domingo, 8 de enero de 2012

"Sister, do you know my name?" (1)

Ahora me encuentro trabajando en un relato titulado "Sister, do you know my name?" (nombrado a partir de un tema de The White Stripes). Es un relato cuyos temas principales son el amor, la adolescencia y el incesto.
Os enseño las dos primeras páginas de este proyecto.

Now I'm working on a story entitled "Sister, do you know my name?" (named after a song by The White Stripes). It's a story that covers a variety of themes, such as love, angst and incest.
I'm showing you today the first two pages of this project.


SISTER, DO YOU KNOW MY NAME? (Español)

I don’t want to break the rules
‘Cause I’ve broken them all before
THE WHITE STRIPES

            En algunas culturas orientales antiguas, los hermanos gemelos de diferente sexo eran obligados a contraer matrimonio, ya que sus padres presuponían que habían mantenido relaciones sexuales dentro del vientre materno. Este tipo de costumbres se han ido perdiendo por efecto de la globalización y del peso de la cultura occidental, que por el contrario no tolera las relaciones entre parientes tan cercanos.

·           ·           ·

            Pit y Julia habían nacido con tan sólo doce minutos de diferencia. Mellizos de distinto sexo, nacidos a las 8:16 y a las 8:28 de la mañana, respectivamente, de un 4 de julio hace ahora quince años. Crecieron bajo el mismo techo, bajo las mismas circunstancias y bajo las mismas normas. Parecido físico aparte, tenían una personalidad y unas aficiones muy similares.
            Sus padres les habían educado de una manera estricta pero no por ello falta de cariño. Habían sido educados como jóvenes inteligentes, libres, respetuosos y razonables, bajo un código ético y moral muy definido. Ambos jóvenes tenían un buen conocimiento de lo que la sociedad esperaba de ellos en cada momento.
            Ambos hermanos eran un calco. Ambos tenían el pelo rubio, muy claro y completamente liso; mientras Pit lucía un horrible corte de pelo “tazón” muy conservador, la melena de Julia caía por su espalda igual de uniforme pero sin restarle un ápice de su belleza natural. La piel de los gemelos era muy clara, aunque sin llegar a ser pálida, sus ojos eran grises con un ligerísimo toque azulado, y su nariz era pequeña y respingona. Vestidos en su uniforme escolar, parecían la viva imagen de la frialdad, aunque su atuendo de diario era mucho más normal: Pit se decantaba por camisetas negras y vaqueros, mientras que Julia prefería combinar los vaqueros con camisetas de colores vistosos. Sí, eran unos niños normales.
            Sin embargo, su conexión era más profunda y fuerte que el mero parecido físico y la educación. La superstición popular dice que los gemelos tienden a sentir las mismas emociones si éstas son suficientemente fuertes, incluso a miles de kilómetros de distancia. Por supuesto, no está demostrado científicamente. Sin embargo, la empatía entre Pit y Julia era increíblemente fuerte.
            Julia había sufrido terrores nocturnos y pesadillas recurrentes desde pequeña. Despertaba de sus pesadillas, cubierta de sudor frío y jadeando, a veces incluso gritaba. En todo caso, despertaba a su hermano, que dormía en la misma habitación. Pit invitaba a la chiquilla a su cama, y ambos dormían abrazados; era la única manera de que las pesadillas de Julia desaparecieran.
            Los padres de los niños nunca se enteraron de este acuerdo, ya que ambos se despertaban pronto, con el primer rayo de sol, y Julia volvía a su cama y se hacía la dormida hasta que, minutos después, venía su madre a despertarlos.
            Los padres habían pensado en separar a los hermanos en distintas habitaciones cuando éstos cumplieron trece años, ya que pensaban que los dos iban a entrar en una edad en la que necesitarían algo de intimidad e independencia. El día que a Julia le bajó la primera regla decidieron llevarlo a cabo: llevaron la cama de la muchacha a la habitación contigua, satisfechos de que el muro de ladrillo les ayudara a mantener sus potenciales estallidos hormonales fuera del espacio vital del otro.
            Lo que no sabían era que con el muro de ladrillo también dejaban fuera la última esperanza de Julia para que sus miedos no la acosaran por la noche.
            Las pesadillas de Julia no cesaban de aparecer, pero con el tiempo pudo intentar superarlas por sí misma (aunque no sin bastante esfuerzo y sufrimiento). Sin embargo, echaba de menos la tranquilidad que le inspiraba Pit, su abrazo, su respiración que ella sentía en la nuca…

            Julia despertó con un grito cuando un zombi de su sueño se echó sobre ella e intentó devorarla. Sus ojos, enrojecidos por la falta de sueño (había dormido 12 horas en los últimos cinco días), estaban abiertos de par en par y miraban rápidamente alrededor, alerta, en busca de puntos de referencia familiares; medio segundo después se encontró en su habitación. Su camisón estaba otra vez empapado de sudor, y su piel estaba pegajosa y totalmente húmeda. Soltó un par de palabrotas en voz baja: aunque tenía la certeza de haber despertado a toda la casa, tampoco quería que la oyeran decir tacos.
            Un pulso de dolor azotó su cabeza. Miró el reloj de su encimera; las 3:56 de la mañana. Se quitó el camisón y se desnudó por completo, se secó el sudor con una toalla que había escondido bajo la cama, se puso un camisón nuevo y se dejó caer de espaldas sobre la cama, cansada.
            Esa es la palabra: cansada, no sólo física y mentalmente, sino también cansada de no poder dormir por las noches, cansada de los ataques de pánico, cansada de que su propio subconsciente le jugara tan malas pasadas, cansada de tener a su enemigo viviendo en su propia cabeza sin posibilidad de huir de él.
            Sin pensárselo dos veces, golpeó la pared suavemente con los nudillos, esperando respuesta de Pit al otro lado. Segundos más tarde, a través de la pared sonaron tres golpes: Pit estaba despierto.
            Julia salió sigilosamente de su cuarto, de puntillas para no hacer ruido, y se metió al cuarto de Pit, que tenía la puerta entreabierta. El chico estaba somnoliento, pero despierto al fin y al cabo, y miraba a su hermana con ojos entrecerrados.
            -¿Otra vez las pesadillas? – preguntó Pit, susurrando.
            Julia se limitó a asentir con la cabeza.
            -Pero no te han dado problemas hasta ahora, ¿no? – dijo Pit.
            -Muchísimos – respondió Julia – . Pero no desperté a nadie e intenté superarlos yo sola.
            -Veo que no has tenido mucho éxito.
            -Lo siento.
            -No, no pasa nada – dijo Pit, sonriendo – . Ven aquí.
            Julia aceptó la invitación y se tumbó en la cama de Pit, por primera vez en año y medio. Se preguntó cómo había podido pasar tanto tiempo sin recurrir a su hermano otra vez. Mientras tanto, Pit la cubrió con la sábana y la abrazó por la espalda. Julia sintió una ola de tranquilidad invadir su cuerpo, y suspiró. Cerró los ojos, dejándose llevar por la suave calidez que ahora invadía cada centímetro de su piel.
            Inconscientemente, mientras se quedaba dormida, Julia cogió de la mano a Pit y le dio un beso en el dorso.

 
SISTER, DO YOU KNOW MY NAME? (English)

I don’t want to break the rules
‘Cause I’ve broken them all before
THE WHITE STRIPES

            In some ancient Eastern cultures, twin siblings of different gender were forced to marry each other, for their parents supposed that they have had sexual relationship inside their mother’s womb. This kind of customs have been lost due to the effects of globalization and the weight of Western culture, which does not tolerate these relationships between such close relatives.

* * *

            Pit and Julia were born only twelve minutes apart. Twins of different gender, born at 8:16 and 8:28 AM respectively, on a 4th of July, fifteen years ago now. They were raised under the same household, under the same circumstances and under the same rules. Aside from their physical resemblance, they had a very similar personality and traits.
            Their parents had raised them on a strict fashion, but that’s not to say they weren’t loved. They were raised as intelligent, free, respectful, reasonable young people, with a defined ethical and moral code. Both youngsters knew well what the society expected of them at any moment.
            Both siblings were a copy of each other. Both of them had smooth, light blond hair; while Pit had a horrible Justin Bieber-like haircut, Julia’s long hair was like a waterfall over her back, with a uniform haircut that didn’t cover her natural beauty. Both siblings’ skin was a little pale, but not too much. Their eyes were grey with the slightest touch of blue, and their nose was small and slightly pointy. When they wore their school uniforms, they were the pure image of cold blood, although in their normal clothes they looked a lot more normal. Pit loved black T-shirts and jeans, while Julia combined her jeans with colorful tops and shirts. Yeah, they were just normal kids.
            But their connection was deeper and stronger than just their looks and education. In popular superstition, it is said that twin siblings tend to feel the same emotions if these are strong enough, even if they’re thousands of miles apart. Of course, this is not scientifically proved. But anyway, the empathy between Pit and Julia was unbelievably strong.
            Julia had been suffering from night terror and frequent nightmares since she was a little girl. She used to wake up, drenched in sweat and panting, sometimes even screaming. In every case she made her brother wake up too, since the two shared their bedroom. Pit invited the girl to his bed, and both fell asleep, embraced. It was the only way for her to make the nightmares disappear.
            Their parents never learned about this deal, since both siblings woke up early, with the sunrise, and Julia returned to her bed and pretended to be asleep until their mother came to wake them up.
            Their parents thought about the idea of both siblings having separated rooms for their own when they turned 13, since they thought they were going to need some privacy and independence. The day Julia started her period, they did it: they took the girl’s bed into the room next to her brother’s, satisfied that the wall helped to keep their vital spaces apart from potential “hormonal booms” from each other.
            What they didn’t know was the wall also kept Julia apart from her last defense against her fears harassing her in the middle of the night.
            Julia’s nightmares didn’t stop, but she tried to overcome them herself (not without many efforts and suffering). Anyway, she missed the quietness that Pit inspired to her, his embrace, his breath on her neck…

            Julia sprang awake screaming when a zombie jumped on her and tried to devour her in her dream. Her eyes, red due to sleep deprivation (she had slept only 12 hours in the last 5 days), were wide open, looking around rapidly, searching for familiar marks; half a second later she found herself in her room. Her nightdress was completely wet with sweat, and her skin was moist and sticky. She muttered a curse; even though she was well aware that she woke up everyone in the house, she didn’t want to be heard swearing.
            She felt a pulse of pain in her head. She looked at her alarm clock; 3:56 AM. She stripped completely naked, dried all the sweat with a towel she had hidden under her bed, she put on a new nightdress and let herself fall back on the bed, tired.
            That’s the word: tired. Not only physically and mentally, but tired of not being able to sleep at night, tired of her panic attacks, tired of her own subconscious harassing her, tired of having her enemy living inside her own head with no chance of running away from it.
            Without thinking twice, she knocked on the wall, awaiting Pit’s answer from the other side. Seconds later, she heard three knocks on the wall. Pit was awake.
            Julia went out of her room quietly, walking on tiptoe in order to make no sound, and went inside Pit’s bedroom. He had his door slightly open. The kid was sleepy, but awake nevertheless, and looked at his sister with sleepy eyes.
            “Nightmares again?” Pit asked, whispering.
            Julia just nodded.
            “But you haven’t had any trouble until now, did you?” Pit said.
            “Actually very many” Julia answered, “but I didn’t wake anybody up and I tried to deal with it myself”.
            “It didn’t work out very well, I see”.
            “I’m sorry”.
            “Oh, don’t worry” Pit said, smiling. “C’mere”.
            Julia accepted his invitation and lied on Pit’s bed, for the first time in a year and a half. She asked herself how come she hadn’t asked for his help for such a long time. Meanwhile, Pit covered her with his blanket, and hugged her from behind. Julia felt a wave of inner peace take over her body, and sighed happily. She closed her eyes, letting herself enjoy the sweet warmness she felt on every inch of her skin.
            Unconsciously, while she was falling asleep, Julia took Pit’s hand and kissed it.


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