiar su movimiento. Deslizó los dedos bajo el elástico de las braguitas de Julia, y tiró de ellas hasta que quedaron medio palmo por encima de sus rodillas. Ambos se liberaron de su ropa interior, que dejaron entre las sábanas, aprovechando para contemplar, por vez primera y a la luz de la luna, sus más íntimos recodos.
            Desnudos, frente a frente, sin tapujos.
            Pit actuó primero. Las yemas de sus dedos se deslizaron lentamente por la parte interior de la pierna derecha de Julia, ascendiendo muy despacio pero sin detenerse. Ella, a su vez, deslizaba su mano hacia abajo por el torso desnudo de su hermano con igual calma. Unieron los labios en un beso momentos antes de que las manos de ambos llegaran a su destino.
            Ambos sintieron sus respiraciones acelerarse cuando las manos entraron en contacto con sus recodos secretos, y una vez que sus dedos comenzaron a jugar en ellos, los gemelos comenzaron a jadear y gemir, con los labios aún unidos.
            El placer que sentían era tan intenso que había invadido sus mentes. Sentían la sangre hervir dentro de sus venas, y sus corazones latían cada vez más deprisa con cada movimiento.
            Pit separó los labios de los de Julia y, sin dejar su tarea, volvió a besar su cuello, para acto seguido ir descendiendo con los labios rozando su torso. Julia retiró su mano para facilitarle la tarea, aunque no tenía ni idea de qué iba a hacer Pit, y se tumbó cuan larga era. La boca del chico rodó por la piel del vientre de Julia, dejando besos cada pocos centímetros. Cuando su boca cruzó el nivel del ombligo de su hermana, la miró a los ojos antes de continuar descendiendo, y no quitó la vista ni un segundo de sus preciosos ojos.
            Pit sintió en la parte baja de su rostro una humedad cálida, acompañada de un aroma excitante e intenso. El chico vaciló un momento antes de abrir la boca y acariciar su sexo con la punta de la lengua. Julia sintió un placer intenso que le hizo estremecerse y gemir. Él volvió a repetir lo mismo, provocando que Julia gimiera otra vez.
            Entonces, instintivamente, Pit colocó las manos en la espalda de Julia, pasando los brazos bajo sus muslos, y enterró la cara entre sus piernas. Julia se cubrió la boca con las manos y consiguió ahogar a tiempo un sonoro e involuntario gemido de placer cuando sintió de nuevo el contacto, esta vez más agresivo, de la lengua de su hermano.
            Aunque ninguno de los dos tenía, ni mucho menos, experiencia, sus instintos estaban determinados a una sola cosa: procurar al otro el placer más intenso posible. Y Pit lo estaba consiguiendo, no sin cierta torpeza, ya que jamás había hecho algo similar antes.
            Julia jamás había sentido algo tan intenso en su vida. Con ambas manos, asió la cabeza de su hermano e hizo que éste volviera a ascender hasta que estuvieron frente a frente, y acto seguido le hizo tumbarse de espaldas de forma que ella quedara encima de él. Entonces, le besó en el cuello, y posteriormente fue bajando con una lentitud extrema por el torso desnudo de Pit, besando su piel cada pocos centímetros y mirándole directamente a los ojos una vez pasado su ombligo, tal y como él hizo.
            Ella agarró su excitación con la mano derecha sin dejar de mirarle a los ojos y pasó la punta de la lengua por el extremo de su mástil. Pit suspiró profundamente, y cerró los ojos, dejándose llevar. Ella repitió varias veces el movimiento, causando que Pit se estremeciera, antes de cerrar los labios alrededor.
            Pit reposó la cabeza en la almohada, cerró los ojos y exhaló un suspiro profundo de placer. Aunque también con cierta torpeza, Julia estaba consiguiendo darle a su hermano un placer más intenso que cualquier otro que hubiera experimentado en su vida.
            Pit hizo que Julia subiera la cabeza y le mirara a la cara. Ella ascendió poco a poco, sin soltarle, y sus labios se unieron. La mano de Pit volvió a colocarse sobre el cálido sexo de su hermana.
            El beso continuado ahogaba los jadeos y gemidos de los dos. Podían sentir la excitada respiración del otro directamente en la piel de sus idénticos rostros. De vez en cuando, entreabrían los ojos y podían mirar directamente en la pupila del otro. La fricción de sus labios, la mirada en sus ojos, se añadían al torrente de sensaciones que fluía entre ellos.
            Habían perdido totalmente la cuenta del tiempo, cuando Julia sintió una bola de fuego creciendo en su vientre, y de repente una explosión en su interior que recorrió cada músculo de su cuerpo cuando finalmente alcanzó un demoledor orgasmo. El grito de clímax quedó una vez más ahogado por los labios de su hermano mientras todos los músculos de su cuerpo se tensaron durante unos eternos segundos antes de relajarse de golpe.
            Ver el clímax de su hermana precipitó el de Pit, que se estremeció cuando todas las energías de su cuerpo se concentraron y explosionaron como fuegos artificiales en su interior. La descarga de energía recorrió todo su cuerpo para desvanecerse justo después y, como castillo de naipes, los gemelos se derrumbaron en el colchón, exhaustos y jadeantes.
            Unieron los labios una vez más; esta vez su beso fue pausado, lento y sensual. Los gemelos saborearon los labios del otro con lentitud y paciencia. Sus cuerpos, ahora sin ninguna barrera que los separara, estaban unidos en un abrazo cálido y apasionado. Sus lenguas bailaban un vals en el espacio unido de sus bocas, mientras sus brazos reptaban sobre el cuerpo del otro, arrastrándose por doquier. Con los ojos cerrados, abstraídos de todo aquello que les rodeaba. Sólo existían ellos, en ese momento, en ese lugar, sin más tiempo ni espacio.
            Sólo su beso, eterno, ubicuo, desnudo.
            Separaron los labios y se miraron a los ojos. Sus miradas, cargadas de un infinito torrente de sentimientos y pasiones, decían todo aquello que ni siquiera las palabras podían describir, todo aquello que habitaba en sus almas y trascendía de sus casi idénticos cuerpos.
            Todo aquello que, sin poder ser definido, y siendo más grande que el infinito, cabía en dos simples palabras:
            -Te quiero.

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            The monotone sound of the Ford’s engine almost suppressed the Creedence Clearwater Revival music that Simon had put on the radio, lowering the volume in order not to wake the twins, who were sleeping in the back seat.
            The trip to the family cabin in the woods was nearly three hours long from the city. Although in the woods, it was still well connected. After a series of remodeling, there was electricity, water and phone line. The place was used as a meeting point for family reunions and similar events.
            Simon and his family arrived early, although they were not the first ones to make it. Patricia was there too, with her children Samuel and Tina, and also one of Simon’s cousins. There were still four people left to arrive.
            The twins got off the car and went to say hello to their relatives. Then they helped their parents with their stuff and went to their own room, a small room with a two story bunk.
            Needless to say, they only planned to use one of the bunk beds.

            During dinner, adults’ and kids’ conversations didn’t cross. While ones were talking politics and sports, the others discussed music, movies and school.
            Pit noticed his cousin Samuel seemed to always keep an eye on Julia, which seemed a bit odd to him, but he didn’t care very much.
            Dinner was over with nothing special, and soon the grown ups gave the kids permission to leave, and started talking, surely for a long time, about the subject of the reunion.
            Tina went to the room she shared with her brother and took a laptop.
            “We’re gonna watch a movie, wanna come?” Tina asked.
            “Put a scary movie”, Samuel told her.
            “No, thanks, I’m really tired”, Julia said. “Besides, I have night terrors and I shouldn’t watch scary movies”.
            “I’m very tired too, but thanks anyways”, Pit said.
            “No problem, sleep well!” Samuel told them.
            “Sleep well”, the twins said almost in unison.
            Pit and Julia moved to their room, where their lips joined in a passionate kiss as soon as the door closed. Pit turned off the light when he leaned back on the switch, and soon clothes were flying all over the place and landing on the floor. When Julia fell backwards on the lower bed of the bunk, the twins were already in just their underwear.
            They got under the blankets and continued hugging and kissing. The moonlight lit their almost naked bodies, embraced, their skin touching, in a passionate love kiss.
            Pit’s hands stroked confidently all of his sister’s body, and her hands did the same to him. Pit pressed his lips against Julia’s neck, just on the point where the neck meets the shoulder, and kissed her there. Julia sighed. Pit licked that point, making Julia shiver. Then she did the same to him: she licked his neck viciously, like a hungry vampire sucking her victim’s blood. Pit sighed and shivered in pleasure.
            Pit kissed Julia on her mouth, and then he went down a little. With the tip of his tongue, he touched one of Julia’s nipples. She moaned as she felt the touch of her brother’s tongue, so warm and wet, on the top of her bosom. Pit closed his lips around that sensitive point, and then he licked and sucked on it, while stroking the other breast softly with one of his hands. Julia started to pant, and put her arms around him, keeping him there.
             While Pit licked and stroked his sister’s breasts, she caressed, over their underwear, his hard bulge and her own sex at the same time. Without leaving his task, Pit gently took Julia’s hand away from her panties, and replaced it with his free hand.
            Julia felt she was in paradise. Pit’s mouth released her bosom, and then he kissed Julia on the lips. She responded fiercely, with uncontrolled desire. She was moving by impulses, like a wild animal, only listening to the commands of her most basic instincts.
            They parted lips, and Julia stared at Pit straight in the eyes while she put her hands on his hips. Without moving her burning stare off of his eyes, she slid very slowly her fingers under the waistband of her brother’s boxers, and pulled them down until the rubber band was below his buttocks and his erection was completely free.
            Pit hesitated for a while before copying her movement. He slid his fingers under the waistband of Julia’s panties, and pulled them down until they were four inches above her knees. They both got rid of their underwear, which they left inside the bed, taking the chance to see, for the very first time and under the moonlight, their most intimate places.
            Naked, face to face, nothing to hide.
            Pit acted first. His fingertips gently slid over the inner part of Julia’s thigh, moving up very, very slowly, but without stopping. At the same time, she slid her hand down  her brother’s bare torso, as calmly as him. Their lips met in a kiss before their hands reached their destination.
            They both felt their breath grow faster and heavier when their hands finally made contact with their secret places, and once their fingers started playing down there the twins started panting and moaning, their lips still together.
            The pleasure they felt was so intense, it took over their minds. They felt their blood was boiling inside their veins, their hearts beating faster with every move.
            Pit parted lips with Julia, without leaving his task, and kissed her neck again; then he went down, his lips always touching her torso. Julia took away her hand in order to make it easier for him, although she had no idea what was he going to do, and laid down, letting him do. The boy’s mouth rolled over the skin of Julia’s belly, planting kisses every few inches. When his mouth crossed his sister’s navel, he looked at her eyes before resuming his way down, and didn’t stop looking into her beautiful eyes at any moment.
            Pit felt a warm wetness on the lower part of his face, and also an intense, arousing smell. The boy hesitated for a moment before opening his mouth and touching her sex with the tip of his tongue. Julia felt an intense pleasure that made her shiver and moan. He repeated the move, making Julia moan again.
            Then, instinctively, Pit placed his hands on Julia’s back, his arms under her thighs, and buried his face between her legs. Julia covered her mouth with her hands, just in time to suppress a loud, involuntary moan of pleasure when she felt again the contact, more aggressive this time, of her brother’s tongue.
            Although neither of them had any experience, their instincts were focused on just one thing: giving each other the most intense pleasure they could. And Pit was really doing that, albeit quite clumsily, since he had never done anything alike before.
            Julia had never felt something so intense before in her life. With both of her hands, she took her brother’s head and made him go up again until they were face to face, and then she made him lie down on his back so she was on top of him. Then, she kissed his neck, and she started moving down Pit’s bare torso, extremely slowly, kissing his bare skin every few inches and looking at him straight in the eye as soon as she passed his navel, just like he did.
            She grabbed his arousal with her right hand, still staring into his eyes, and slid the tip of her tongue over the head of his shaft. Pit sighed deeply and closed his eyes, letting himself enjoy. She repeated the move several times, making Pit shiver, before closing her lips around.
            Pit rested his head on the pillow, shut his eyes closed and exhaled a deep sigh of pleasure. Although somewhat clumsily, Julia was actually giving her brother a pleasure greater than any other he had in his life.
            He made Julia tilt her head up and look at his face. She slowly moved upwards, still grasping him, and their lips met again. Pit put his hand back on his sister’s warm sex.
            Their long kiss suppressed their panting and moaning. They could feel each other’s rough breath right over the skin of their almost identical faces. Every now and then, their eyes opened and they could look into each other’s pupils. The touch of their lips, the look in their eyes, added to the river of sensations flowing between them.
            They had lost all sense of time, when Julia felt a fireball growing inside her stomach, and suddenly an explosion inside her ran through every muscle of her body when she finally reached an overpowering orgasm. Her climax scream was once more suppressed by her brother’s lips, while all her muscles tensed for a few everlasting seconds before suddenly relaxing.
            Viewing his sister’s climax made Pit reach his, and he shivered as all the energy in his body concentrated and exploded like a firework inside him. The power load ran through his body and vanished just afterwards, and just like a house of cards, the twins collapsed on the mattress, panting exhausted.
            They entwined lips once more. This time their kiss was smooth, slow, and sensual. The twins tasted each other’s lips patiently and slowly. Their bodies, now with no barriers in between, were entwined in a warm, passionate embrace. Their tongues were waltzing inside their connected mouths, while their arms slid all over each other’s bodies; their eyes were closed, their minds absent from everything around them. It was only them, right there, right then, with no more time or space.
            Just their kiss, eternal, ubiquitous, bare.
            They parted lips and looked into each other’s eyes. Their stare was an infinite flow of feeling and passions that said all those things that words can’t describe, all those things living inside their souls and transcended their almost identical bodies.
            All those things that, being impossible to define and greater than infinity, still could be expressed with three very simple words:
            “I love you”.
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