martes, 28 de febrero de 2012

"Sister, do you know my name?" (10)

Esta escena nueva es realmente intensa. La escribí ayer, y he hecho una traducción "exprés" hoy mismo, así que por esa parte igual está un poco descuidada... En cualquier caso, que la disfrutéis.
Agradecimientos, como en la entrada anterior, a LUNA, JULIA y ABBY. Gracias, chicas :D

This new scene is really intense. I wrote it yesterday, and today I've done a "super-fast" transtlation, so it's maybe a little messed up. Anyway, enjoy it!
Special thanks, like last time, to LUNA, JULIA and ABBY. Thanks, girls! :D

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            Tras la comida, los adultos se quedaron discutiendo sobre el testamento de Sara. Los niños salieron al porche que había en la parte trasera de la casa. Jugaban con una canasta vieja y una pelota que no botaba bien, pero la mayor parte del tiempo los niños sólo charlaron.
            -Pit, ¿te gustan las pelis de terror? – preguntó Samuel.
            -No las veo a menudo, porque Julia tiene este problema con las pesadillas… Pero me encantan.
            -¿Cuáles son tus preferidas?
            -Las japonesas, sin duda, son las mejores.
            -Tina y yo tenemos una colección de películas de terror de todo tipo.
            -¿En serio? – dijo Pit, sorprendido.
            Tina asintió.
            -Me encantaría verlo – dijo Pit.
            -Esta noche veremos “Llamada perdida” – dijo Tina –. La original japonesa, por supuesto.
            -Me encantaría… Pero Julia no puede verla.
            -Pit, si tú quieres ir, por mí no te quedes – dijo Julia.
            -No, la familia ante todo – dijo Pit –. No quiero ir si eso significa que vas a estar inquieta.
            -¿Quieres ver las pelis que hemos traído? – dijo Tina.
            -Claro, me encantaría – dijo Pit –. Con permiso – añadió, dirigiéndose a Julia y Samuel.
            Pit fue con Tina a la habitación que ella y Samuel compartían. Samuel se quedó solo con Julia. Él estaba de pie, apoyado contra la pared del porche, mientras que ella estaba sentada en los escalones, con las manos apoyadas detrás de su espalda.
            -Dime una cosa – dijo Samuel –. ¿Hace cuánto que folláis?
            Julia casi se atragantó con su propia saliva. No podía dar crédito a lo que acababa de oír.
            -Tu hermano y tú – continuó –. ¿Desde hace cuánto?
            -¿De qué hablas? – dijo Julia, tratando de fingir sorpresa.
            -No me tomes por tonto. ¿Desde cuándo follas con tu hermano?
            -Samuel, esto es…
            -Os vi juntos. Esta mañana. En la cama. En pelotas y dándoos el lote. Venga, responde.
            Julia enmudeció de sorpresa y horror.
            -¿Un año? ¿Quizá dos? ¿O desde siempre? – presionó Samuel.
            -No…
            -¿Meses? ¿Tres, seis?
            -¡Cállate!
            -¡No me mandes callar y responde!
            Julia sintió un nudo crecer en su garganta, y sus palabras se atascaron ahí. Sus ojos, brillantes a causa de las lágrimas que luchaban por salir, parecían no causar mella en su primo. Ya está. Se acabó, les habían pillado.
            Julia seguía sentada y en la misma postura, pero ahora estaba mirando de frente a su primo, que seguía apoyado contra la pared lateral del porche. Parecía disfrutar con su pequeño interrogatorio.
            -¡Dilo!
            -No l… – las palabras se quedaron atascadas en su garganta.
            -¡Dilo de una vez!
            -¡No lo hemos hecho aún!
            Julia se dio cuenta de lo que acababa de decir y se tapó la boca con ambas manos al tiempo que rompía a llorar. Samuel se mantuvo en silencio, mirando impasible cómo su prima lloraba, sabiéndose descubierta.
            -Está bien – dijo Samuel –. Voy a creerte.
            Esto no importaba a Julia en absoluto. Todos sus esfuerzos por mantener en secreto su incestuosa relación habían resultado vanos. Julia lloraba con fuerza.
            -¡Maldita sea, deja ya de lloriquear! – dijo Samuel –. ¡Mírame! – exclamó, al ver que no paraba.
            Julia se quitó las manos de la cara y contuvo como mejor pudo el llanto. Su rostro, empapado por las lágrimas, se recompuso ligeramente, y dirigió sus ojos enrojecidos hacia su primo. Comenzó a sollozar.
            -La buena noticia para ti es que mi silencio está en venta – dijo Samuel –. Si pagas mi precio, que tampoco es muy alto, tus papis no sabrán nada.
            La mirada de Julia se llenó de pánico en cuanto entendió a lo que se refería su primo, que fue casi de inmediato, y usando pies y manos, retrocedió unos centímetros lentamente, sin cambiar de posición, como gateando boca arriba.
            Samuel se desabrochó el cinturón, el botón de los vaqueros y la cremallera. Mientras tanto, Julia siguió gateando, alejándose de él muy lentamente, casi paralizada por el terror, con los ojos fijos en su primo. Éste sacó su enorme aparato fuera de la ropa interior. Julia respiraba temblorosamente a causa de los sollozos.
            -¿Eres virgen? – preguntó Samuel.
            Julia sacó las fuerzas necesarias para asentir con la cabeza.
            -En ese caso seré bueno contigo y sólo te voy a pedir que me chupes la polla, ¿entendido?
            Julia siguió gateando de espaldas, con extrema lentitud. Sus ojos, todavía clavados en su primo, reflejaban un terror absoluto. “Maldita sea”, pensó, “esto no puede estar pasando; es una pesadilla, sólo es una pesadilla… En realidad sigo durmiendo, Pit está aquí a mi lado, en la cama, está conmigo…”
            Se dio cuenta de que lo que estaba viviendo era muy real cuando sintió una mano aferrando su pelo. Samuel se había acercado a ella y estaba agarrándola del pelo para acercar su cara al monstruoso miembro. Ella intentaba girar la cabeza o echarse hacia atrás para alejarse de ello, pero no podía.
            -Abre la boca, maldita sea – dijo Samuel.
            -¡Eh! – cantó una voz a sus espaldas.
            Samuel soltó a Julia y se volvió. Ella aprovechó para correr hacia la puerta del porche, llorando a lágrima viva.
            Pit y Tina habían vuelto.
            Julia se lanzó a los brazos de Pit y rompió a llorar otra vez en su hombro. Mientras tanto, Tina corría en dirección a su hermano, hecha una furia.
            -¡¿Se puede saber qué coño hacías?! – gritó Tina.
            -Yo…
            Tina golpeó la cara de Samuel con todas sus fuerzas, acertándole de lleno con el puño en la nariz. Samuel cayó al suelo de espaldas, sangrando y cubriéndose la cara con las manos.
            -¡Eres un puto cerdo! – le gritó Tina, aprovechando para darle una soberbia patada en los testículos.
            Julia seguía abrazada a Pit, llorando de puro terror. Pit trataba de consolarla, abrazándola y susurrando en su oído. Sus ojos, sin embargo, estaban clavados en Samuel, fulminándole con una mirada llena de ira.
            -Pit, llévala dentro – dijo Tina –. Yo voy enseguida.
            Pit asintió, y llevó a Julia a su cuarto. La hizo tumbarse en la cama y se quedó a su lado hasta que finalmente la pobre muchacha se quedó dormida de puro agotamiento.

            Media hora después, Pit y Tina hablaban en el pasillo, para no despertar a Julia.
            -Para empezar, quiero que sepas lo muchísimo que siento lo que ha intentado hacer mi hermano – dijo Tina –. Te lo digo de corazón.
            -Gracias.
            -¿Cómo está?
            -Agotada. Sigue durmiendo. Le vendrá bien descansar. ¿Samuel cómo está?
            -Dolorido. Tiene la nariz rota y los huevos fuera de sitio. Le he hecho confesar y ha cantado como un pajarito.
            -¿Qué ha dicho?
            -Se enteró de lo vuestro esta mañana.
            La noticia pilló a Pit por sorpresa.
            -¿Qué has dicho? – dijo.
            -Tranquilo, vuestro secreto está a salvo conmigo. Juro por lo más sagrado que no diré nada a nadie.
            -Gracias.
            -Os vio a través de la cerradura.
            Pit reparó, por primera vez en su vida, en que la puerta de la habitación tenía una cerradura antigua. Como cada habitación tenía un cerrojo de pasador, nunca había reparado en las cerraduras antiguas.
            -Dice que intentó chantajear a Julia… Una mamada a cambio de su silencio.
            -¡Será…! – se contuvo por no hablar mal delante de Tina.
            -Desahógate sin miedo, estás en tu derecho. No te cortes.
            -Cerdo cabrón bastardo, hijo de… – se interrumpió al caer en la cuenta de que Tina era hija de… la misma madre que Samuel –. Perdón.
            -En tu situación yo haría lo mismo, no pasa nada.
            -Es… Yo… Mi hermana… – balbuceó Pit, que notaba que las frases se atrancaban el su garganta.
            -Pit…
            Tina vio las lágrimas en el rostro del chico. Lagrimas de pura rabia contenida. Le abrazó de inmediato, apretando la cara de él contra su hombro.
            -Ya está… Suéltalo todo – dijo Tina.
            Pit liberó toda su furia contenida llorando sobre el hombro de su prima. Pasaron un par de minutos antes de que se calmara del todo.
            -¿Mejor?
            Pit asintió.
            -Gracias – dijo, con la voz rota.
            -No hay por qué darlas – dijo Tina.
            -¿Ha dicho algo más?
            -Por el momento no.
            -Voy a echarle un ojo a Julia.
            -Primero deberías lavarte un poco la cara, o va a darse cuenta de que has estado llorando.
            Pit entró en el baño, seguido de Tina, y procedió a lavarse la cara.
            -Por cierto – dijo Tina –. Esta mañana… También lo siento por eso.
            -No tiene importancia.
            -No era mi intención hacértelo pasar mal. Lo único que intentaba era que te relajaras un poco; no sabía que fueras tan pudoroso.
            -En serio, no pasa nada – dijo Pit.
            -Está bien…
            Pit cerró el grifo y se dirigió de vuelta a la habitación.
            -¿Quieres pasar conmigo? – dijo Pit.
            -De acuerdo.
            Julia seguía durmiendo. Pero no plácidamente. Era su propio agotamiento físico y mental lo que la mantenía en los brazos de Morfeo, y sin duda lo ocurrido ese día la marcaría de por vida.
            Pit se sentó en la cama, cogió la mano de Julia con suavidad y la miró a la cara, pensativo.
            -¿Saben tus padres lo que ha pasado, Tina? – susurró Pit.
            Tina negó con la cabeza.
            -Creo que si esto se supiera, lo vuestro no tardaría en salir a la luz – dijo –. Creo que mi deber es decirlo, pero a la vez no quiero que os pillen por ello… No sé, no sé qué hacer.
            Pit se dio cuenta de la encrucijada que suponía. Por un lado, justicia. Por el otro, su amor fogoso, secreto y prohibido.
            -Maldición – dijo Pit.
            -Sí – dijo Tina –. Maldición.

            Julia despertó al cabo de una hora y media. Seguía estando agotada, y parecía en trance, pero estaba lúcida al menos.
            -Pit – susurró.
            -Julia – dijo Pit.
            -Ha sido todo… una pesadilla, ¿verdad?
            Pit agachó la cabeza, como si lo que iba a decir le doliera más a él que a ella.
            -Me temo… Me temo que no, Julia. Por desgracia no ha sido una pesadilla.
            La cara de Julia se descompuso. Pit la abrazó con todas sus fuerzas, intentando consolarla. Pero Julia no tenía lágrimas que derramar.
            -Tina, trae agua, rápido – dijo Pit.
            Tina fue corriendo a buscar agua, mientras Julia sollozaba.
            -Tranquila… Estás a salvo, estás sana y salva… Yo estoy aquí…
            Pit estaba recurriendo a las palabras que utilizaba cada vez que Julia despertaba de una de sus pesadillas. Pero ambos sabían que de esta pesadilla le iba a costar muchísimo despertar.
            Tina volvió con una botella de agua de la cocina, que dejó en el suelo al lado de Pit.
            -Gracias – dijo Pit, agachándose a coger la botella y pasándosela a Julia –. Ten, bebe. Te hará bien.
            Julia bebió de la botella. El agua consiguió calmarla un poco.
            -Gracias – dijo Julia, que parecía algo más lúcida.
            -¿Cómo te encuentras? – preguntó Tina.
            -Un poco mejor… Gracias.
            -Si te sirve de consuelo, he hecho jurar a mi hermano que no dirá nada.
            -¿Y es fiable? – preguntó Pit.
            -Si quiere seguir conservando lo que le define como varón, creo que más le vale cerrar la puta boca. Sabe que soy capaz.
            -Pit, ¿ella también lo sabe? – preguntó Julia.
            -Mis labios están sellados, Julia. Lo juro por Dios.
            -¿Cómo lo has sabido?
            -Samuel os vio en la cama esta mañana, a través de la cerradura – dijo Tina –. Después de lo que ha pasado, le he obligado a que me lo contara todo. No quieras saber cómo.
            -¿Y te contó lo nuestro?
            -Me dijo lo que vio, nada más. También lo que te pidió a cambio de no decir nada… Pero ahora no tienes de qué preocuparte. Ni él ni yo diremos nada a nadie, tienes mi palabra.
            -Gracias – dijo Julia.
            -No hay de qué – dijo Tina –. Es lo mínimo que podía hacer.

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            After lunch, the grown ups discussed Sara’s will. The kids went out to the back porch. They played with a basketball that didn’t bounce well and an old basket, but most of the time the kids just chatted.
            “Pit, do you like horror movies?” Samuel asked.
            “I don’t watch those very often, ‘cause Julia has this problem with her nightmares… I love them, though”.
            “Which are your favorites?”
            “Japanese are the best, no doubt”.
            “Tina and I have this collection of scary movies of all kinds”.
            “Really?” Pit asked, amazed.
            Tina nodded.
            “I’d love to see that”, Pit said.
            “Tonight we’re gonna watch ‘One Missed Call’”, Tina said. “The original Japanese version, of course”.
            “I would love to go… But Julia can’t watch it”.
            “Pit, if you wanna go, don’t stay for me”, Julia said.
            “Nope. Family first”, Pit said. “I don’t wanna go if that means you’re gonna have a hard time”.
            “Anyway, you wanna see the movies we brought?” Tina asked.
            “Sure, I’d love to”, Pit said. “Excuse me”, he said, turning to Julia and Samuel.
            Pit went with Tina to the room she and Samuel shared. Samuel was alone with Julia. He was standing, leaning against the wall of the porch, and she was just sitting on the stairs, her hands resting just behind her back.
            “Tell me one thing…” Samuel said. “How long have you two been fucking?”
            Julia almost choked in her own spit. She couldn’t believe what she just heard.
            “Your brother and you”, he continued. “For how long?”
            “What are you talking about?” Julia said, trying to fake puzzlement.
            “Don’t play me for a fool. Since when have you been fucking your brother?”
            “Samuel, this is…”
            “I saw you both, together, this morning, in bed, totally naked and making out. So c’mon, answer”.
            Julia froze in puzzlement and shock.
            “A year? Maybe two? Or you’ve been doing it forever?” Samuel insisted.
            “No…”
            “Months? Three, six?”
            “Shut up!”
            “Don’t tell me to shut up and answer!”
            Julia felt her anxiety growing in her throat, and her words getting stuck there. Her eyes, sparkling because of the tears that struggled to get out, seemed to have no influence at all in her cousin. That’s it, they had been caught.
            Julia was still sitting in the same position, although now she was facing her cousin, who was still leaning against the wall. He seemed to be enjoying his little interrogation.
            “Say it!”
            “We d…” words wouldn’t come out of her mouth.
            “Say it, goddammit!”
            “We haven’t made it yet!”
            Julia realized what she just said, and covered her mouth with both her hands while she finally burst into tears. Samuel was silent, watching quietly as his cousin wept, knowing she had been busted.
            “Okay”, Samuel said. “I’m gonna believe you”.
            Julia didn’t mind whether he believed her or not. All her efforts to keep her incestuous relationship in secret were futile.
            “Goddammit, stop crying!” Samuel said. “Look at me!” he yelled, when he saw she didn’t stop weeping.
            Julia removed her hands away from her face and tried her best to contain her crying. Her face, soaked with tears, slightly went back to normal, and her eyes, red because of the tears, were focused on her cousin. She started sobbing.
            “Good news is, my silence is for sale”, Samuel explained. “If you pay my price, which isn’t that high, your mommy and daddy will never know a thing”.
            Julia’s gaze filled with panic when she suddenly understood what her cousin meant, and using both hands and feet, she backed up a few inches, slowly, without changing her position, like she was crawling face up.
            Samuel undid his belt and the jeans button, and unzipped the fly. Meanwhile, Julia kept crawling, backing up very slowly, almost paralyzed with horror, with her eyes still staring at her cousin. He pulled his huge member out of his pants. Julia’s breath was shaky because of her sobbing.
            “Are you a virgin?” Samuel asked.
            Julia managed to nod yes.
            “Then I’m gonna be good with you and I’m just gonna ask you to suck my cock, am I clear?”
            Julia kept backing up with extreme slowness. Her eyes, still focused on her cousin, reflected an absolute horror. “Damn it”, she thought, “this isn’t happening, it’s a nightmare, just a nightmare… I’m sleeping, Pit is here beside me, he’s with me…”
            She realized the situation was very real when she felt a hand grabbing her hair. Samuel had moved towards her and now he was grabbing her hair and pulling her face closer to his massive manhood. She tried to move her head or pull backwards, but she couldn’t.
            “Open your mouth, goddammit”, Samuel said.
            “Hey!” a voice cried behind him.
            Samuel released Julia’s hair, and turned around. She took this chance to get up and run towards the door, crying her heart out.
            Pit and Tina were back.
            Julia threw herself into Pit’s arms, and started weeping again on his shoulder. Meanwhile, Tina was running towards her brother, furious.
            “What the fuck were you doing?!” Tina yelled.
            “I…”
            Tina punched Samuel in the face with all her strength, hitting him right in the nose. Samuel fell backwards, bleeding and covering his face with his hands.
            “You mother-fucking bastard!” Tina yelled at him before kicking his testicles really hard.
            Julia was still hugging Pit, crying of pure fear. Pit was trying to calm her down, embracing her and whispering in her ear. His eyes, however, were staring at Samuel, giving him a burning glare full of anger.
            “Pit, take her inside”, Tina said. “I’ll be right there”.
            Pit nodded and took Julia back to their room. He made her lie down and he sat next to her until the poor girl eventually fell asleep out of pure fatigue.

            Half an hour later, Pit and Tina were talking in the corridor, in order not to wake Julia up.
            “In first place, I want you to know how sorry I am about what my brother tried to do”, Tina said. “I really mean it”.
            “Thank you”.
            “How is she?”
            “Exhausted. She’s still sleeping, that’ll be good for her. How’s Samuel?”
            “Sore. His nose is broken and his balls hurt like hell. I just made him confess and he sung like a jailbird”.
            “What did he say?”
            “He found out about you two this morning”.
            These news caught Pit off guard.
            “What did you just say?” he asked.
            “Relax, man, your secret’s safe with me. I swear I won’t say a thing to anyone”.
            “Thank you”.
            “He saw you through the keyhole”.
            Pit noticed, for the first time on his life, that the door of each room had an old keyhole. Since every room had a bolt on the door, he never noticed those keyholes.
            “He says he tried to blackmail Julia… His silence in exchange of a blowjob”.
            “He’s a…!” he stopped in order not to swear in front of Tina.
            “Let it out, man, you’re on your right to do it. Say it all”.
            “Selfish fucking bastard, son of a…” he stopped suddenly when he realized Tina was also a ‘son of’… the same mother as Samuel. “Sorry”.
            “Hey, in your place I’d do the same, so don’t be sorry”.
            “It’s just… me… my sister…” Pit mumbled, starting to feel that words were stuck in his throat.
            “Pit…”
            Tina saw tears on the boy’s face. Tears of pure contained wrath. She hugged him instantly, pressing his face against her shoulder.
            “It’s okay… Let it all out”, Tina said.
            Pit let out all his repressed fury by weeping on his cousin’s shoulder. A couple of minutes after, he was calm again.
            “Better, now?”
            Pit nodded.
            “Thanks”, he said, his voice broken.
            “Don’t mention it”, Tina said.
            “Did he say something more?”
            “Not for now”.
            “OK, I’m gonna check on Julia”.
            “You should wash your face first, or she’s gonna notice you’ve been crying”.
            Pit went into the bathroom, followed by Tina, and started washing his face.
            “By the way”, Tina said. “About this morning… Sorry about that, too”.
            “It doesn’t matter”.
            “It wasn’t my intention to make you feel embarrassed. I was only trying to make you relax a little. I didn’t know you were so shy about your body”.
            “Really, never mind”.
            “All right”
            Pit closed the faucet and went back to the room.
            “You wanna come in with me?” Pit asked.
            “Okay”.
            Julia was still sleeping. But not peacefully. It was her own physical and mental fatigue what kept her in Morpheus’ arms, and what had happened to her would scar her for life, with no doubt.
            Pit sat on the edge of the bed, took Julia’s hand softly and looked at her face, pensive.
            “Do your parents know what happened, Tina?” Pit whispered.
            Tina shook her head no.
            “I think, if this came out, you two would be out too sooner or later”, she said. “I believe I should tell on him, but at the same time I don’t want you to get caught… I dunno, I just don’t know what to do”.
            Pit realized the dilemma it supposed. On one hand, justice; on the other hand, his fiery, secret, forbidden love.
            “Dammit”, Pit said.
            “Yeah”, Tina said. “Dammit”.

            Julia awoke within an hour and a half. She was still exhausted, and she seemed zoned out, but at least she was lucid.
            “Pit”, she whispered.
            “Julia”, Pit said.
            “It was all… just a bad dream, was it?”
            Pit looked down, like what he was going to say would hurt him more than it would hurt her.
            “I’m afraid… it wasn’t, Julia. Unfortunately it wasn’t just a bad dream”.
            Julia’s face twisted. Pit hugged her with all his strength, trying to comfort her. But Julia didn’t have any more tears to shed.
            “Tina, bring some water, quickly”, Pit said.
            Tina went for water, while Julia sobbed.
            “Relax… You’re safe; you’re safe and sound… I’m here…”
            Pit was using the words he used every time Julia woke up from a nightmare. But they both knew this nightmare was going to be hard to wake from.
            Tina returned with a bottle of water from the kitchen, and she put it on the floor beside Pit.
            “Thank you”, Pit said, taking the bottle from the floor and passing it to Julia. “Here, drink. It’ll do well to you”.
            Julia drank from the bottle. Water seemed to calm her down a little.
            “Thanks”, Julia said, seemingly more lucid.
            “How do you feel?” Tina asked.
            “A little better, thank you”.
            “For the record, I’ve made my brother swear he won’t say a single thing”.
            “And will he oblige?” Pit asked.
            “If he wants to keep what defines him as a male, he’d better shut the fuck up. He knows I’m able to do it”.
            “Pit, does she know too?” Julia asked.
            “My lips are sealed, Julia. I swear to God”.
            “How did you know?”
            “Samuel saw you two in bed this morning through the keyhole”, Tina explained. “After what happened, I’ve forced him to tell me everything. You don’t wanna know how I did that”.
            “And he told you about us?”
            “He just told me what he saw, nothing else. He also told me what he asked for in exchange for his silence. But now you don’t have to worry about that. Neither he nor me will say anything to anyone, you have my word”.
            “Thank you”, Julia said.
            “Don’t mention it”, Tina said. “It’s the least I could do”.
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